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Ricard. In memoriam, 7 de agosto de 2009.
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Autor Tema: Agosto 2017  (Leído 6867 veces)
0 Usuarios y 1 Visitante están viendo este tema.
María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #15 : Agosto 28, 2017, 08:29:06 »

Calendo Griego



El poeta no muere

Es el ensueño extático, profundo,
coplas de estrellas de la libre hondura,
tañidos de cristal, la partitura
de infinitud y calma, otro mundo.

Broma inclemente de los vastos cielos
para saciar abulias inmortales,
donde ríen con cirios las vestales
cantando sus azules terciopelos.

No lloren, sólo esperen, una llama
alumbrará la inconsolable ausencia,
su rostro en la feliz reminiscencia.

Ensalzado de gloria y justa fama,
como un ilustre héroe dormido,
despertarás, poeta, del olvido.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #16 : Agosto 28, 2017, 08:30:08 »


ojaldeb


Problemas

Serían más o menos las diez de la noche del jueves y estaba tumbado en mi cama, solo, pensando en que las cosas no me podían ir peor. Quería dormirme, pero… aun ahora no me resulta difícil recordar esos pensamientos que entonces no me soltaban.

Cincuenta y cinco ya —el jueves fue mi cumpleaños— y nadie se ha acordado de felicitarme, ni siquiera mi esposa, ni mi hijo. Nadie. Y como había tenido una bronca con mi jefe… Qué listo, que me quedase a echar horas ¿un trabajo urgente?, ¡ya!, y si le hago caso, ¿qué?, ¿me habría pagado luego todas las horas o sólo la mitad, como hace siempre?, que no, que estoy harto, que no echo ni una hora más, ¿no es él quien se lleva las ganancias?, que eche él las horas, si quiere. Y lo que me encontré al llegar a casa, después de estar todo el día aguantando putadas, llega uno a casa y ¡zas!, nada más pasar la puerta, ¡zas! la esposa de uno esperándole. Por la cara que ponía barrunté que no me esperaba para felicitarme el cumpleaños, menudo cómo me miraba antes de darme la noticia:
 
—"Tienes que ir a la comisaría, a tu hijo le han cogido rompiendo los cristales de las paradas del autobús, esta tarde llamaron, que fuera su padre a pagar la multa y a llevárselo".

¿Mi hijo…?, ¿qué pasa, que ella no es su madre?, ¡quinientos euros, sinvergüenza!, y el comisario:

—“¿No sabe usted que su hijo es responsabilidad suya?, ¿que es usted el que tiene la obligación de controlarle?"
—“¿Que si sé qué…?”

¡Claro que lo sabía!, por eso no dije ni mu, pagué, agaché la cabeza y me fui con el sinvergüenza y… luego, cuando le doy la bronca, va y me dice que él no tiene la culpa de haber nacido, que me hubiera puesto un globito, ¿un globito?, ¡joder!, si yo con su edad le digo a mi padre eso… me enciende las costillas con el cinto, ¡joder!, ¿y qué hago?, si regaño a la criaturita, malo, me toca discutir con su madre, y si no, ella luego va y me echa la culpa de su mala educación y de las cosas que hace la criatu… después del berrinche, encima, me fui a la cama sin cena.   
No sé cuánto tiempo estuve queriendo cerrar los ojos, ni sé la hora que era cuando me dormí; pero el sueño que tuve fue tan real que aún hoy, tres días después, lo veo como si  fuera una película que continuara pasando delante de mis ojos.   

Yo iba por un lugar que no reconocía, a mi alrededor, hasta donde me alcanzaba la vista, arena y unas rocas negras con formas redondeadas, igual a las de esas islas volcánicas. Por todas partes un vaho amarillo que salía del suelo, con un fuerte olor a  azufre, se me agarraba a la garganta robándome el resuello. De pronto, un ruido hizo que volviera la vista a mi derecha. Como unas hienas enanas, con el pelo negro y una enorme cabeza, iban y venían  entre las rocas. Sus ojos… ¡vaya ojos!, los de la niña del exorcista, los mismos, me miraban a la vez que me enseñaban los dientes y me gruñían. Empecé a correr, pero no avanzaba, era como si estuviera dando zancadas en el mismo palmo de tierra. Empecé a sentir el fuego de su aliento rozándome los tobillos. Cien zarpas me golpearon por detrás. Caí al suelo hecho una madeja. Dientes de acero se me hundían en los muslos, en los brazos, por toda la espalda. Oía, entre gruñidos, cómo mi carne se desgarraba. Me vi los huesos, mis propios huesos, de los que colgaban harapos de mi propia carne y… ¡zas! El silencio. Al principio no me ubicaba, aún sentía todo el cuerpo dolorido, empapado, ¿era sangre?, tenía la boca seca, pastosa, la luz entraba por la ventana, ¡por mi ventana! Me tuve que tocar para convencerme, ¡sólo había sido un sueño!, pero el corazón seguía pataleándome entre las costillas. Esa noche hasta los sueños iban a por mí. Miré el reloj, eran las tres de la madrugada. A mi derecha mi esposa, dormía. Me levanté con cuidado y fui a la habitación de mi chaval, también dormía. Me di una ducha para quitarme el sudor. Luego, en la cocina, puse la radio, uno de esos programas en los que la gente llama para contar sus cosas. Me serví un culito de güisqui con hielo. Se estaba bien allí, a oscuras, "empelotas" en medio de las corrientes de aire, con todas las ventanas de la casa abiertas de par en par, escuchando a aquella gente de la radio contar sus putos problemas.   
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #17 : Agosto 28, 2017, 08:31:05 »

SEPULCRO DE AZÓFAR

Del vientre  de un ave, sepulcro  de  azófar, 
prorrumpen  plegarias, inservibles ruegos,
adioses  sin brazos,  retornos  sin  besos.

Almas zaheridas huyen del abismo,       
se truncan  futuros, sin metas ni  puertos,
en cerril morada  yacen rotos cuerpos.

Hallados los signos,  certidumbres muertas,
coronas de  flores, algunos   entierros;
sollozos mordientes, estigmas eternos.

Carende
23/06/09
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #18 : Agosto 28, 2017, 08:32:07 »

Triste alborada
 
Poco me ofrece hoy esta alborada,
no me sacia la sed, fresco el rocío
cuando a mi lado vive este vacío
roto en sollozos, triste madrugada.
 
Si siento que mi cama rompe helada,
vacía, sin amor que quise mío,
trocando mi esperanza en desvarío,
nada me queda, amor, no queda nada.
 
Tan cruel se hace el tiempo al ser ausente
que un venablo de acero en tu abandono
hizo de mi costado roja fuente.
 
No quiero despertar, sigo silente
con mi poema preñado del encono
al albor de este día insuficiente.

                                           Nαrdy
26-07-05
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #19 : Agosto 28, 2017, 08:33:53 »


Ricard Monforte

RACIMO FECUNDO.
 
¡Que te festejen los dioses con liras!
¡Que las arpas se pulsen en tu honor!
¡Derrame la azucena su rubor
a los rezos rojizos de las piras!
 
Cabriolas de unicornios y sus iras
transmiten a  los ángeles tu ardor,
resplandeciente Uno y Trino, Amor.
Ya en sus moradas con Jesús suspiras.
 
Corona de laurel en tu cabeza
pues supiste adorarme hasta el extremo,
sutil, ágil autor de tu proeza.
 
Mi nave condujiste con tu remo,
salmos por tus vigilias y pureza.
¡OH, Racimo Fecundo, nada temo!

 MªAntonia
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #20 : Agosto 28, 2017, 08:34:45 »

LLORA CUSCATLÁN
 
 
Lloran, tristes, las montañas,
las secundan torogoces,
gimiendo en flébiles voces
el dolor de sus entrañas.
 
La escasez en las cabañas
castiga con duras coces,
dejándonos sin los goces
del poeta y sus hazañas.
 
El gurí de Cuscatlán
silencioso ascendió al cielo
para escribirle al Divino.
 
Tierra de monte y volcán,
dulce pedazo de suelo:
¡terruño de Alfredo Espino!
 
 
©®By Raúl Valdez
 
09/08/2007
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #21 : Agosto 28, 2017, 08:37:06 »

Querido diario:

Me llamo Perla. Tengo 10 años. Escribo despacio y con letra bonita por si, de mayor, me apetece releer esto.

Soy rara. Todo el mundo me lo dice. No tengo amigos en el barrio. Salvo para ir al colegio, nunca salgo de casa. No tengo hermanos ni primos, así que me toca jugar sola. Tampoco tengo ordenador ni videoconsolas o televisor. Jamás he ido al cine. Me han contado que mi papá tiene una enfermedad muy fea que se controla bien si no mira las pantallas pero si las mira podría caer al suelo, con convulsiones, echando babas por la boca… ¡y podría atragantarse con su propia lengua, hasta morir asfixiado! Y como a él esas cosas le gustaban y no sabe controlarse cuando algo le gusta mucho, los que saben y cuidan de nosotros decidieron que esos aparatos no debían entrar en casa. Y no entraron.

Otra cosa que me hace rara es que mis abuelos paternos no quieren a mi madre y como no la quieren, no vienen a casa. Sólo me vieron en mi bautizo, en mis cumpleaños y en mi Primera Comunión. La verdad es que los entiendo. Yo quiero a mi madre porque es mi madre, pero sé que a la gente le da un poco de miedo.

Soy rara porque mis padres son raros. Mi madre no habla casi nunca. Cuando habla es para decir pocas palabras, pero tiene el vicio de mirar fijamente a la gente y la pone nerviosa.

Además, es fea. No cocina, no hace las camas, no hace lo que hacen las otras mamás. Los que saben y cuidan de nosotros la vigilan a diario. Mi padre es diferente. Él sí habla, pero de manera torpe. Lo sé porque he visto a la gente del colegio reírse de él.

También se ríen de él porque suda mucho y tiene siempre la cara roja. Convivimos poco, porque por la mañana sale a trabajar y vuelve tarde. Cuida de mí cuando puede, aunque ya no puede ayudarme con los deberes. Por suerte, me ayudo sola y me va bien. Las chicas que vienen a la casa se asombran, me dicen “no entiendo cómo puedes ser tan lista siendo tus padres lo que son”.

Recuerdo un día que vi sangrando a mi padre. Estaba cortando jamón y se hirió con el cuchillo. Él pidió ayuda a mamá. Y mamá, la pobre, en vez de ayudarle a curarse le regañó por manchar el suelo de sangre. Ella no entendía que él se había hecho daño y que eso era más importante que manchar el suelo.

Me costó mucho saber cómo se llama lo que les pasa a mis padres pero, tras preguntar y preguntar, la orientadora del cole me dijo que ambos tienen retraso mental.

Sus cuerpos son adultos pero en sus cabezas tienen mi edad. O incluso quizá sean más chicos, porque también me dijo que soy una niña genio y que debo aplicarme, aprender a hacer cosas cotidianas, ser comprensiva y cariñosa, pues en cuanto sea capaz, me tocará cuidar de ellos sin ayuda, pues nadie me ayudará, a pesar de que lo de mis padres, al parecer, no se contagia.


Alpha_Centaury

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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #22 : Agosto 28, 2017, 08:38:10 »

Erial


   
Sensaciones


Te busco, no  puedes hablar.
Entiendo tu alegato indeformable,         
las horas  se escapan de tus manos;         
las mías difunden tu silueta         
-la que asciende por ciudades y arroyos-       
y desconocen de ti lo inédito,         
la curva  de tu ceja cuando te ofreces     
por completo y confías tu forma
a otro desconocido.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #23 : Agosto 28, 2017, 08:39:12 »

El juego

A veces,
la tempestad me aleja
de las cumbres serenas.
Invade y estremece.

El mañana declina,
se refugia en las sombras
vacilantes, muy mías.

A veces,
la luz se filtra en grietas
profundas de la esencia.
El equilibrio emerge.

El devenir crepita
en cristales de auroras.
El juego de la vida.

Liliana Valido
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #24 : Agosto 28, 2017, 08:49:40 »

Sebastián, una lección de vida


   Hoy voy a ver a Sebastián por primera vez después de treinta años, somos  amigos desde la infancia, cursamos juntos la escuela primaria, compañero de banco y de aventuras.
   
    Me moría por saber si era verdad lo que me había contado Emilio: - Sebastián vive a la intemperie en una silla de ruedas, en una avenida muy importante de la ciudad. -

   Tomé las llaves del auto y me dirigí a la dirección que me diera Emilio. Durante el viaje, mi ansiedad y preocupación aumentaban. Me quedaba la esperanza de que se tratara de un error.

   Pero, ahí estaba Sebastián, en su silla de ruedas, arropado totalmente, entre cartones que armaban su refugio. Su rostro cubierto por las mantas, sólo se notaban sus ojos, cuánto decían.

     Me detuve y nos observamos hasta que reaccioné:
             
— Sebastián, soy Mauro, me recordás.
— Cómo olvidarte, amigo, ¿quién me encontró?
— Emilio me dio la dirección.
   
   Me incliné hacia Sebastián, le extendí mis manos. Él, como pudo, tomó las mías. Sentí la fuerza de la amistad de siempre, a pesar del tiempo.

     Le pregunté: — ¿Qué te pasó, cómo te sentís?
— Hace unos años sufrí un ataque cerebrovascular, las secuelas están  a la vista,  no  puedo caminar y mi mano izquierda no se mueve.

     No logré contestarle enseguida. Guardé silencio, luego continué el diálogo.

— Sebastián, no podés seguir aquí. Hay lugares…
— No sigas, viejo,  vos también me querés sacar mi dignidad.
Mauro, no entendés nada. Ves esa mueblería de ahí enfrente, yo trabajaba en esa fábrica. Está en el fondo de esas vidrieras, era el mejor carpintero, hacía muebles como esos. No sólo me ganaba la vida, hacía lo que me gustaba.
— Seba, seguís aquí sentado para recordar y sufrir.
— Mauro, de acuerdo a tu forma de vestir, la marca de tus ropas, seguro que tu casa está bien amueblada,  tu coche es de los últimos modelos, en fin creo que si perdés todo eso, te volvés loco. Por todo ello, te cuesta entenderme.
—Sebastián, hay lugares que son pensionados, puedo pagar las mensualidades y…
—Pará, pará, Mauro, por qué no decís geriátricos. Allí…
—El que te digo no es de cuarta, te atenderían bien, tendrías tu habitación, podrías salir al jardín.
— ¿Cuándo quiera Mauro? ¡Vamos! Allí viviría sin libertad, sin dignidad.
— ¿Y aquí, qué?
—  Parece que necesitás que te lo explique. Aquí tengo libertad a través de los vecinos que caminan y se paran a hablar conmigo. Voy y vengo con ellos cuando los sigo con la mirada. Juego al fútbol cuando observo a los chicos  en un picado. Miro las vidrieras de la mueblería, sigo atentamente los cambios de los modelos de los muebles, siento mis manos modelar la madera. Viajo con mis sueños. Al principio eran en blanco y negro, luego, con el correr del tiempo, gracias a los vecinos, a los muchachos de la mueblería y a los fleteros,  que charlamos de todo, fui aprendiendo a soñar en colores, ver y mirar, sentir de un modo distinto. Con todos ellos camino, corro, trabajo, juego al fútbol. Comprendo las dificultades de las vecinas para llevar adelante sus hogares con muy poco dinero.
   Vivo a través de ellos, pero no de la limosna. Cobro una jubilación, que me alcanza, y pago mi comida. Estoy limpio, afeitado, ahí está mi espejo. Mis nuevos amigos me ayudan a cambiarme y llevan la ropa al lavadero, eso sí, lo pago yo.
— Sebastián, creo entenderte, no puedo verte aquí, en esta tarde tan  fría.           
— ¡No, viejo, no comprendiste nada!, para ello tendrías que quedar como yo y elegir, sentir de otro modo.  Muchas veces vinieron asistentes sociales, para llevarme a esas jaulas disfrazadas de geriátricos, te dopan a la mañana, tarde y noche para que uno no joda. Seguro que pensás que el ataque me chifló, no  es así.  Para seguir viviendo,  estas manos torpes las siento ágiles cuando veo a los muchachos trabajar. Camino con las piernas que  pide prestadas mi imaginación.
— Seba, no se vive sólo de sueños.
— Mauro, tus sueños no los vivís,  yo sí, con ellos soy libre, me siento digno, este refugio me pertenece y nadie me lo va a quitar. Aunque me lleven a un pensionado como el que decís, estaré en una infame jaula.
— No puedo dejarte, amigo.
— Podés.  Es lo que yo quiero. Vení a charlar cuantas veces quieras y a lo mejor se anima a visitarme Emilio. Avisale que sólo puedo ofrecerle mate, con agua caliente que me trae el vecino de al lado de mi casa. Seguro que cuando le cuentes a Emilio, pensará que estoy totalmente chiflado.
— No, viejo, no soy tan superficial.
— Mauro, recordemos cuando los tres éramos jóvenes y soñábamos, acaso no los vivíamos. Nos veíamos con barba y apenas  teníamos una rala pelusa. Hablábamos de las mujeres, como si fuéramos expertos amantes y nunca habíamos estado con ninguna. Amigo mío, sé que hoy no vivís en libertad, seguro que trabajás muchísimo para mantener las marcas de tu ropa, poder cambiar el coche para seguir teniendo modelos nuevos. Estás atrapado.
— Tenés razón, Seba.
— ¿Ves?, no sos libre, recuperá tus sueños.
— Volvé, Mauro, decile a Emilio que venga.
— Chau, viejo.  En cuanto pueda estoy por aquí.
   
    Durante dos años lo visité periódicamente. Los compañeros de la mueblería le hicieron una pequeñita casita de madera, con una puerta amplia para que pase la silla de ruedas, una ventana  de cada lado y un tejado a  dos aguas. 

   La última vez que fui no encontré el chalecito, los vecinos me dijeron que Sebastián alcanzó la libertad.
LILIANA VALIDO
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #25 : Agosto 28, 2017, 09:02:11 »

Dage


RODAR


Dime ahora, dios sin nombre,                                     
qué azarosa cumbre espera mi cansancio                     
y mi aliento.                                                               
Dime si he de morir, ¿cuántas veces?,                           
en desidias y en vacíos.                                               
Nada quiero y no me importa;                                     
sigo siendo roja piedra del camino,                               
fatigadas sus aristas                                                   
al rodar                                                                     
sin mesura cuesta abajo.                                             
Pasan rápidos los bosques, las aldeas,                         
siempre envueltos en la prisa,                                     
pues es propia del camino.                                           
En mi amarga rapidez                                                 
me retraigo y nunca acierto                                   
a mirar                                                                     
cumbres aún más distantes y elevadas.                     
Ni las veo ni me importan;                                           
sólo soy un mal pedrusco arrastrado                           
por pendientes abismales.                                           
Mis innúmeras facetas                                                 
se esculpen y se achaflanan, pues pretenden               
pulirse en geometrías similares                                     
a la esfera.                                                               


Y eternamente rodar                                                   
por las cuestas, por los cauces                                   
de los ríos que en mi vida                                           
-los milenios no me importan-                                             
he logrado cuanto menos vislumbrar.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #26 : Agosto 28, 2017, 09:08:26 »

   
Mac de la Torre

El no Poeta

Pertinaz e infame hado
yo resisto tu señuelo,
¡arruina ya  mi desvelo!
Ojos en surco tostado.

Sintiéndome ruin bagazo
confina mi juicio al diestro,
si no conozco maestro,
de sabias letras ni trazo.

Como navío varado
soles conté con recelo,
cogí la pluma del suelo
en tregua con el tarado.

Arrogante, afloja el mazo,
raspa mi rostro siniestro,
tan rico convite vuestro
naciente de un novel lazo.

El guardián sutil y osado
me mostró radiante al cielo,
mira al frente con anhelo,
concluirás  roto y cansado.

Frunció la tinta un abrazo
esclava de lo que muestro,
terminé con mi secuestro;
oda libre en mi regazo.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #27 : Agosto 28, 2017, 09:11:03 »

altabix


   
Sombra inoportuna

Texto en homenaje al Profesor Ricard Monforte.

-¿Vives?
-Amando;  que es como caminar cuesta arriba  sonriéndole al camino.
-¿Te importa el silencio?
-Hay un mar de voces y  miradas que me acompañan.
Sólo temo la quietud de los relojes,  tengo prisa pero no por mí, sino por la  tarea inacabada.
-Si no te llevo ahora no te llevaré, no puedo esperar a que descanses; me dices, espera un poco que termine esto y cuando me descuido, otra labor te ocupa.
-Déjalo ya.
-Cesa tú y dame la mano. A otros me he llevado que ni siquiera han sido conscientes de que han vivido.
-Quizá por eso me hiere tu presencia.
-Ven, mi mano es cálida y mi sombra acogedora y serena.
-Apuesto por el sol, la luz, los vientos,  la piel humana, la voz amada y las pasiones, el olor y los sabores.
-No sé de qué me hablas.
-De la vida, de la plenitud de la existencia apasionada.
-Sigo sin saber;  mas no me importa, también yo tengo un trabajo pendiente.
-Sombra inoportuna.  Te encuentro decidida e inflexible. Qué prisas te han entrado.
-Ven, ellos te amarán a través del recuerdo.
-Ellos a quienes amo. Mi cuerpo quizá te llame,  pero mi alma está sobrada de vida, de amor y de canto. ¿Tiene que ser ahora?
-Tiene que serlo
-No extiendas aún tu mano. ¿Qué siento?
-Son mis brazos rodeándote,  todo ha terminado.
-¿Qué siento?.
-El amor de quienes dejas, que trasciende los espacios persiguiéndote.


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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #28 : Agosto 28, 2017, 09:13:59 »


Candela Martí



NIÑOS SOLDADOS
(Versos breves)


Países
aislados
con niños
soldados.

Mil tribus
sin techo;
martirio
y acecho.

Los hombres
sin tierras
se matan
en guerras.

Agobia
la hambruna.
Limosna
ninguna.

El mundo
sin vida,
por causa
suicida.

Mas, sólo
valientes
construyen
los puentes.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #29 : Agosto 28, 2017, 09:14:51 »

cielo claro

   
PUNTO INMORTAL

Desde un punto inmortal,
me lapida la terca incertidumbre
como el fulgor de una onda sutil
fundiendo al rojo, esencia y corolario.

¿Por qué las ilusiones se evaporan?
Porque mi crédula pupila
captura las señales
de mis ejes lindados de ilusiones,
en busca de una perfección
inexistente.

Los juegos del destino en mi baúl se cargan
como un pesado error sin avenencia.
Al viento las semillas  se arrebujan
y el surco perforado descubre su abandono.
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