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Ricard. In memoriam, 7 de agosto de 2009.
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Autor Tema: Noviembre 2018  (Leído 5614 veces)
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #15 : Enero 10, 2019, 07:05:54 »


Irene

   
AMISTAD PERDIDA

Lloro lágrimas de barro
por  los amores perdidos,
por una sobria palabra
veo  bilis en mi vida.
Triste amanecer me cubre
con tu silencio tan mudo
¿Dónde perdí mi rosal ?
Todo es  sombra de luna
en  senderos sin olor
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #16 : Enero 10, 2019, 07:33:30 »

Amores como el nuestro

Acumulábamos silencios del adiós,
sepulcros de la calle; su sonrisa
y la soflama de su rostro, otrora
voces de ocasos, eran ecos de la cima.

Los transeúntes, aburridos maniquíes,
departen cotidianas fruslerías,
advierten en las tristes manos juntas
nuestro vicio de ser pareja todavía.

La voluntad no se inflamó de lo soñado,
ardiente tea, lumbre de caricias,
brillante como el sol en su galaxia,
al instintivo impulso de la piel lasciva.

Amores como el nuestro sufren, insalvables,
sobre las piedras de la vil rutina,
sus piñones de áureas futuras
proscritos son del surco fértil de la dicha.

En este prado nunca detendrá el invierno
su viaje a la crudeza, y triste brisa,
en ilusoria plenitud de cumbres,
surca el mañana con anécdotas exiguas.

 Calendo Griego
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #17 : Enero 10, 2019, 07:35:41 »


Ojaldeb

Noche vieja en familia

¿Por qué estaba ella allí?
un fantasma
un muerto
—con esa hiel en las venas—
¿para cuándo los huesos?
o mejor…
no ser ni huesos
ni ceniza
ni polvo
¡nada!
—ni venas—
pero no
¡ahora no!
ahora
una
a una
campanada
a campanada
las uvas...de la suerte…
rodeada de risas
de confeti
de miradas de reojo
de…
¡Extraños!
Y el ladrido de sus venas.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #18 : Enero 10, 2019, 07:41:33 »

Escrito para Adrián.
Un niño de un añito.

¡BUENOS DÍAS, SEÑOR SOL!

Todas las mañanas, desde que nació Adrián,  el señor Sol venía a saludarlo cantando una  bonita canción mientras bailaba entre las nubes:
-¡Buenos días, Adry,  corazóooooooon!
 Y  siempre,  la yaya respondía al Señor Sol porque  el bebe  aún  no sabía hablar:
- Bien, ¿y tú?, ¿cómo estás,señor Sol?
 Y así el sol y la yaya hacían  llegar a los oiditos de Adrián la misma melodía:
-¡Buenos días, señor Sol, ¿cómo está mi corazón?, uuuuuuum, uuuummmmm.

Un día, la yaya y Adrián vieron que la mañana  no se hacía de color blanco y que el señor Sol no venía a saludar. Entonces,  la yaya se asomó a la ventana y vio  que una Nube muy espesa, casi como un chocolate,  se había puesto delante del señor Sol, y por  eso el señor Sol estaba triste  y lloraba.
La yaya no quería ver triste al señor Sol y  corrió a decirle  a la Nube que se fuese un poquito  para otro lado,  pues el señor Sol no podía salir; pero, …  A la Nube no le apetecía porque ese día estaba un poquito traviesa.
La yaya no se quería enfadar y darle con un palo a la Nube pues las nubes son siempre buenas y debíamos convencerla.  No había manera, la Nube estaba demasiado  oscura y cuando el señor Sol intentaba  moverse, ella rápidamente se ponía delante.
 Así que  a la yaya no  le quedó más remedio que ir a charlar con el señor Viento.  Cuando el Viento escuchó que el señor Sol lloraba porque la Nube no lo dejaba salir,  fue cerca de la Nube, y dió un soplo gigante y la Nube negra se fue.
 Entonces  Adrián y la yaya vieron como el  señor  Sol sonreía e iba desplegando sus rayitos y haciendo blanca la mañana.
 Al poco rato fue a dar los buenos días a su amiguito Adrián cantando, como siempre:
- ¡Buenos días!, corazón.
- Buenos días,señor  Sol.

Ahora, los  tres estaban muy felices. Y, colorín colorado este cuento se ha acabado.

Carende
Su yaya Mamen 
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #19 : Enero 10, 2019, 07:47:16 »

Nardy

   
Rumores de la aurora

Rumores de la aurora en mi ventana,
ojos cansados de buscar los sueños,
yo velando en la espera mis empeños,
tu arribar no encontraba mi bocana.
 
Irrumpe nuevo día en mi mañana,
tus toques confundidos y abrileños
rompen aires de otoño que hogareños
se habían asentado en mi desgana.
 
Vuelves, amor, aromas de alelíes
con nuevo sol colgado en tus pestañas,
borrando de mi mente la agonía.
 
Con ardor de tus labios carmesíes
extirpas de mi pecho las cizañas.
Has vuelto primavera, dueña mía.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #20 : Enero 10, 2019, 08:45:15 »


MªAntonia

RACIMO FECUNDO.
 
¡Que te festejen los dioses con liras!
¡Que las arpas se pulsen en tu honor!
¡Derrame la azucena su rubor
a los rezos rojizos de las piras!
 
Cabriolas de unicornios y sus iras
transmiten a  los ángeles tu ardor,
resplandeciente Uno y Trino, Amor.
Ya en sus moradas con Jesús suspiras.
 
Corona de laurel en tu cabeza
pues supiste adorarme hasta el extremo,
sutil, ágil autor de tu proeza.
 
Mi nave condujiste con tu remo,
salmos por tus vigilias y pureza.
¡OH, Racimo Fecundo, nada temo!
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #21 : Enero 10, 2019, 08:48:03 »

A TU ANTOJO
 
 
Te adentras en mis sueños a tu antojo,
llevándome a la cúspide del sol.
Explotan mis sentidos extasiados
y corren como brasas por tu dermis.
 
Delfines en la escuna del deseo
navegan entre olas de satín,
ansiosos, tras un único cardumen
de besos y caricias coruscantes.
 
Trementes, bajo el domo celestial,
fundimos cuerpo y alma en amatoria.
Selene, convertida en nuestra cómplice,
seduce entre sus brazos a Vertumno.


Raúl Valdez
 
09/15/2010
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #22 : Enero 10, 2019, 09:02:46 »

Alpha_Centaury

VIAJE, CON PARADAS, A UN FUGAZ DESENLACE:

PAPÁ. Fue muy linda mi despedida de papá. Él piensa que soy un imbécil, que esa chica no merece la pena, que ninguna mujer merece la pena. Yo sólo sé que estoy enamorado. Sin embargo, siento que mi padre y yo tenemos mucho en común.

HUMILDAD. Sé que soy de origen humilde, que la sociedad piensa que no valgo nada, pero ¡juro que me respetarán!

NAVAJAS. Antes de salir, tomé prestadas dos navajas. A ver si tienen huevos de atracarme.

AMOR. Mil veces amé antes y mil veces amaré después, pero nunca tanto como ahora… ella también me querría, sí, ¡me querría! si no hubiera tantos kilómetros por medio…

DINERO. Este verano gané un dinerillo recogiendo la mierda de otros. Ahora que otros recojan la mía.

MAMÁ. No quiere a papá ni a mí tampoco. Nos abandonó. Es la típica mujer que no vale la pena. Una mujer como Dios manda siempre debe permanecer leal a su esposo y a sus hijos.

AMISTAD. También estoy muy decepcionado de mis amigos. Los amigos deben ser de fiar. Deben estar ahí cuando uno los necesita. Si un amigo no está cuando lo necesito, no es amigo mío. Y tal y como están las cosas, he llegado a la conclusión de que no tengo amigos.

COBARDE. No saber luchar por lo que se quiere es de cobardes. Por eso siempre he luchado y la mayor parte de las veces me he salido con la mía. Y cuando sufro, no permito que nadie vea mi dolor. Y nadie me verá llorar en la estación.

VIAJE. No llevo maletas. Tampoco importa. Sólo un bocadillo y un par de latas de refresco para el camino. Procuraré dormir durante el trayecto en autocar. Luego me meteré en cualquier hostal, no me voy a poner exquisito. El dinero está para cosas más importantes. Sonrío, no vendrán a recibirme. Eso es justamente lo que quiero.

FUTURO. Antes soñaba con un título en informática, una bella mujer a mi lado y la compañía de mis amigos. Se acabó el momento de soñar.


DESENLACE:

Una semana después, consiguió degollar al muchacho con quien la que fuera su chica se había enrollado, aunque se quedó con las ganas de darle un escarmiento a esa zorra que le recomendó que no viniera a pelear por ella;  pero la Guardia Civil fue más rápida. Sus antecentes de consumidor de drogas, pandillero agresivo y maltratador de su propia madre jugaron en su contra.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #23 : Enero 10, 2019, 09:04:15 »

Tres vueltas de llave

De ella apenas conocía su silueta, lo poco que dejaban traspasar los visillos de su ventana. Siempre la imaginé triste, deambulando, sumida en sus pensamientos; tal vez la música que día tras día junto con alguna trasnochada tarde llegaba desde su apartamento, me hacia percibirla así.

Un eterno Sabina cantaba desgarrado.  Creía poder reconocerla en cualquier parte. En numerosas ocasiones había fantaseado con un encuentro casual con ella.  Ya saben, un cruce de miradas, un imprevisto roce en el ascensor. Cuarto C,  A. García, esto era lo único que se leía en su buzón, Amalia, Alicia, Alma, Aurora, Arabela...  yo seguía especulando con su nombre; Alma; para mí sería Alma.

Me acostumbré a llegar pronto a casa, intentando no hacer ruido, todos mis sentidos permanecían alerta a cualquier sonido que procediera de su estancia. Escuchaba cómo Alma abría la cerradura, tres vueltas de llave, y un sigiloso cerrar,  dos pasos y el bolso aterrizaba en el sofá; casi al mismo tiempo Sabina cantaba “ llegas demasiado tarde, princesa”  y  así era: tarde a mi vida.
Alma y yo teníamos un horario  parecido. Si hasta ese momento no habíamos coincidido al salir por las mañanas,  era sobretodo porque yo retrasaba mi salida hasta que ella cerraba su puerta, tres vueltas de llave, y  yo  exhalaba un  suspiro detrás de la  mía, preparado para salir.

Pasaría todo el día esperando llegar a casa. Aguantando la murga de unos y  otros,  los cuchicheos a mi espalda, para ellos yo era el raro, el que no hablaba, no contaba nada sobre su  vida anterior. No  tenía ninguna intención de trabar algún tipo de relación con ellos, aparte de la necesaria para desempeñar el trabajo. Solamente  con el de contabilidad parecía estar más en sintonía. Como un acuerdo tácito, compartíamos mesa durante el almuerzo, él se enfrascaba en su periódico y yo en el mío.  Bastaba con unos buenos días, y media sonrisa.

Abstraído como andaba, no me di cuenta de que el contable realizaba el camino de vuelta a casa unos metros detrás de mí. Tampoco sé qué lo alentó aquel día a alcanzarme, a seguir caminando a mi lado sonriente y dicharachero; durante dos años  sólo  habíamos cruzado los buenos días y poco más. Persistía en su camino a mi lado, yo, enojado, apretaba el paso, y él seguía, bla..bla..bla. Bruscamente, me detuve delante del portal, a la vez que, atónito, veía cómo el contable, sonriente, sacaba un llavero del bolsillo, y dirigiéndose a mí decía;  Cuarto C , ya sabes dónde tienes tu casa.
Erial
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« Respuesta #24 : Enero 11, 2019, 12:35:53 »

Ceremonia secreta

Descubro la mañana,
atrapo los colores
del destino, los tiempos
de luz del horizonte.
Me enamoro del viento
amplio de la alborada.

Sin brújula, mis alas
suspiran ilusiones;
las corteja el lucero.
El corazón absorbe
el idilio, su fuego
en los ojos del alma.

Liliana Valido
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #25 : Enero 11, 2019, 02:39:12 »


Dage
   
La otra noche


   el ocaso plantea una pregunta
   soslayada por todos
   sabiendo
   conocer la respuesta de antemano

   la luz que va filtrándose
   con cada amanecer
   la recibimos con gusto y por eso
   desterramos las sombras
   de los días nublados
   con los focos de fríos automóviles

   no obstante cada noche
   representa un misterio
   telón de mil ocultas aprensiones
   pesadillas y espantos
   pero también de la modorra fértil
   de la calma y los sueños

   y pensamos así en esa otra noche
   la eterna
   cual neblina temprana que a su tiempo
   una futura luz desterrará
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #26 : Enero 11, 2019, 02:52:19 »

Mac de la Torre


El no Poeta

Pertinaz e infame hado
yo resisto tu señuelo,
¡arruina ya  mi desvelo!
Ojos en surco tostado.

Sintiéndome ruin bagazo
confina mi juicio al diestro,
si no conozco maestro,
de sabias letras ni trazo.

Como navío varado
soles conté con recelo,
cogí la pluma del suelo
en tregua con el tarado.

Arrogante, afloja el mazo,
raspa mi rostro siniestro,
tan rico convite vuestro
naciente de un novel lazo.

El guardián sutil y osado
me mostró radiante al cielo,
mira al frente con anhelo,
concluirás  roto y cansado.

Frunció la tinta un abrazo
esclava de lo que muestro,
terminé con mi secuestro;
oda libre en mi regazo.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #27 : Enero 11, 2019, 03:10:48 »

   
De excursión

El mediodía es la hora en la que Dios se asoma a su balcón, y su mirada de calor intenso,  aplasta a los objetos contra el suelo y el aire se hace grisáceo y brillante.

Son los mediodías de agosto; mes de pieles tostadas y jubiléo carnal, del exilio del pudor y de apoteosis sudorientas.
El mes de mis vacaciones.

Me encanta el verano, pero no es un mes para pasear por la meseta, apunto estuve de borrarme de aquel viaje, pero Toledo es una ciudad en  la que no se echa de menos la compañía.

Como mi último romance acabó bruscamente, cerca ya de las vacaciones,  no era cuestión de continuar con los planes previstos,  de modo que me preparaba para pasar el verano en mi ciudad, disfrutando del balcón de mi casa al atardecer, contando el número de usuarios de un cajero automático instalado frente  mi domicilio,  tomando notas, sacando estadísticas por edades, sexo, vestuario, etc.
Pero me parecía tan triste... pasar el verano en el balcón, mientras ella iría a Ibiza, a tostarse en la playa y a saturarse con todo tipo de destilados, a modo de torrija alcohólica.

Yo le parecía aburrido pero exótico,   el exotismo acabó por aburrirla, imagino que su  sistema hormonal,  acabó por empujarla a los brazos de un fibroso divertido.


Mi autoestima no gozaba de buena salud en aquel momento,   esa debió de ser la causa de que me fijara en uno de esos panfletos promocionales de viajes, esos de tamaño cuartilla adheridos a las farolas y las puertas de los comercios y este estaba en la puerta de la panadería que frecuento, 
Siempre pensé que esas excursiones, eran para turistas torpes o para jubilados,  en cualquier caso, fui a fijarme en una oferta para una excursión a Toledo.
Disimuladamente, cuando la panadera me dio la espalda para coger algo del obrador, yo, como un delincuente que aprovecha el despiste, me apresuré a arrancar el número de teléfono de información.

 A los pocos días estaba camino de Toledo, en un autobús y alejándome del balcón.

Gracias al cielo la humanidad descubrió el aire acondicionado,  y viajar  en autobús en agosto es llevadero,  incluso la incorporación al vehículo de la televisión ha mejorado la calidad del viaje, aunque en mi juicio solo por la noche, cuando el autobús se hace más tedioso y cansado, por el día la pantalla del televisor te atrapa en ocasiones con el hilo argumental de alguna película, y olvidas mirar a través de los cristales, perdiéndote el paisaje y los objetos que quizá no vuelvas a ver jamás. El viajar pierde con el televisor una parte maravillosa, que es el trayecto, tan importante  como la llegada. En estos tiempos postmodernos lo que importa es exclusivamente Itaca.



Los pasajeros del autobús no respondían por completo a lo que yo suponía, había una gran diversidad de tipos,  jubilados y  también alguna familia  y estudiantes sin muchos recursos,  alguna pareja de novios...
 Se repartían por zonas con cierta homogeneidad, de modo que el pasillo central era como una avenida que conduce a los distintos barrios de una ciudad, una ciudad móvil que recorre la geografía con expectación.


Rompiendo esa homogeneidad iba una familia, un matrimonio cuarentón con una adolescente, me llamó la atención, porque me imaginé que la muchacha hubiera preferido quedar en la ciudad con sus amigas y fue embarcada en el autobús sin mucho entusiasmo.

Las horas iban pasando,  en la televisión ofrecían una película que ya había visto varias veces, me entretuve mirando los campos a través del cristal,  me sorprendía que fuera posible tanto espacio sin ningún tipo de construcción, acostumbrado a viajar de una ciudad a otra sin dejar de ver a mi alrededor algún tipo de edificio.  Era como navegar en un mar terroso, de calma chicha a veces o con mar de fondo en otras. Pero espacios ondulados y planos,  por lo general vacíos, siempre me fascinó el paisaje manchego.


Yo era uno de los pocos que viajaba solo,  acomodé mi cuerpo orientándolo al cristal,  observaba el paisaje y pensaba en Ibiza,  cada segundo me alejaba más de ella;  ¿me recordaría en la playa?, ¿me compararía en los brazos del fibroso?. Seguro que él no le rascaba la espalda igual de bien que yo,  ni cuidaba de prepararle el café exactamente a su gusto.  Decidí quitármela de la cabeza durmiendo;  cerré los ojos y no tardé en soñar, un sueño extraño de montañas en el mar y me veía a mí mismo como un navegante,  ataviado con un sombrero de copa y una corbata roja de terciopelo;  de pronto, el escenario cambió, estaba sentado en la vagoneta de una montaña rusa, junto a la adolescente del autobús,  sentí el vaivén de la atracción de feria, como un golpe que me hizo tambalearme de un lado a otro.

Al abrir los ojos y  recomponerse mis sentidos, sentí la calidez de su abdomen en mi rostro,  mi ojos orientados hacia sus pechos, apenas cubiertos por un top fucsia enrojecido, ambos en una postura incómoda,  en una quietud obligada, no pudiendo en mi caso apartar mi mirada de sus pechos jóvenes, carnosos y aterciopelados.
Obligadamente acogedora,  extrañamente quieta, no evitaba que mi rostro desconocido descansara sobre su vientre, y aunque me sentía algo violento por ello, no dejaba de ser un placer que agradecía al cielo en aquellos momentos.
Desconozco cuánto tiempo pasó,  pero poco a poco mis ojos fueron cerrándose de nuevo, y solo el tacto me ofrecía la referencia de la belleza, del dulce consuelo epidérmico.

El aire comenzó a llenarse de sonidos, gritos, sirenas; pero a medida que el sonido iba creciendo, mis oídos renunciaban a escucharlos y solo el tacto;  ¿o era el recuerdo ya?; solo él, me mantenía unido a la realidad, a la fe, al amor.
Comprendí que la vagoneta era el autobús,  volcado sobre una plantación de girasoles,  la sorpresa duró poco tiempo,   fui dejando paso a la oscura incógnita con la que todos tenemos una cita.

Altabix
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #28 : Enero 11, 2019, 03:12:35 »

   
Baila con la tierra

Para el e-book de Chamuyeros 2010.

Baila con la tierra.
El compás del aire cubre su interés.
Por viso, la brisa
adorna la ruta con halos sinuosos.
Color puro, ágil.

Corrientes felices. Riachuelos vivaces.
Quejumbre en la boca, penosos plañidos.
Carámbanos dóciles.
Oscilan susurros
en las centenarias rejas del balcón .

Y parte el otoño. Circulan, en paz,
las nieves, los lagos de niebla y de luz.
Engullen la fobia y crepitan ascuas
por el surco horrible del abismo fútil.

El viento la acuna.
Le ciñe, sutil,
el cinto, tan fuerte, su ansia, tan débil.
Gira, trota y rompe en tenaz empuje
el talle del prado
fiel, redondo, inmóvil.


Danza, luz inútil, horno de la mente
de un ser que restringe
la vida, el espíritu.
En un rayo fósil, situó el humus,
volcanes de piedras, torpes sirimiris,
turbas misteriosas.
Paraísos ciegos.


La música extraña,
sigilo inmortal.

Corregido en el foro Metáforas de Diana Gioia.
(c) María Teresa Aláez García. Mayte Aláez. Mtiag.Pernelle.
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« Respuesta #29 : Enero 11, 2019, 03:21:23 »

Candela Martí



ME IRÉ SIN UNA HERIDA


Con los últimos versos de un poema
vestiré lo restante de mi vida.
Poco más de un suspiro en mi partida
y, en el aire, su nombre, dulce emblema.

En las manos inertes sólo un lema:
este amor tan sentido, que me impida
ser cobarde. Me iré sin una herida
ni un dolor, aunque un fuego me requema.

Estarán las cuestiones solventadas   
y los textos hirientes liquidados.
Buscaré, sin temor, mi azul camino
y mis noches de paz, al fin, sagradas.

Y los desnudos versos, enredados,
serán guía en el viaje a mi destino.
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