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Ricard. In memoriam, 7 de agosto de 2009.
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Autor Tema: Enero 2018  (Leído 6381 veces)
0 Usuarios y 1 Visitante están viendo este tema.
María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #15 : Enero 14, 2018, 07:54:04 »

https://www.metaforas.com.es/diana-gioia/en-minusculas/viajes/


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Viajar
Hay quien tiene la maleta abierta y va llenándola poco a poco, yo, como soy de letras, me la hago por escrito días antes de salir de viaje.
Es genial viajar. Me lo enseñó mi madre cuando era muy pequeña, con ella viajaba por Europa, lo de los otros continentes vino después. Sí, he viajado muchísimo y ahora, si no fuera por salir con mi hijo, no se me ocurriría meterme en estos berenjenales. Es que viajar se ha vuelto difícil y mucho más cansado que antes. Sobre todo si no se vive en una ciudad con aeropuerto muy internacional porque previamente hay que coger otro avión o un tren. Cuando te subes al avión de tu destino llevas al coleto un buen montón de horas. El primer taxi, el tren (con su primera cola), el segundo taxi y la segunda cola para las maletas – que puede ser la tercera si tienes que pasar a recoger visado por la oficina del mayorista en el aeropuerto -. Llega la siguiente cola, colísima, para entrar en la zona de embarque, todos rebuscando a ver qué cuerpo del delito se ha quedado olvidado en el fondo del equipaje de mano para echarlo en el depósito dispuesto a tal efecto. Y últimamente un segundo chequeo aleatorio si viajas a Estados Unidos: si tienes la suerte de que te cante la tarjeta de embarque, viene a por ti un policía y se te lleva con tu equipaje de mano para abrirlo todo y registrarte toda todita. Y a esperar hasta la otra cola para subir al avión, donde intentaremos acoplarnos para pasar las ocho o diez horas de vuelo. Ahorro al lector dichas horas, repletas de dolor de piernas, de comida con sabor a plástico y de tedio. Y llegamos. Otra cola para salir del avión, otra para pasar el control y dirigirnos a recoger las maletas, si llegan. Todos mirando el agujero por donde se supone que tienen que salir, ansiosos, preocupados, caray, cuánto tardan. A algunos suertudos les llegan en seguida. Otros esperamos. Y empiezan las cavilaciones, lo que anima es que todavía hay gente esperando: todas no las pueden haber perdido. Pero cuando vamos quedando menos, es cuando llega el miedo, a veces, misterio, quedan solamente varias personas cuyas maletas no llenarían una de las camionetas de reparto. Cuando finalmente se asoman por el agujero, la sensación de placer es indescriptible, qué suerte, no se han perdido. Se cargan en el carrito y se sale al país de vacaciones. Ahora solamente falta encontrar a la persona que lleva el cartel del mayorista, esperar a más turistas del mismo autobús, hacer la cola para subir y mirar por la ventanilla hasta que se llega al hotel de destino. Una vez allí, se hace la última cola del día para registrarse y coger la llave de la habitación, esperar a que suban las maletas e intentar aclararse con los trastos, ya que quienes tienen una larga experiencia de pérdida de maletas, se reparten las cosas con la persona con quien viajan para tener algo que ponerse si se pierde una de las dos. Al final, renuncias a ponerte la crema de las arrugas – a pesar de que tienes una pinta horrible – pasas de lavarte los dientes y, como no encuentras el pijama, y tienes que prepararte la ropa del día siguiente, te dejas caer en la cama después de la ducha como Dios te trajo al mundo. Tienes que dormir, ¿dónde he puesto el diazepan?, porque al día siguiente empiezan las vacaciones.

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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #16 : Enero 20, 2018, 05:37:09 »

   
LA PUNZADA (A María Valente)

Un recelo senil en mis agujas
me resuelve la treta del tormento.
Las pinchas del amor, a sotavento.
Los labios aguamiel, en las burbujas.

Sin admitir consejos de las brujas
ni sensuales caricias en el viento,
¡a muerte!, sin piedad al virulento
dominio gazapón de las adujas.   

Así dejo frustradas las tachuelas
pillastres de mi soma posesivo,
morfina destructora del colapso.

Sólo busco restar a las espuelas
su mordiente rejón desaprensivo.
Sin aceros, sin alma, sin relapso.


augustus
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #17 : Enero 20, 2018, 05:38:15 »

Tablero bicolor


El hambre de caricias
desenfunda el hastío,
consume las albricias
de un sentir sin sustento ni albedrío.

Se abarrota de excusas
el sargal del deseo,
negligente y perdido en las confusas
muecas de la quietud, sin aleteo.

¿Podrías rescatar el frenesí?
Intentas convencerme con razones
de no ser de cordura baladí
ni jugarme las fichas en pasiones.

Inercia de un tablero bicolor.
¿Prefieres la mesura a la embriaguez?
¡Tablas en el amor!
¿No existe el jaque-mate en tu ajedrez?

 Albadiosa
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #18 : Enero 20, 2018, 05:39:04 »

EL LIEGO FLORECIÓ

He de pintar la luz de la mañana,
los besos que germinan en la tarde
y la noche que en mil delirios arde
envuelta en mi nirvana.
Oiré la voz liviana,
la mística del verso, sin alarde,
el grito en mansedumbre del cobarde
y un tañer de campana.

El júbilo vital de la utopía,
su dulce melodía
me llegó,
con palabras exentas de oratoria,
al filo inagotable de la historia.
Y el liego floreció.

María Bote
marzo de 2014
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #19 : Enero 20, 2018, 05:39:58 »

Extraña Tutoría

Nací sacerdotisa, lo aseguro,
ágil fuego en las venas, dúctil piel,
mi brebaje de luna y de laurel,
derribará de un golpe el triste muro.

Con la cólera atada me aventuro,
a ofrecer de mis  labios virgen miel,
con la sangre fundida en el tropel
del deseo tentando a lo más puro.

Nube azul en la cola del cometa
con un manto de polvo universal,
convirtiendo en lirsmo una utopía.

Pintaré de pasión a la veleta,
roca firme en el frágil arenal,
olvidando la vil alegoría.   

Gisela Cueto Lacomba
21 de enero del 2009
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #20 : Enero 20, 2018, 05:40:42 »

Crepúsculo enlutado
 
 
Relato en mis estrofas la promesa
que habita en la antesala del averno;
preludio de un adiós, es fácil presa
insomne en los confines del infierno.
 
¡Que día tan nublado, tan lluvioso!
se duele cual mellizo de la angustia;
la madrugada llora en tempestuoso
diluvio de apariencia gris y mustia.

Se nutre la razón con ilusiones
que pierdo al comprobar la felonía.
La historia, en un coctel de confusiones,
destapa el ataúd de tu ironía.
 
Obtengo al despertar, aquí a mi lado,
un triste amanecer que sabe a muerte,
un brindis al crepúsculo enlutado,
una copa de oporto por mi suerte.
 
Violento con mis lágrimas un río,
tormentas de dolor rompen su cauce.
Grita la soledad cuando de hastío
muere al pie de un augusto y viejo sauce.
´

Blanca Amelia Santos
(Wella)
25/01/2007
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #21 : Enero 20, 2018, 05:41:32 »

ATLÁNTICO SUR
“Las Islas Malvinas son Argentinas”


Ocaso de metales,
soberbio cargamento de rubíes
ruboriza al verdemar.
 
Expone El Supremo
ciclópeo mural fugaz,
del Goya la mano eximia.
 
Avanza posesa la noche
incitando estrellas
a invadir el cenit.
 
Salino sabor
los labios engaña,
enredo de llantos y mar.
 
De corsarios voraces
los grilletes de hielo,
Malvinas, el sol ha de fundir.

mariaValente
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #22 : Enero 20, 2018, 05:42:24 »



Irene

INOCENCIA: FLASH BACK

“ Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla”
Antonio Machado                  





RETORNO

Después de varios lustros inmerso en la marabunta de la vida, regresé. La brisa invernal besaba mi cara al penetrar en la casa. El crujido de mis pasos contrastaba con su silencio. Hueca, tras la muerte de mi madre, aún creía percibir avalanchas de risas y sollozos. Arrugué mi nariz ante el inconfundible olor de aspidistras y aureolas que, todavía, adornaban un pasillo abierto a gélidos dormitorios. Al apoyarme contra las desconchadas paredes, casi me confundí con los olores de la  cocina de otros tiempos. Allí se entremezclaban cuentos, sabores y el chispear  de una hoguera casi dormida. De  golpe, acaricié el mundo del corral, donde violines de antiguas aves amortiguaron mi tristeza. Luego, mi olfato me lanzó hacia lejanas rosas, y en ese momento sentí el corazón de mi infancia perdida .

AÑORANZAS

 No podía concebirlo. Aquello supuso el final de un sueño: el de mi infancia.
  Era muy niña cuando vi cómo el sol de una baranda se deshacía en mi retina, mientras mi boca saboreaba el queso duro del terrazo. Todo era inmenso, hasta la música de los periquitos del patio. Un palacio encantado me acunaba a través de peldaños hacia una estancia sobria. En ella, el crujido de las sillas se mezclaba con el calor del picón junto a unas retahílas de ríos y tablas de multiplicar. Se punteaban letras y números en una sábana negra llamada pizarra. El suplicio comenzaba por la tarde: tela, aguja e hilo enredaban mis dedos. Entonces me acoplaba en la ventana para observar la destartalada casa de enfrente. Allí, fantasmas y monstruos intentaban asaltar el palacio de nuestras ninfas. Un día consiguieron extender su manto putrefacto. El brillo de nuestra mansión fue sustituido por inverosímiles cotilleos que condujeron a nuestras dos hadas a perder la vara mágica de la enseñanza, y a nosotros a embutirnos en el laberinto frío y oscuro de nuestra nueva escuela.


ANGÉLICA

   El acento del arroyo trae murmullos; el de los rostros, el significado de un nombre o su antídoto. Angélica era el único caso donde convivían ambas opciones.
  Sus ojos de amaneceres, unidos a la blancura de su piel y al sol de los rizos de su cabello, la convertían en una visión dulce. Tales atributos se oscurecían al moverse por nuestra isla sin asfalto.
  Era nuestra infancia un soplo de sombras deshilachadas cuando ella, como un regalo del cielo, apareció. Cubrió la tristeza con la magia de los sueños, al paliar los fríos de nuestras vidas.
 Su madre, una viuda aún bonita, perdonaba sus travesuras diciendo: “Vuela, pajarillo, mientras puedas”.
 Al calor de estas palabras deambulábamos sin sobresaltos por nuestro reino. Por la tarde, tras salir del colegio, comenzaba el recorrido. Primero visitábamos el taller de Arácnida, cuya mirada se desvanecía entre nuestras idas y su costura. De allí hurtábamos alfileres y retales para construir un mundo donde poder escucharnos.
    Luego, traspasábamos los gemidos del aire en el refugio del  hada madrina, donde ella nos conseguía con su varita mágica tablas y puntas. Últimamente, sufría un maligno conjuro que la obligaba a zarandearnos con su escoba. El cambio se produjo cuando Angélica grabó en la frente de su nieto una brecha.
   Más tarde nos dirigíamos a la cueva de nuestra esfinge. Allí, a escondidas,  observábamos cómo una hembra dominaba a toda clase de hombres con su libertad.
   El tiempo transcurría entre andanzas y juegos, lejos del triste hábito de las calles.
  Un día, Angélica agudizó sus sentidos hacia la casona, lugar tenebroso y cerrado, razón por la cual siempre pasábamos de largo. Era tarde, una ventana abierta nos ofrecía objetos maravillosos. Angélica, al contemplarlos. murmuró:
   “Las cosas están enojadas, algo malo debe de ocurrir. Los cuentos hablan de princesas cautivas por dragones. Nosotros, valientes soldados, las rescataremos”.
   El sonido de su voz nos descolocó, el olor de aventura nos puso a sus órdenes. Desde entonces, acechábamos cualquier descuido de sus habitantes para introducirnos en el palacete. Un domingo, al dirigirnos a misa, descubrimos una abertura. Olvidamos nuestros deberes y comenzamos a cavilar sobre la forma de penetrar en sus fauces. Angélica cogió a su paje y lo introdujo en un patíbulo de hierros. El cuerpo pasó, la cabeza se quedó enganchada. La niña lloraba, un cancerbero nos lanzó sus gruñidos:
   “Angélica, eres un demonio, de ésta no te libras. Verás cuando se entere tu tío, el capitán falangista. Don José, el cura, lo tiene al tanto de todas tus fechorías. Esta vez te has pasado al ultrajar los aposentos de Doña Ana, santa mujer, cuya morada será el cetro de Dios”.
   Corrimos al escuchar el colérico canto. Al advertir la pérdida de la pequeña Julia, Angélica decidió volver, yo también.
  Al llegar, nos hundimos en el silencio de un portón entreabierto. Entramos, el invierno se introdujo en nuestras entrañas. La madre de Angélica, de rodillas, le lloraba a Doña Ana con una súplica:
 “¡No!, ¡a ella no!, ¡ya me dejasteis sin marido!, ¡no os llevéis también a Angélica!”.
  “Lo sacrificamos por el bien de todos: era rojo. Debes ser valiente como el capitán lo fue al eliminar a su hermano. Angélica lleva sus genes, se perderá, con mi ayuda apagaré las alas de un corazón tan abrasador”.
 Por primera vez vimos el hilo del humo picotear la lluvia.
 Angélica se fue hacia su madre, la levantó con cariño y susurró:
  “Vamos, mamá, ya es hora de volver a casa”.
  Un movimiento de Doña Ana interrumpió la escena. Don José y el capitán aferraron a Angélica y la transportaron al interior. La bruja nos expulsó de la siniestra mansión, y nos dejó a la viuda,  su hija pequeña y a mí aporreando una puerta cerrada. Agotadas, regresamos. Yo seguí con la fuga de nuestro Peter Pan, mas los sustantivos perdían sus arrebatos ante nuevas nubes. Poco a poco dejé de contar estrellas; sin embargo, las praderas reflejaban a nuestra heroína con nuevos vocablos. Éstos se fijaron hasta abrir las brechas de un nuevo futuro.
« Última modificación: Febrero 04, 2018, 08:50:10 por María Teresa Inés Aláez García » En línea

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« Respuesta #23 : Febrero 04, 2018, 08:48:05 »

Sobre la otra acera caminaba

En órbitas absurdas de estrellas apagadas,
como vuelos tardíos del crepúsculo,
la memoria repite
tus ojos agotados de mirarme.

Ni tu amor ni mi amor
pudieron recobrar su aroma
de humus en el bosque de las sábanas,
y resurgir
sobre las olas del recuerdo.

Soltadas piel a piel,
saltaron las cadenas de la carne.

Hoy he visto tus nubes de ternura
—refugio de mi hastío—
llover desde la otra acera,
como un diluvio ajeno a mi sequía.

Y detuve mi angustia —pájaro
de rotas alas—,
mirándote volar en otro cielo.

 Calendo Griego
« Última modificación: Febrero 04, 2018, 08:49:49 por María Teresa Inés Aláez García » En línea

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« Respuesta #24 : Febrero 04, 2018, 08:49:18 »


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Tolvaneras de notas fantasmales
chocan con las paredes del pasillo
llegan al lado mismo de mi cama
 
Es esa joven; viene por las noches,
se sienta en mi salón sin dar la luz
y se pone a tocar un violonchelo
tatuado justo encima de su pelvis
 
Mis miserias se cambian por pelusas
que de repente vuelan por el aire
 
Yo mientras tanto duermo, iluminado.

*****

Noche vieja en familia

¿Por qué estaba ella allí?
un fantasma
un muerto
—con esa hiel en las venas—
¿para cuándo los huesos?
o mejor…
no ser ni huesos
ni ceniza
ni polvo
¡nada!
—ni venas—
pero no
¡ahora no!
ahora
una
a una
campanada
a campanada
las uvas...de la suerte…
rodeada de risas
de confeti
de miradas de reojo
de…
¡Extraños!
Y el ladrido de sus venas.


Ojaldeb
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #25 : Febrero 04, 2018, 08:51:48 »

EL SILENCIO

El frenesí de una aflicción cautiva
busca el callado  Olimpo que redime   
el fuego delirante de la liza,
desatando del alma nudos tristes.

Allí, en la complacencia del silencio,
de fulgor se corona  la armonía,
y engarzándose dúctilmente al viento
pulula en la fragancia de las lilas.

Constriñe contumaz  el escenario,
embeleco de amor, también de sangre.
Aprehende su  embrujo  regresando
al maná vigoroso y dominante.   

¡Quimeras; sombra de luna en las albas!
Encubre los  retazos de deseos.
Retorno  a tus regiones  silenciadas   
a  solazar sometidos anhelos.

Carende
29-09/10
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« Respuesta #26 : Febrero 04, 2018, 08:53:04 »

La esperanza
 
Catorce versos van buscando puente
como volada alegre de paloma,
dulzura en tu sonrisa que los toma
alegre, como beso complaciente.
 
Soneto que una rosa dulcemente
canción de amor dejando va en su aroma
mientras entre tus labios gozo asoma
en trovar de caricia deferente.
 
Mis labios que su sed calmó tu celo
anidan en el mimo cariñoso,
traslúcido, triunfante del reproche.
 
Un amor seduciéndose en tu cielo
y un corazón amando revoltoso
a los catorce versos ponen broche.
 
                                           Nαrdy
26-06-05
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« Respuesta #27 : Febrero 04, 2018, 08:54:21 »

AL ÁNGELUS.
 
Al ángelus te elevas, madre mía,
al misterio te fundes con ardor,
ya tu copa consagras al amor,
virtud que tu universo conseguía.
 
Majestuoso equilibrio fue tu guía
a regiones solemnes, diosa y flor
engarzada en los iris de esplendor
al Santo Celo viertes tu alegría.
 
Persigo tu perfil, mujer amante,
te anuncia con amor la gloria pura
escanciada con luz y sal triunfante.
 
 El Edén se recobra en tu hermosura
tus entrañas gestaron ese instante,
mi orgullo, de tu vientre ser criatura.

Rosas.
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« Respuesta #28 : Febrero 04, 2018, 08:55:32 »

AMARGA INGRATITUD


Entre pontos de vino
boga mi psique
desplegando sus velas
a lo intangible.
 
Furibundos recuerdos,
dagas pugnantes;
tus hirientes mentiras
forjan mis males.
 
Con lágrimas y crúor
plasmo penurias
en la faz de la noche,
burlona, turbia.
 
Carente de ilusión,
hombre sin fe,
procuro en esta copa
borrar mi ayer.
 
Por mi flébil desgracia
propongo un brindis,
con el báquico numen:
tequila o whisky.
 
Las notas del mariachi
suenan dolientes,
propinando a mi espíritu
duros reveses.
 
Beberé en cada sorbo
tu falsedad,
tu amarga ingratitud,
cáliz fatal.


Raúl Valdez

10/05/2008
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« Respuesta #29 : Febrero 04, 2018, 08:57:14 »

Alpha_Centaury

Fuera de Sitio

Querido diario:

Me llamo Perla. Tengo 10 años. Escribo despacio y con letra bonita por si, de mayor, me apetece releer esto.

Soy rara. Todo el mundo me lo dice. No tengo amigos en el barrio. Salvo para ir al colegio, nunca salgo de casa. No tengo hermanos ni primos, así que me toca jugar sola. Tampoco tengo ordenador ni videoconsolas o televisor. Jamás he ido al cine. Me han contado que mi papá tiene una enfermedad muy fea que se controla bien si no mira las pantallas pero si las mira podría caer al suelo, con convulsiones, echando babas por la boca… ¡y podría atragantarse con su propia lengua, hasta morir asfixiado! Y como a él esas cosas le gustaban y no sabe controlarse cuando algo le gusta mucho, los que saben y cuidan de nosotros decidieron que esos aparatos no debían entrar en casa. Y no entraron.

Otra cosa que me hace rara es que mis abuelos paternos no quieren a mi madre y como no la quieren, no vienen a casa. Sólo me vieron en mi bautizo, en mis cumpleaños y en mi Primera Comunión. La verdad es que los entiendo. Yo quiero a mi madre porque es mi madre, pero sé que a la gente le da un poco de miedo.

Soy rara porque mis padres son raros. Mi madre no habla casi nunca. Cuando habla es para decir pocas palabras, pero tiene el vicio de mirar fijamente a la gente y la pone nerviosa.

Además, es fea. No cocina, no hace las camas, no hace lo que hacen las otras mamás. Los que saben y cuidan de nosotros la vigilan a diario. Mi padre es diferente. Él sí habla, pero de manera torpe. Lo sé porque he visto a la gente del colegio reírse de él.

También se ríen de él porque suda mucho y tiene siempre la cara roja. Convivimos poco, porque por la mañana sale a trabajar y vuelve tarde. Cuida de mí cuando puede, aunque ya no puede ayudarme con los deberes. Por suerte, me ayudo sola y me va bien. Las chicas que vienen a la casa se asombran, me dicen “no entiendo cómo puedes ser tan lista siendo tus padres lo que son”.

Recuerdo un día que vi sangrando a mi padre. Estaba cortando jamón y se hirió con el cuchillo. Él pidió ayuda a mamá. Y mamá, la pobre, en vez de ayudarle a curarse le regañó por manchar el suelo de sangre. Ella no entendía que él se había hecho daño y que eso era más importante que manchar el suelo.

Me costó mucho saber cómo se llama lo que les pasa a mis padres pero, tras preguntar y preguntar, la orientadora del cole me dijo que ambos tienen retraso mental.

Sus cuerpos son adultos pero en sus cabezas tienen mi edad. O incluso quizá sean más chicos, porque también me dijo que soy una niña genio y que debo aplicarme, aprender a hacer cosas cotidianas, ser comprensiva y cariñosa, pues en cuanto sea capaz, me tocará cuidar de ellos sin ayuda, pues nadie me ayudará, a pesar de que lo de mis padres, al parecer, no se contagia.
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