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Ricard. In memoriam, 7 de agosto de 2009.
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Autor Tema: Agosto 2017  (Leído 6933 veces)
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María Teresa Inés Aláez García
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« : Agosto 25, 2017, 09:16:23 »


Mac de la Torre


El no Poeta

Pertinaz e infame hado
yo resisto tu señuelo,
¡arruina ya  mi desvelo!
Ojos en surco tostado.

Sintiéndome ruin bagazo
confina mi juicio al diestro,
si no conozco maestro,
de sabias letras ni trazo.

Como navío varado
soles conté con recelo,
cogí la pluma del suelo
en tregua con el tarado.

Arrogante, afloja el mazo,
raspa mi rostro siniestro,
tan rico convite vuestro
naciente de un novel lazo.

El guardián sutil y osado
me mostró radiante al cielo,
mira al frente con anhelo,
concluirás  roto y cansado.

Frunció la tinta un abrazo
esclava de lo que muestro,
terminé con mi secuestro;
oda libre en mi regazo.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #1 : Agosto 25, 2017, 09:35:15 »


altabix

Desamor

Os hablaré de Celia, ella amaneció aquella mañana sobre la cama, abrigada tan solo con el pañuelo que él le regaló la víspera,  acarició con su mano la almohada en donde minutos antes él había estado durmiendo.
El pañuelo para ella se convirtió en un nexo amoroso entre ella y él y cobró vida, en forma de serpiente que circulaba por su piel como  si su cuerpo fuera de madera, convertida así en el árbol de la vida.
Y como árbol, se alzó del lecho y puesta en pié alzó los brazos, dejando que la serpiente subiera por sus ramas y enroscada en su brazo, danzó como quien baila un chotis, los árboles no suelen moverse de su sitio por iniciativa propia, pero su cuerpo si se movía llevado por una danza improvisada.  De corrientes de viento que entrando por la ventana movían sus ramas, que se agitaban y hacían contornearse el tronco del árbol humano en que Celia se había convertido.

La serpiente, suave y cálida, la besaba con su movimiento,  ella disfrutaba notando el tacto de su piel con la del reptil. Y la habitación cambió.

Para sus ojos, las paredes se tornaron en bruma húmeda,  y otros árboles habían crecido entorno a ella, que como ella se agitaban, y voces se oían ininteligibles,  recuerdos lejanos que el aire traía. Pero su atención estaba dispersa, poseer la vida que se arrastraba entorno a ella la enajena de felicidad,  le amaba a él y él la amaba a través de su obsequio que se había convertido en su mano, el brazo  que la sujetaba.

Otros árboles danzaban, otros permanecían quietos y una sombra caminaba entre ellos y que parecía animar sus cortezas.
Si hubiera podido mirarse, si pudiera haber observado el lugar en el que se hallaba, se habría visto al margen de toda realidad, suspendida en una oscuridad luminosa, entre penumbras neblinosas, sin suelos ni cielos, ni puntos cardinales.
Absolutamente ida de sí misma, entregada a una danza imposible, anclada a un suelo inexistente,  halló la felicidad y como árbol sin raíz en un universo de  oscuridad,  alcanzada por la caricia que anima a los árboles que como ella, poblaban el extraño bosque, caricia que reconoció como de la mano de él.
Así volvió a amanecer, así la encontraron tendida en el suelo, abrigada por su pañuelo nuevo.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #2 : Agosto 25, 2017, 09:38:43 »



   
De nuevo, Neruda.

Dedicado a Samudras.

Corregido en el foro Metáforas de Diana Gioia.

El escribió las rimas más tristes en la noche
derramando, su alma, los sumergidos versos.

Desgarradoras letras de su musa perenne
el querer de su aire, celoso de sus pétalos.

“Me desarman las penas más hondas y  sombrías
al  partir los cristales esbozados, enteros
entre afligidos surcos, y describen recodos;
humores de vil burla fluyen en rictus gélidos.


Presentir el truncarse la vida sincopada:
los papeles ocultos del débil desafuero,
las ausencias de toba fluyen en el olvido,
del barro receloso me inhiben los espejos.


Podrían ser ahora volcanes tremebundos
volando por mi mente, los molinos de viento.
Terribles lavas ciegas de débil  porvenir,
inhábil dictadura discurre por mi cuerpo.

Romper mis pobres puentes  y asesinar quimeras.
Sentirme grande, fútil, emperatriz  del tiempo.
La dulce vista, blanca ternura de tus iris,
el máximo tesoro cedido al sufrimiento.”


Escribió las estrofas más tristes de la noche.
Dejaré ir mis letras, manando, hacia el silencio.


(c) María Teresa Aláez García. Mayte Aláez. Mtiag.Pernelle.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #3 : Agosto 25, 2017, 09:58:23 »

Candela Martí


A CADA PASO


¿Por qué no se conforman hoy mis huesos
ante la soledad de mis mañanas?
¿Por qué habitan en mí pasiones vanas,
ansiosas de alborozos y embelesos?

Quizás tengan la culpa antiguos besos
tatuados en mi piel, como badanas
resecas por el sol. Aún, arcanas
voces loan, con gozo, mis excesos.

No comulgo con flores de amargura,
asumiendo los lances del error,
ni deshojo la urdimbre de mi ocaso,

pues prefiero el camino y la locura
de creer, inmutable, que el amor
puede estar floreciendo a cada paso.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #4 : Agosto 25, 2017, 10:03:37 »


Orlando
A Elizabeth Benítez

       No sé qué tienen las flores,  llorona,
                           las flores del camposanto…
                           Son Istmeño

Mi señora, ¿quién te consuela?
Tus brazos se conservan huecos,
los suyos, de rígido yeso,
buscan abrazar a la tierra.

No beses el vidrio, señora,
mantén su recuerdo templado,
sin la frialdad de este cuarto,
ni la blancura de sus ropas.

Ya no le exijas ni cuestiones,
son sus labios lúgubre cirio,
impasibles, gélidos, fijos;
a tus sollozos no responden.

No me preguntes el porqué,
mi señora, lo desconozco.
La solución de tus acosos
solamente la sabe él.

Ansía mitigar tus llagas,
pero su boca permanece
sujeta a los firmes grilletes
de la Parca.


Orlando[/b][/size]
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #5 : Agosto 25, 2017, 10:17:55 »

Lady Ágata

   
La ordalía

El dolor arrebata mi energía,
asesino puñal que me perfora
desgarrándome el cuerpo sin mejora.
Persistente y terrible la ordalía.

Esperpéntico horror, brutal arpía,
compadece al despojo que te implora
de la Parca descanso eterno añora,
el final del suplicio y su agonía.

Gavilanes con plumas esmeralda,
carroñeros de pico despiadado
ensartarme quisieran por la espalda.

Inocente paloma huyo al cielo,
la estulticia desoigo cual pecado.
En la muerte se encuentra mi consuelo.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #6 : Agosto 25, 2017, 10:46:47 »


Rosa

Victrix

Aguerrida e imbatible,                         
perfil de graciosa estampa,
has moldeado tu efigie   
en el frente de batalla.

Ves abiertas tus heridas,
solaz de mórbidas úlceras,
mandamiento de osadías   
e indignidades  espurias.     

Riges perennes contiendas
por la vil admonición   
e insultantes anatemas
del humano resquemor. 

Invicta y lúcida Psiquis; 
incólume te sometes         
a la acibarada bilis               
de animadversión creciente.

Firme, erecta como el risco 
acechando en lontananza,             
cuya cima acoge el nido     
de magnificentes águilas.                 

Trashumante incombustible
en flébil nidal de llanto,
portas en la frente el timbre
del apóstol inmolado.

El amor te reconoce   
en su luz y paridad;       
hienda su espada y destrone
a la ignominia y su mal.     

Rosa (28/9/2011)
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #7 : Agosto 25, 2017, 10:52:16 »

El reto de vivir (abecedario)

De mi silencio altivo soy cronista,
augur y nigromante solitario,
un envolvente infolio elucidario
para glosar el caos ateísta.

Dibujaré mi credo absolutista.
Estimo de la vida el silabario.
A de amar, con la fe de un presidiario,
el firme resurgir idealista.

B de sentirme brote sin destino,
aliento, chispa  azul, una bengala
orlando los acordes del exceso.

La C, corriente fresca, un diamantino
preludio desafiante, la antesala
furtiva del amor y el embeleso.

 Augustus

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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #8 : Agosto 25, 2017, 11:42:32 »

DANZA DE LILAS
     
       Ejecuta el árbol su danza de lilas;
       aromas sublimes,
       baile embriagador frente a mis cristales.
       Las huestes del viento humillan las hojas.
       Es mi primavera colmada de lirios,
       perfiles oscuros;
       pretil sin resumen de la mariposa.
       Sin su lar de flores peregrina el sueño,
       vaga entre las dunas, por los campanarios,
       en tripudio triste, sin voz y sin música,
       carente de abrigo…
   
 
       María Bote
       
       abril del 2008
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #9 : Agosto 25, 2017, 11:52:09 »

FULGORES Y CRISTALES

Soy arcilla en tus manos de alfarero;
aromosos, floridos ventanales
y luminosas fuentes de vestales
se funden en tu líquido aguacero.

Y calmara tu sed mi abrevadero
revestido de urgentes bacanales;
con alas de fulgores y cristales
seré la mariposa en tu romero.

Plenitud de verano,
nocturnos diapasones de las rosas
entrelazando pieles a porfía.

compendio de armonía
en mansiones de luz, esplendorosas.
Tu pulso en mi latido, soberano.

María Bote
15 – 2 - 2014
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #10 : Agosto 26, 2017, 01:31:51 »

Gisela

   
¡ Al Sur, Alma Perdida !

~~~~~

Rebelde, el absoluto desacato,
sorda a las profecías del destino,
las campanas con toques a rebato,
plasmaré mi pensar en pergamino.

~~~~~

Osadías en voz de un alegato,
palabras con un tinte matutino
de denuncia a lo vil de un mundo ingrato.
Sendero por breñales, mi camino.

~~~~~

Cansada de volar sin rumbo cierto
no acato los designios de la vida,
en esta magnitud un cruel desierto.

~~~~~

Colofón con mesura en la partida,
hallando el as del triunfo. Mi concierto,
Lid con victoria. ¡ Al Sur, Alma Perdida !
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #11 : Agosto 28, 2017, 08:14:21 »

Corregido en el foro Metáforas de Diana Gioia.

A golpe de cuchillo y de machete
usamos la palabra, puño cruel,
combate la perfidia del hacer
penoso de un gobierno negligente.

Pues por la Sanidad y Educación
lucharon los mayores con ahínco.
Ahora privatizan los ministros
lo público con cheque al portador.

Las hienas del chaleco y la corbata
se creen paladines del Mandato.
Psicópatas de rostros maquillados,
corruptos del poder y de la fama.

Si la gente protesta son los negros
o azules o amarillos. ¡Quizás rojos!
Personas cabreadas por los fondos
ocultos en países extranjeros.

¿Aquí termina  el caso? ¡Qué locura!
No queda popular soberanía.
Tu voto dame y vete a la oficina
de Cáritas, consuelo de tus dudas.



(c) María Teresa Aláez García. Mayte Aláez. Mtiag.Pernelle.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #12 : Agosto 28, 2017, 08:15:43 »

Wella


***Palabras muertas***
 
Baúl de absurdos miedos y oropeles,
fantasmas y demonios del antaño.
Escondes las reyertas, rotas pieles
zurcidas; cicatriz inmune al daño.
 
El tiempo desdibuja con pinceles,
la historia de papel. Me sabe a engaño.
Invoco los motivos a graneles
de heridas con matices de castaño.

Confusa, persevero, no sucumbo,
rescato doce páginas desiertas,
episodios de ayer. Un manuscrito
 
carente de un pasado va sin rumbo;
sus palabras volátiles y muertas,
surten de poesía al infinito.
 
29/05/2006
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #13 : Agosto 28, 2017, 08:20:27 »

HOMBRE RÉPROBO (Cavatina)
 
I
Ilusiones prisioneras
por el miedo a la locura,
lémures de la cordura
hostigan las horas hueras
con esperanzas austeras,
fruto de la autocensura.
 
II
El Hombre indigno del Ángel
es ciego de primaveras
condenado a la amargura,
sin gozar de la aventura
y quemarse en las hogueras
de pasiones placenteras.
Así hasta la sepultura.

mariaValente
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #14 : Agosto 28, 2017, 08:23:04 »


   

INOCENCIA: FLASH BACK

“ Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla”
Antonio Machado                   





RETORNO

Después de varios lustros inmerso en la marabunta de la vida, regresé. La brisa invernal besaba mi cara al penetrar en la casa. El crujido de mis pasos contrastaba con su silencio. Hueca, tras la muerte de mi madre, aún creía percibir avalanchas de risas y sollozos. Arrugué mi nariz ante el inconfundible olor de aspidistras y aureolas que, todavía, adornaban un pasillo abierto a gélidos dormitorios. Al apoyarme contra las desconchadas paredes, casi me confundí con los olores de la  cocina de otros tiempos. Allí se entremezclaban cuentos, sabores y el chispear  de una hoguera casi dormida. De  golpe, acaricié el mundo del corral, donde violines de antiguas aves amortiguaron mi tristeza. Luego, mi olfato me lanzó hacia lejanas rosas, y en ese momento sentí el corazón de mi infancia perdida .

AÑORANZAS

 No podía concebirlo. Aquello supuso el final de un sueño: el de mi infancia.
  Era muy niña cuando vi cómo el sol de una baranda se deshacía en mi retina, mientras mi boca saboreaba el queso duro del terrazo. Todo era inmenso, hasta la música de los periquitos del patio. Un palacio encantado me acunaba a través de peldaños hacia una estancia sobria. En ella, el crujido de las sillas se mezclaba con el calor del picón junto a unas retahílas de ríos y tablas de multiplicar. Se punteaban letras y números en una sábana negra llamada pizarra. El suplicio comenzaba por la tarde: tela, aguja e hilo enredaban mis dedos. Entonces me acoplaba en la ventana para observar la destartalada casa de enfrente. Allí, fantasmas y monstruos intentaban asaltar el palacio de nuestras ninfas. Un día consiguieron extender su manto putrefacto. El brillo de nuestra mansión fue sustituido por inverosímiles cotilleos que condujeron a nuestras dos hadas a perder la vara mágica de la enseñanza, y a nosotros a embutirnos en el laberinto frío y oscuro de nuestra nueva escuela.


ANGÉLICA

   El acento del arroyo trae murmullos; el de los rostros, el significado de un nombre o su antídoto. Angélica era el único caso donde convivían ambas opciones.
  Sus ojos de amaneceres, unidos a la blancura de su piel y al sol de los rizos de su cabello, la convertían en una visión dulce. Tales atributos se oscurecían al moverse por nuestra isla sin asfalto.
  Era nuestra infancia un soplo de sombras deshilachadas cuando ella, como un regalo del cielo, apareció. Cubrió la tristeza con la magia de los sueños, al paliar los fríos de nuestras vidas.
 Su madre, una viuda aún bonita, perdonaba sus travesuras diciendo: “Vuela, pajarillo, mientras puedas”.
 Al calor de estas palabras deambulábamos sin sobresaltos por nuestro reino. Por la tarde, tras salir del colegio, comenzaba el recorrido. Primero visitábamos el taller de Arácnida, cuya mirada se desvanecía entre nuestras idas y su costura. De allí hurtábamos alfileres y retales para construir un mundo donde poder escucharnos.
    Luego, traspasábamos los gemidos del aire en el refugio del  hada madrina, donde ella nos conseguía con su varita mágica tablas y puntas. Últimamente, sufría un maligno conjuro que la obligaba a zarandearnos con su escoba. El cambio se produjo cuando Angélica grabó en la frente de su nieto una brecha.
   Más tarde nos dirigíamos a la cueva de nuestra esfinge. Allí, a escondidas,  observábamos cómo una hembra dominaba a toda clase de hombres con su libertad.
   El tiempo transcurría entre andanzas y juegos, lejos del triste hábito de las calles.
  Un día, Angélica agudizó sus sentidos hacia la casona, lugar tenebroso y cerrado, razón por la cual siempre pasábamos de largo. Era tarde, una ventana abierta nos ofrecía objetos maravillosos. Angélica, al contemplarlos. murmuró:
   “Las cosas están enojadas, algo malo debe de ocurrir. Los cuentos hablan de princesas cautivas por dragones. Nosotros, valientes soldados, las rescataremos”.
   El sonido de su voz nos descolocó, el olor de aventura nos puso a sus órdenes. Desde entonces, acechábamos cualquier descuido de sus habitantes para introducirnos en el palacete. Un domingo, al dirigirnos a misa, descubrimos una abertura. Olvidamos nuestros deberes y comenzamos a cavilar sobre la forma de penetrar en sus fauces. Angélica cogió a su paje y lo introdujo en un patíbulo de hierros. El cuerpo pasó, la cabeza se quedó enganchada. La niña lloraba, un cancerbero nos lanzó sus gruñidos:
   “Angélica, eres un demonio, de ésta no te libras. Verás cuando se entere tu tío, el capitán falangista. Don José, el cura, lo tiene al tanto de todas tus fechorías. Esta vez te has pasado al ultrajar los aposentos de Doña Ana, santa mujer, cuya morada será el cetro de Dios”.
   Corrimos al escuchar el colérico canto. Al advertir la pérdida de la pequeña Julia, Angélica decidió volver, yo también.
  Al llegar, nos hundimos en el silencio de un portón entreabierto. Entramos, el invierno se introdujo en nuestras entrañas. La madre de Angélica, de rodillas, le lloraba a Doña Ana con una súplica:
 “¡No!, ¡a ella no!, ¡ya me dejasteis sin marido!, ¡no os llevéis también a Angélica!”.
  “Lo sacrificamos por el bien de todos: era rojo. Debes ser valiente como el capitán lo fue al eliminar a su hermano. Angélica lleva sus genes, se perderá, con mi ayuda apagaré las alas de un corazón tan abrasador”.
 Por primera vez vimos el hilo del humo picotear la lluvia.
 Angélica se fue hacia su madre, la levantó con cariño y susurró:
  “Vamos, mamá, ya es hora de volver a casa”.
  Un movimiento de Doña Ana interrumpió la escena. Don José y el capitán aferraron a Angélica y la transportaron al interior. La bruja nos expulsó de la siniestra mansión, y nos dejó a la viuda,  su hija pequeña y a mí aporreando una puerta cerrada. Agotadas, regresamos. Yo seguí con la fuga de nuestro Peter Pan, mas los sustantivos perdían sus arrebatos ante nuevas nubes. Poco a poco dejé de contar estrellas; sin embargo, las praderas reflejaban a nuestra heroína con nuevos vocablos. Éstos se fijaron hasta abrir las brechas de un nuevo futuro.
     
   
   


















 
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