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Ricard. In memoriam, 7 de agosto de 2009.
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Autor Tema: Noviembre 2017  (Leído 6375 veces)
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #15 : Noviembre 25, 2017, 09:13:26 »

"Tretas del Azar"
(A mi admirado profesor y amigo Ricardo Monforte i Vidal)

El azar nos envuelve en gris perfume,
disemina sus versos por las brumas.

La razón se detuvo en el sacro nivel
a libar de la copa
de su cultura.
Le sedujo su verbo irreverente
con la voz libre.
Era incondicional la entrega.
Él, atrevido, retaba a la muerte
no le temía.
Su actuar sembró inquietudes
abriendo los amables
caminos del saber.
Al partir, transformado en polvo cósmico,
el intelecto se nubló,
quebrando el nudo corporal.
Su majestuosa luz seguía intacta,
la psique la buscaba, insaciable y febril.

El azar nos devuelve su perfume,
cosecha soles en grises calinas.

Gisela Cueto Lacomba.
7 de Septiembre del 2009.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #16 : Noviembre 25, 2017, 09:14:06 »

Por las noches pregunto a la esperanza
acerca de mi cruel presentimiento:
caricias con disfraz de vil cobranza
del odio que forjó resentimiento.
 
Tragaluces enturbian el ocaso,
esconden una historia casi muerta.
Mi vida en espirales de fracaso,
cicatrices y surcos en la puerta.
 
De pronto te apareces de la nada
y rompes con tus besos mi armadura;
tan terca, temerosa y obstinada,
rechacé tu cariño, ¡fui muy dura!

Tu imagen, como fruto de un engaño,
cayó frente al sendero de la vida.
Ciega realidad, provocas daño
a quien mi ingratitud ya nunca olvida.

Suceso del que acuso al responsable,
¡que dicte el señor  juez su veredicto!
amar con sobresalto... censurable,
urdir venganzas hiere, ¡qué conflicto!

 Si me arrepiento piensas: "es mentira",
no existe tal acción en tus memorias,
¡presenciaste un milagro!, el mundo gira
y cambia diariamente trayectorias.

Un hecho que disculpa mis ofensas
es un amor adicto por aquel
que, al escalar mi muro, las defensas
destruye fácilmente con su piel.

No merezco sufrir por tus ataques,
¡me amas!, no asimilo lo contrario;
ya tiemblan de pasión los almanaques,
se aproxima un ritual de aniversario.

El sentimiento crece a contrapunto,
su profunda raíz el alma arropa.
 Perdonar es virtud que lleva adjunto
el humano al nacer... antes que ropa.

Blanca Amelia Santos
(Wella)
 
5/12/2006
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #17 : Noviembre 25, 2017, 09:14:56 »

HOMBRE RÉPROBO (Cavatina)
 
I
Ilusiones prisioneras
por el miedo a la locura,
lémures de la cordura
hostigan las horas hueras
con esperanzas austeras,
fruto de la autocensura.
 
II
El Hombre indigno del Ángel
es ciego de primaveras
condenado a la amargura,
sin gozar de la aventura
y quemarse en las hogueras
de pasiones placenteras.
Así hasta la sepultura.

mariaValente
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #18 : Noviembre 25, 2017, 09:16:02 »

Irene
REGIÓN JUVENIL


1 - El comienzo


   Los sentidos eran para Javi el Olimpo donde columpiarse; por ello, cuando la tía Berta decía: “ al nacer  venimos con nuestras respiraciones, al agotarse, morimos”, el aire se convirtió en su principal prioridad. Logró que la acariciara, su fragancia inundó su pituitaria con toda clase de olores, y su boca paladeó la brisa. Tan sólo la pelota arisca del viento le robaba su visión. Desilusionado, se lanzó a otros objetivos, hasta que por fin lo vio. En una revista deportiva, varias chicas atacadas por su furia, luchaban contra torcidos paraguas sin poder frenar el vuelo de sus faldas. Javi subió al cielo mientras sus compañeros se burlaban de él:
-¡ Eh, Javi !, ¡ está alelado!
-¡ Se enamoró !- dijo Marta “la poeta” .
-¿De quién ?- inquirió Pedro.
- De Eolo - suspiró Javi.
-Eolo, masculino, singular- dijo Puri “la empollona” - entonces, ¿eres gay?
“Las Furias”  hicieron aterrizar a Javi de golpe en la tierra:
-No, gay no, soy todo un “machote”.

2- Otoño en el instituto

    Las primeras gotas del otoño resbalaban por nuestra piel, mas nosotros hilábamos mejores paisajes. En plena irradiación juvenil, el tiempo se había escondido. El porvenir, desde que Javi descubrió los efluvios del amor, se convirtió en senderos de márgenes floridos.
    Al instituto, con sus brumas y aristas salientes, lo embellecimos con un aire de voluptuosidad tal que “Doña Descolorida” ( llamada así porque había perdido su color en la enseñanza ) dejó de “marear la perdiz”, y pasamos de la historia política a la amorosa. Era divertido saber que Napoleón fue vencido por un lío de faldas, o que Cleopatra, la que se bañaba en leche de burra, cambió su imperio por una pasión.
     Poco a poco, el deseo disfrazado de idealismo se infiltró en nuestras filas. Nuestra profesora comenzó a adquirir ciertos pigmentos al abandonar la tiranía de la oficialidad. Sólo Puri seguía devorada por el fuego de la sabiduría. Leía, releía, subrayaba, anotaba hasta hechizarse de la pócima del conocimiento. Debido a ello decidimos seguir nuevos caminos.     

3-Puri

      Cargados con un saco de ilusiones como noche de sábado, investigamos, cual Sherlock Holmes, la cualidad oculta que devolviera a nuestra empollona a la vida.
        Su madre la había persuadido con el elixir de los estudios, panacea de la elocuencia, que la llevarían a la fiebre abrasadora del triunfo. Para Puri “triunfo” significaba felicidad, para su ambiciosa mamá era el polvo mágico del poder. Walquiria vio como su hermana, licenciada en derecho, conseguía con el santuario de la palabra entrar en política. Desde entonces, festejos, bonitos trajes, coches de lujo vagaban en su entorno con respeto y admiración. Frente a semejante situación buscamos el consejo de profesores, padres y adultos. Mas estos eran sumamente ignorantes: sólo vivían para el pasado o el futuro. Fue tal la desilusión que desde entonces aprendimos a disfrutar de los verbos en presente.
Con los cartuchos chamuscados, recurrimos a nuestro héroe particular: Javi “el machote”.


4-La conspiración

    Parecía el principio de un difícil juego, sin embargo era algo más: queríamos despertar a nuestra amiga. En esos momentos , la situación se movió a nuestro favor: la crisis económica y la corrupción hicieron que el honor político cayera en picado. La abogada se ensombreció y Walquiria  abrió el círculo a sus hijos.
    Puri se entusiasmaba en aquella época por todo tipo de escritura amorosa y de escritores homosexuales. Fue entonces cuando decidimos dar el golpe de gracia. Convencimos a Puri de que la mejor enseñanza nos la da la calle con su realidad:
    - ¿Qué realidad ?, preguntó dudando.
    - La de Javi - respondimos todos al unísono.
    - ¿ La de Javi ?
   -  Recuerdas, se encolerizó cuando tú dijiste que era gay.
    - Pero, Javi no escribe.
    - ¡ Qué poco le conoces !, Javi siempre ha disfrutado con la lectura y, gracias a ello, se está convirtiendo en un gran poeta.
     Una vez casi convencida, nos dirigimos a Javi. A éste lo persuadimos  enseguida. Le prometimos que si seguía nuestras instrucciones, volvería al paraíso de Eolo. La conspiración ya estaba en marcha, sólo había que encontrar el momento y el lugar oportuno.

5- El desenlace

     Por fin, un domingo logramos embutir a Puri en un vestido liviano, a pesar de las bajas temperaturas. Javi portaba en sus manos el libro de las deidades clásicas como algo vivo y palpitante. Los desparramamos en el parque de la Constitución, lugar intermedio para ambos, un día de viento y tormenta.
     Puri comenzó a hablar de poesía romántica con sus desenfrenos sentimentales: Poe, Byron, Espronceda … fueron cayendo hasta resbalar hacia otros estilos y figuras mas amorfas como Óscar Wide. Javi apenas la escuchaba, su atención merodeaba en el movimiento de sus cabellos y vestido. Éste la ceñía tanto que a veces parecía desnuda. Ella seguía impasible con su monótono discurso. De pronto, el resplandor de un relámpago les hizo abrazarse. Fue todo rápido y espontáneo: las miradas se transmutaron de temerosas en descaradas; los labios no besados se llenaron de lujuria, dejándose corromper hasta el cenit de la felicidad.
     Regresaron embebidos en lágrimas de agua con una sonrisa de luz de verano. El borrador de nuestro relato había funcionado.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #19 : Noviembre 25, 2017, 09:17:07 »

Calendo Griego



Sobre la otra acera caminaba

En órbitas absurdas de estrellas apagadas,
como vuelos tardíos del crepúsculo,
la memoria repite
tus ojos agotados de mirarme.

Ni tu amor ni mi amor
pudieron recobrar su aroma
de humus en el bosque de las sábanas,
y resurgir
sobre las olas del recuerdo.

Soltadas piel a piel,
saltaron las cadenas de la carne.

Hoy he visto tus nubes de ternura
—refugio de mi hastío—
llover desde la otra acera,
como un diluvio ajeno a mi sequía.

Y detuve mi angustia —pájaro
de rotas alas—,
mirándote volar en otro cielo.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #20 : Noviembre 25, 2017, 09:18:48 »

ojaldeb

   
Temporada tres en metáfora


¿Cuántas chinas
        caben
        dentro
      de una bota
                      enamorada?
     ¿Cuánto encono en la luz de un cuchillo sagaz?


*****

A modo de aguacero insistente
bulle en mi cabeza

un hervor de luz a quemarropa.

En la oscuridad,
el ojo trenza en el ojo,
su cortina de relámpagos.

Palabras, palabras,
me peinan a sus vientos, dormido
tras un párpado de lluvia.


*****

El azul se esconde tras las nubes

de una boca ensangrentada.

¿Quién sabe más del silencio?


*****

Se ríe el olmo,
     de las ramas al tronco,
paso de hormigas.


*****


Frente la facultad de gerodontología


Se amanecen de dos en dos
las lenguas jóvenes
              en el jardín.

Tú, viejo paladar terrizo,
                     ausente,
rumias tu tregua de saliva.

                         (Al atardecer,
 cada cual a solas con sus fuegos)

 El sol les escupe naranjas.


*****


Mi príncipe, tu coño y mi polla
se miran en los armarios.

¡Venga,
           a las lunas!

Flamantes edenes listos
para el desencuentro


*****


Érase una vez la culpa

con su equipaje de palos,

comiendo oreja de niño.


Machacona como un rap,

                    ¡rap!

                            ¡rap!

                                     El rap de la sangre.

Arrobaba en los espejos.
El niño se adormeció
                          y las celestiales letras

raptaron todos sus puños.


*****


La cruz y el mármol

—¿Harto?— le dijo.
—Mucho; pero no vine a dialogar.

Del polvo lo mejor,
el ímpetu de los preámbulos.

Lo sabe ahora.

Desnuda, en marmoleñas sábanas,
la muerte le mostró la vida.


*****

Océanos de enciclopedia


Océanos escritos en hojas de agua

La velada mitad,
esta noche decae por mi costa;
celeste, cristalina,
se me funde en las manos.

Mas olas no son páginas,
pese a su desnudez.

Trozos de tinta insatisfecha,
en la cara invisible de la luna.


*****


Las flores

Cuando despabilé,   
ya no estaban allí.

Yacen, supongo,
sin asear,
marchitas,
presas en los colmillos de los sueños;
como los dinosaurios 
o las palabras.


*****


Epitafio en urna


Siempre rehuyó cualquier incendio,

para terminar solo,

quemado.

¡Y, mientras, su vida a la cara
                                      suspirándole!



*****


Labrada por las horas

En un banco de piedra
decía sus canciones,
bañábanse gorriones
en su boca de yedra.

Por su cantal,
                          al viento,
escupían las gentes
mondongos apetentes,
espíritus, cemento.

Hoy su busto de ala,
libre ya de aguamala,
los ojos acristala.

¿Su popularidad?...
otra cuenca de cálamos
en busca del crepúsculo.


*****

Esperando hacer blanco

Tropiezas
—no dos—
sino miles de ve
                            ces en los mismos
guijarros.
Buscan tus dedos, el poema cruje,
territorio de hojaldre.

*****

SED

Un mar buscándose a sí mismo
en su bleizer de olas.

La luna, ¡tan totémica!,
en el espejo adoquina su ala.
   
Dos güisquis, dos eslóganes,
un primario confín.

Furioso baile
—palíndroma serpiente—
torcaz de los orgasmos.

A las primeras luces,
las caracolas, su grave quietud.


*****


El miedo apremia.
Corre,
         se ampara
bajo las uñas.


*****

Noche eterna (sedaka)

¿Cómo no ve
esclarecer el día,
aletear los pájaros?

Sobre los ojos
de las aves noctámbulas,
golondrinos oscuros.


*****


¿Cómo no ve
el eminente sol,
aletear los pájaros?

Sobre los ojos
de las aves noctámbulas,
etéreos tisúes.


*****

Más lejos que la vida
cruza el espacio
una luz sin su estrella.
La eternidad se dirige hacia aquí,
huyendo de su tumba.
   A la vista, ni un escondrijo
donde morir a solas.

*****

Tres de la madrugada


Los recuerdos 
se han instalado en las ventanas.

Llueve

tras de los ojos, las voces
gotean en los cristales.

Colmillos de plata, la luna sonríe,
me mira cruel.

El silencio escurre
entre pétalos
                    y púas.

Un mundo ilusorio: el corazón.

*****

Los recuerdos 
conquistaron las ventanas.
Llueve tras los ojos,

voces

gotean en los cristales.

Colmillos de plata, la luna sonríe,
me mira cruel.

El silencio escurre
entre pétalos
                    y púas.

El poema oscurece el reloj.


*****

Tres de la madrugada


Las voces truenan
—aprisionadas—
en el  relámpago.

Cautivas de los ojos,
rastrean el suicidio,
 pretenden 
              colonizar
su luz.

El poema eclipsa la hoja.


*****

En la penumbra

     Un ramillete de muñones
     gime,
             se arquea,
     fornica.

     Desnudos párrafos
     clavan sus uñas en los ojos de la luz.


*****


Tam Tam mayestático el del corazón,
pechera de lunas,
quebradizo púlpito
al oír pudrirse nuestros huesos
en las boqueadas de los calendarios.


*****

Crujen metálicas las letras.
 Los símbolos
se convierten en pétalos. Las flores
descarrilan el tren de la sintaxis.






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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #21 : Noviembre 25, 2017, 09:20:13 »

EL MIEDO


Iba abriendo puertas para mostrar la vivienda  a los nuevos inquilinos;  todavía estaba  tal y como quedó el día en que, por última vez, la visité para llevar unos encargos.
En la casa habían cds de música por todas las habitaciones, de diversos estilos;  muchos libros, dos bicicletas, la colección de objetos indios. Su  vieja guitarra, sobre una silla,  me transportó a   su imagen,  viendo sus largos dedos, ágiles sobre las cuerdas, intentando, con gestos de concentración, sacar los acordes precisos para su nueva composición. Me di cuenta de que me estaban haciendo una pregunta, con mucha delicadeza  hice que me la repitieran y  seguí  mostrando la vivienda.
Deseaba que se marcharan y me dejaran sola entre  de los recuerdos de mi hijo, el alma me sangraba y se transformaba en  un río de lágrimas que anegaba la respiración.  No podía aceptar la idea de no volverlo a ver, de no sentir los tiernos besos y las juguetonas caricias en mi cara. Recuerdos,  unos y  otros,  siempre cálidos.  Era un chico noble, sincero, de entrañas sedosas.
Todo era confuso, una carretera con mucha oscuridad, a la derecha una coche se había salido. No sé de dónde venía yo, ni donde me encontraba pero si sé que fui corriendo hasta el límite de mis fuerzas  y al llegar vi a cuatro muchachos  inertes  y con heridas, junto a instrumentos de música rotos. Fui a tocar a mi hijo cuando unos brazos me cogían y oía unas palabras, cada vez más cercanas,  que decían mi nombre  y repetían, "no llores, calma,  es un mal sueño".  Entonces,  realmente, sentí que sollozaba Y que el miedo me había sumergido de nuevo en  una terrible pesadilla. El miedo a perder a mi hijo.

Carende
21/02/2010
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #22 : Noviembre 25, 2017, 09:21:37 »



La esperanza
 
Catorce versos van buscando puente
como volada alegre de paloma,
dulzura en tu sonrisa que los toma
alegre, como beso complaciente.
 
Soneto que una rosa dulcemente
canción de amor dejando va en su aroma
mientras entre tus labios gozo asoma
en trovar de caricia deferente.
 
Mis labios que su sed calmó tu celo
anidan en el mimo cariñoso,
traslúcido, triunfante del reproche.
 
Un amor seduciéndose en tu cielo
y un corazón amando revoltoso
a los catorce versos ponen broche.
 
                                           Nαrdy
26-06-05
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« Respuesta #23 : Noviembre 25, 2017, 09:24:42 »

El perfume de las flores.
 
Al perfume de las flores
le cantan los trovadores.
 
Tú viertes mil perlas rojas
a mi cáliz que deshojas,
yo te bebo sin congojas.
 
Armonizan los amores.
 
Rejuveneces mis cielos,
se alejan los desconsuelos
cuando me cubren tus velos.
 
Se deshacen mis temores.
 
Enredado en la ternura
de mis senos, alba pura,
entrégate sin mesura.
 
Y relucen los candores.
 
Al perfume de las flores
le cantan los trovadores,
armonizan los amores,
se deshacen mis temores
y relucen los candores.


MªAntonia
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #24 : Noviembre 25, 2017, 09:25:55 »

MI AMOR NO FUE SUFICIENTE 
 
Mi amor no fue suficiente,
dijiste en pocas palabras.
Escucho burlas macabras:
sombrío día naciente.
 
Hoy que te encuentras ausente,
aciagos abracadabras
invaden mis nobles abras.
Conjuro malevolente.
 
Dueño de un fosco avatar,
flagrante azote mortífero:
tiranía de tu adiós.
 
Moribundo, ante tu altar,
oteo el domo estelífero
en súplica por los dos.

Raúl Valdez
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« Respuesta #25 : Noviembre 25, 2017, 09:27:11 »


Alpha_Centaury

   
Ladrón de exhalaciones

La vieja partitura, fiel mortaja,
crisol de inarmonías discordantes,
se prende, sin obstáculos inanes,
en el cieno febril del melodrama.

Mi suerte juguetea con las algas
moradoras en lechos despreciables;
desabrigo de luces o señales,
un justo colofón de mascaradas.

Tu espíritu clausura corredores,
mal recuerdo bulímico, me agota;
astuto, cruel, ladrón de exhalaciones.

Porvenires quebrados de las rosas
impregnan, siempre, sábanas que roes
al desatar tu lastre hacia la gloria.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #26 : Noviembre 25, 2017, 09:28:23 »


Tres vueltas de llave

De ella apenas conocía su silueta, lo poco que dejaban traspasar los visillos de su ventana. Siempre la imaginé triste, deambulando, sumida en sus pensamientos; tal vez la música que día tras día junto con alguna trasnochada tarde llegaba desde su apartamento, me hacia percibirla así.

Un eterno Sabina cantaba desgarrado.  Creía poder reconocerla en cualquier parte. En numerosas ocasiones había fantaseado con un encuentro casual con ella.  Ya saben, un cruce de miradas, un imprevisto roce en el ascensor. Cuarto C,  A. García, esto era lo único que se leía en su buzón, Amalia, Alicia, Alma, Aurora, Arabela...  yo seguía especulando con su nombre; Alma; para mí sería Alma.

Me acostumbré a llegar pronto a casa, intentando no hacer ruido, todos mis sentidos permanecían alerta a cualquier sonido que procediera de su estancia. Escuchaba cómo Alma abría la cerradura, tres vueltas de llave, y un sigiloso cerrar,  dos pasos y el bolso aterrizaba en el sofá; casi al mismo tiempo Sabina cantaba “ llegas demasiado tarde, princesa”  y  así era: tarde a mi vida.
Alma y yo teníamos un horario  parecido. Si hasta ese momento no habíamos coincidido al salir por las mañanas,  era sobretodo porque yo retrasaba mi salida hasta que ella cerraba su puerta, tres vueltas de llave, y  yo  exhalaba un  suspiro detrás de la  mía, preparado para salir.

Pasaría todo el día esperando llegar a casa. Aguantando la murga de unos y  otros,  los cuchicheos a mi espalda, para ellos yo era el raro, el que no hablaba, no contaba nada sobre su  vida anterior. No  tenía ninguna intención de trabar algún tipo de relación con ellos, aparte de la necesaria para desempeñar el trabajo. Solamente  con el de contabilidad parecía estar más en sintonía. Como un acuerdo tácito, compartíamos mesa durante el almuerzo, él se enfrascaba en su periódico y yo en el mío.  Bastaba con unos buenos días, y media sonrisa.

Abstraído como andaba, no me di cuenta de que el contable realizaba el camino de vuelta a casa unos metros detrás de mí. Tampoco sé qué lo alentó aquel día a alcanzarme, a seguir caminando a mi lado sonriente y dicharachero; durante dos años  sólo  habíamos cruzado los buenos días y poco más. Persistía en su camino a mi lado, yo, enojado, apretaba el paso, y él seguía, bla..bla..bla. Bruscamente, me detuve delante del portal, a la vez que, atónito, veía cómo el contable, sonriente, sacaba un llavero del bolsillo, y dirigiéndose a mí decía;  Cuarto C , ya sabes dónde tienes tu casa.

 Erial
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« Respuesta #27 : Noviembre 30, 2017, 01:12:35 »

El anciano

Rendido, se acurruca
en rincones de ausencias.
Su mirada desnuda,
la noche que regresa.

Tiene la piel marchita,
surcos del tiempo asoman,
no reclaman su vida.
El reposo retorna.

El abuelo se entrega
al nido de la muerte.

Liliana Valido
   
« Última modificación: Noviembre 30, 2017, 01:16:09 por María Teresa Inés Aláez García » En línea

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« Respuesta #28 : Noviembre 30, 2017, 01:13:50 »

Dage


RODAR


Dime ahora, dios sin nombre,                                     
qué azarosa cumbre espera mi cansancio                     
y mi aliento.                                                               
Dime si he de morir, ¿cuántas veces?,                           
en desidias y en vacíos.                                               
Nada quiero y no me importa;                                     
sigo siendo roja piedra del camino,                               
fatigadas sus aristas                                                   
al rodar                                                                     
sin mesura cuesta abajo.                                             
Pasan rápidos los bosques, las aldeas,                         
siempre envueltos en la prisa,                                     
pues es propia del camino.                                           
En mi amarga rapidez                                                 
me retraigo y nunca acierto                                   
a mirar                                                                     
cumbres aún más distantes y elevadas.                     
Ni las veo ni me importan;                                           
sólo soy un mal pedrusco arrastrado                           
por pendientes abismales.                                           
Mis innúmeras facetas                                                 
se esculpen y se achaflanan, pues pretenden               
pulirse en geometrías similares                                     
a la esfera.                                                               


Y eternamente rodar                                                   
por las cuestas, por los cauces                                   
de los ríos que en mi vida                                           
-los milenios no me importan-                                             
he logrado cuanto menos vislumbrar.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #29 : Noviembre 30, 2017, 01:15:46 »

Mac de la Torre

El No Poeta


Pertinaz e infame hado
yo resisto tu señuelo,
¡arruina ya  mi desvelo!
Ojos en surco tostado.

Sintiéndome ruin bagazo
confina mi juicio al diestro,
si no conozco maestro,
de sabias letras ni trazo.

Como navío varado
soles conté con recelo,
cogí la pluma del suelo
en tregua con el tarado.

Arrogante, afloja el mazo,
raspa mi rostro siniestro,
tan rico convite vuestro
naciente de un novel lazo.

El guardián sutil y osado
me mostró radiante al cielo,
mira al frente con anhelo,
concluirás  roto y cansado.

Frunció la tinta un abrazo
esclava de lo que muestro,
terminé con mi secuestro;
oda libre en mi regazo.
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