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Ricard. In memoriam, 7 de agosto de 2009.
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Autor Tema: Agosto 2016  (Leído 12633 veces)
0 Usuarios y 2 Visitantes están viendo este tema.
María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #15 : Agosto 11, 2016, 10:16:46 »

EN LA ARENA (Triolet)

Despertó, bravío, el viento,
a mi dermis besa, ardiente,
y un susurro lame, cruento.
Despertó, bravío, el viento,
se desvela el ojo atento
al leer tu carta hiriente.
Despertó, bravío, el viento,
a mi dermis besa, ardiente.

mariaValente
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #16 : Agosto 12, 2016, 11:49:15 »

BRIZNAS CONCATENADAS


La soledad es mi vida
vida, ánfora de sueños
sueños lúgubres de ritmo
ritmo pardo por otoño
otoño del ala rota
rota curé mi vereda
vereda, alegre laúd
laúd que inunda mi cara
cara fácil de un amor.

Irene
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #17 : Agosto 13, 2016, 10:11:47 »

Canción para Gisela
                            a la fiel amiga cubana.

Alegre un día estaré
bajo el cielo carmesí
—playa, sol, canciones, bailes—,
paraíso de Martí.

Para impregnar en su arena
la nostalgia guaraní,
elegías de mi gente
con los cantos de Martí.

Vergel de La Mariposa,
¡ay, tierra del alhelí!,
isla de los invencibles,
alma tenaz de Martí.

Y traerme de un sinsonte
poesía y frenesí
—Gisela Cueto Lacomba—,
de la Cuba de Martí.

Calendo Griego
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #18 : Agosto 15, 2016, 05:08:58 »


El tonto


Por la calle principal del pueblo llega el Tonto. Es como un gigante greñudo o un oso vestido de harapos. Camina retorciendo los pies, encorva la espalda y babea, viene diciendo:

—Bu, bu, bu.

Detrás de él, encima de unos cerros, se ven unos nubarrones.
Sentados en uno de los bancos de la plaza hay tres viejos, el de la izquierda mira hacia donde viene el Tonto y dice:

—Mirad, ya viene el joven ése.
— ¿Qué? —dice el de la derecha.
—Allí, Quirino, allí.
—Ah, sí, vaya unas pintas que trae el asqueroso.
—Pobre Rebujo —dice el del centro.
— ¿Rebujo?...  —dice Quirino— ¡Tonto, Tonto a secas!
— ¿Adónde irá?
—¡Adónde va ir a el piojoso! A hurgar en algún cubo de basura.

Tamizado por el vapor de agua de las nubes, el sol pica.
El Tonto se acerca entre fachadas de cal deslumbrante y ventanas con macetas llenas de geranios. Cerca de la plaza, una puerta grande de madera antigua con un letrero: Tahona.
Alrededor de los tres viejos, unos muchachos, vestidos de futbolistas, no dejan de corretear detrás de un balón, uno mira a la tahona y dice:

—¡Huy, qué bien huele!
—A pan recién hecho —dice uno.
—¡Hum, y a bollos! —Afirma otro—. ¡Venga, centra!

Un crío, con pantaloncito corto y azul y una blusa de color blanco, está sentado en la misma puerta de la tahona.
El viejo de la izquierda, después de guiñar un ojo al de en medio, mira al de la derecha y le dice:

—Quirino, ¿es verdad que estuviste novio con la madre del Tonto, antes que el Tonto naciera?
—¿Yo? ¡Quiá! ¿Estás loco o qué?
—Conocí a esa mujer de vista —dice el del centro—, era tan alta como Rebujo, y guapa...
— ¿Guapa esa puta? —dice Quirino y escupe en el suelo.

El de la izquierda hace otro guiño al del centro y dice:

—Quirino, se oye por ahí que el Tonto podría ser hijo tuyo.
— ¿Quién, ese pordiosero zagal mío?, ¡me cago en la…! Así reviente ese asqueroso, igual que reventó la puta su madre.

Los muchachos futbolistas están de pie al lado de los tres viejos, les escuchan con atención.
Quirino mira hacia el Tonto con los ojos en sangre.
El crío del pantaloncito azul ahora juega, en cuclillas, en medio de la calle, vuelve la cabeza hacia donde viene el Tonto, hace un puchero, se levanta, quiere correr hacia la puerta de la Tahona pero se pisa uno de los cordones de sus zapatos.

—¡Mirad! —dice el viejo de la izquierda—, el nieto de la Remigia se ha asustado del Tonto y se ha caído.

El crío tiene la cara pegada contra los cantos del suelo, llora. Al Tonto aún le quedan unos metros para llegar hasta él, pero acelera su paso renco, va con los brazos extendidos, con las manos abiertas, sin dejar de babear ni de decir:

—Bu, bu, bu.

Una mujer, con un mandil negro y las manos manchadas de harina, sale dando zancadas de la tahona, embiste con el hombro al Tonto y, vista y no vista, vuelve con el niño en brazos, limpiándole la sangre y la tierra de la cara, sin parar de relatar:

—¡Ay! Verás cuando llegue tu madre, verás cómo me la lía, y con razón, en qué mala hora te habré dejado salir solo a la calle, en qué mala hora.

El viejo Quirino mira hacia la mujer y la grita:

—¡Eh, Remigia! El Tonto ha agredido a tu nieto.

El niño sigue llorando.

—No llores mi vida —dice la mujer— ¿Qué te ha hecho ese Tonto asqueroso?

El Tonto se ha parado en medio la calle, babea y mira hacia la mujer con cara de no saber qué pasa.
La mujer, que está justo debajo del letrero de la tahona, se vuelve hacia el Tonto y le grita.

—¡Tonto piojoso, así revientes!
—Di que sí, Remigia —grita Quirino—, algún día ese monstruo hará algo, a tu nietecito o a otro zagal, algo que ya no tenga remedio.

Los otros dos viejos se miran sin decir nada.

—¡Te vas a enterar! —grita la mujer al Tonto, luego mira hacia los tres viejos y les grita—, voy a llamar al cuartelillo, a ver si meten de una vez en la cárcel a este monstruo asqueroso.

La mujer, con el niño aún llorando, pasa dentro de la tahona.



El Tonto hace rato que llegó a la plaza. Primero empezó a hurgar dentro de unos cubos de basura, luego se sentó allí mismo, en el suelo, al lado de los cubos, apoyando la cabeza en sus rodillas.
Quirino, sin levantarse del banco, arquea las cejas, no ha dejado de mirar al Tonto.
Empieza a tronar. El aire se arremolina y trae olor a estiércol .
Los muchachos futbolistas corretean de nuevo, uno da una patada y el balón va hasta los pies del Tonto. El Tonto da un respingo y levanta la cabeza, parece desorientado. Los muchachos le observan de lejos, no se acercan, uno grita:

—¡Eh tú, Tonto, tira el balón!

El Tonto se queda mirando a los chicos mientras se limpia las babas con el antebrazo, luego mira al balón, sonríe divertido, dice:

—Bu, bu, bu.
—¡Asqueroso, piojoso; echa el balón! —grita otro de los muchachos.

Todavía no llueve, pero empieza a oler a tierra mojada.
Los muchachos no paran de insultar al Tonto, de lejos.
El Tonto, sin levantarse, coge el balón y se lo tira a los muchachos. Luego vuelve a apoyar la cabeza entre sus rodillas.


Acaba de llegar el Land Rover de la guardia civil y ha parado enfrente de la Tahona. Sale Remigia. Quirino se levanta del banco y va a reunirse con los guardias y la mujer. Los otros dos viejos y los muchachos se quedan observando la escena desde la plaza. Cuando Quirino llega, tiende la mano a uno de los guardias y dice:

—Hola, cabo.
—Hola, Quirino, qué casualidad, hace menos de un cuarto de hora he hablado con su hermano, hoy está de oficial de guardia en el cuartel.

Quirino habla con el cabo y no deja de señalar con todo su brazo derecho y su índice, extendidos, hacia donde se encuentra el Tonto. El guardia escucha asintiendo con la cabeza, de repente se echa mano a la cara y mira al cielo, dice:

—Pues no hay más que hablar, Quirino, vamos, antes de que empiece a descargar agua.

Los guardias llegan al lado del Tonto, que sigue sentado, y empiezan a hablarle en voz alta. El Tonto levanta la cabeza y, sin dejar de babear, mira hacia arriba como adormilado. Los guardias le hacen señas con las manos para que se levante; cuando está de pie, para que junte las muñecas; después de esposarle para que ande. El Tonto obedece a todo sin rechistar, ahora camina delante, los guardias y Quirino le siguen de cerca. Cuando el grupo llega a la altura de Remigia el cabo dice:

—Señora, ¿y el crío?

La mujer señala con el dedo hacia dentro de la tahona.

—Dentro, mi chica le está curando.
— ¿Se ha hecho mucho?
—Una buena brecha.
— ¿Quiere que le llevemos al médico?
— ¡Quiá! Mi chica ha dicho que ella se encarga.
—Bien, pues vaya dentro, si la necesitamos ya la llamaremos.
—Vale.

Los guardias, el Tonto y el viejo Quirino, se marchan en el Land Rover.
Truena, relampaguea, empiezan a caer unas gotas gordas y enseguida a diluviar.
Los muchachos vestidos de futbolistas corren, uno de ellos lleva el balón bajo el brazo, van diciéndose entre ellos:

—Ojalá metan a ese Tonto cabrón en la cárcel.
—Sí, y que no salga nunca —dice otro muchacho.
—Ojalá —dice un tercero—. El Tonto es peligroso, a mí me da mucho susto.

Los muchachos desaparecen por un callejón.
Los otros dos viejos ya están a cobijo en la entrada de la taberna, uno le dice al otro:

—Rebujo no agredió al niño de la Remigia.
—Ya, ya lo sé.
—Y no es malo, no se mete con nadie; es tonto, sólo.
—Ya, ya, pero Quirino está bien relacionado, y si uno le lleva la contraria…
—Sobre todo en lo tocante a Rebujo…
—Eso. Y yo no quiero líos.
—Pero Rebujo no ha hecho nada, y lo más seguro es que le encierren.
—Míralo por el lado bueno: encerrado le darán de comer todos los días.
— ¿Y qué libertad es esa?
— ¿Que qué libertad? ¡La del Tonto! Anda, no le des más vueltas y vamos dentro, te pago un café.
—Pero...
—Pero nada, anda, vamos.
—Pobre Rebujo. En fin, vamos, la copa corre de mi cuenta. ¡Joder, vaya trueno!
—¡Y cómo llueve! Parece que se va a acabar el mundo.

Ojaldeb
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #19 : Agosto 15, 2016, 05:09:45 »

Tuya

Sobran   fulgores   que prendan   la llama,
con la caricia de tu piel me enciendes.
 Volcándome  la luz  de tu mirada
la lumbre se acelera y resplandece.

Carende
25/07/10
   
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #20 : Agosto 16, 2016, 07:46:55 »


Soneto para ti
 
Fuego que arde dentro de mí, siento
cómo mi cuerpo aguanta esta embestida,
es brío que avalora así mi vida,
amor que es obsesión del pensamiento.
 
Dios sabe cómo amo este momento
cuando Mayo te hace flor lucida
en corola de luces ya vestida,
tu plena madurez del sentimiento.
 
Aquí, bajo la encina ya englandada
pienso en la sombra hermosa de tus años,
goces son de este querer fehaciente.
 
Evoco el carmesí que sin engaños
mana en fontana fresca y deferente,
la calma de mi sed ilusionada.
 
                              Nardy
03-06-05
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #21 : Agosto 19, 2016, 05:17:27 »

BARDO TRISTEMENTE ENAMORADO


El Céfiro, sutil, en la intempesta,
tras bambalinas, entonaba un flébil
yaraví dimanante del coleto
calamitoso de una estrella azul.

El cántico sublime de la noche
descendió por montañas sollozantes,
pasando por llanuras y por ríos,
perdiéndose entre el ponto y mi sentir.

Las horas parecieron hechizadas
por el cantus solemne de la brisa.
Uniéronse a mi lloro los cocuyos.

Cubriome con su luz la blanca luna,
sabedora del rumbo de mi cáliz,
brindaba linimento a mi dolor.


Raúl Valdez

05/17/2012
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #22 : Agosto 19, 2016, 05:19:42 »

PADRE EN APUROS

Cuatro gorilones ribeteaban la puerta. ¿A qué tanta seguridad si sólo es una discoteca de serpientes emplumadas?, me preguntaba.

Jamás había pisado un sitio así. No por nada, sino porque no. Casi huí ante la visión del jugador de baloncesto metido a travesti; hay que tener huevos (¡!) para calzarse unos tacones de “chúpame la punta” de, al menos, 20 centímetros y ceñirse un vestido de lagarterana y una peluca con vuelo, amén de las capas de Titanlux.

Por lo demás, a primera penumbra, era un lugar normal, sólo que los hombres estaban con otros hombres, plumeando, y las mujeres con otras mujeres, bolleando, a excepción de una pareja que, imagino, era de adúlteros heterosexuales escondiéndose de entornos más comedidos en un lugar al que nadie iría a buscarles.

¿Por qué entré? Pasó lo propio, yo vivía feliz en mi mundo; un mundo en el que los hombres se ponían arriba, las mujeres abajo, la familia es una institución respetable de padre, madre, hijos, mascota y televisor; cada cual con sus roles aprendidos, sin posibilidad de equivocarse… y tal, todo en orden, hasta que un día mi dulce niña de 14 años me dijo: “Papito, soy como Safo”, “¿poetisa?”, “no, ¡lesbiana!”. ***

En rigor fue una declaración menos culta, sólo tenía 14 años  y será de ciencias, pero intento imprimirle una sonrisa a mis memorias. Pensad que ella se quedó tan a gusto después de la típica escenita de “no te preocupes, hija mía, te queremos igual”, lágrimas, besos, lágrimas… pero yo casi me caigo redondo al suelo, no sabía dónde meterme. Del pobrecito e intolerante padre nadie se apiada. Nadie.

Consulté amigos, foros, programas radiofónicos de alta madrugada, todos me decían lo mismo: has de abrir la mente, eres de otra época, fórmate, sal más a la calle, no temas comentar el tema con tu hija, la homosexualidad está en la naturaleza... ¡Puaf!

Me informé tanto que me saturé. Incluso llegué a violar su derecho a la intimidad, revisando sus conversaciones guardadas. Ojalá no las hubiera leído, tuve que ver cómo le comentaba amenamente a una amiga que “a Julia nunca se lo podré decir, temo que me rechace, es intolerante y, además, sería capaz de entrarme con preguntas morbosas sobre cómo me lo monto con mi chica, pero con Maite es distinto, porque aunque también pide detalles íntimos los pide por curiosa, de buen rollito, sin malicia, son cosas que se notan”.

Y así acabé metido en ese antro a esas horas. Mientras caminaba hacia allá sentía que todo el barrio me miraba de reojo, como si estuviera a punto de cambiarme de acera sólo con entrar ahí. Los que más pasaron de mí fueron los homos, más entretenidos en provocarse unos a otros que en criticar a ese marciano cincuentón.

Quiero destacar que las puertas de los baños estaban pintadas con los colores del arco iris… Sin comentarios.

Apenas entré, volví a salir. Asumí que hay cosas a las que uno no podrá acostumbrarse y ni siquiera podrá entenderlas, que no es bueno para los padres saberlo todo y que, más allá de categorías y barreras generacionales, soy su padre y la quiero.

Alpha Centaury

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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #23 : Agosto 19, 2016, 05:20:55 »

Fray Luis Miranda, el primer poeta de la ciudad de Buenos Aires (1538)

La aldea se desangra,
la imagen de la muerte
es hambruna y matanza.
El horror los envuelve.

El poeta transita
en las noches de siglos.
Susurran sus latidos
en rituales de rimas.

El resplandor del alma
en sus versos enciende
antorchas de palabras,
abre huellas rebeldes.

La crueldad aniquila,
ayuda el Dios del vino.
Desolado y herido
llora con hidalguía.

Repite en voz muy alta
su poema, conmueve
las memorias aciagas.
Es el silencio  oyente.

Lagrimea la herida
sobre los manuscritos.
La creación, un río
eterno: agua viva.
                    Liliana Valido
                           
Inspirado en Misteriosa Buenos Aires (1538) de Manuel Mujica Lainez (cap.” El primer poeta”)






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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #24 : Agosto 19, 2016, 05:22:01 »

BIOGRAFÍA FALAZ DE MARIO SAN EMETERIO


Ahora que la memoria de Mario San Emeterio empieza a enfriarse, los políticos cosmopolitas y los aburguesados incultos pretenden que vio la luz en el Paseo de Pereda, en un bello edificio con vistas a la bahía. Yo sé que no fue así. Mario debió de nacer en un Cahecho o en una Soba, alejado de la costa y de sus laxos placeres. No encontró el colegio, sino la dura piedra bajo el arado y el aburrido estío cuidando de los bóvidos en algún puerto de montaña. Se ha dicho que su primer beso fue con doña Beatriz Pereda de Velasco, pero no es cierto; mucho antes de conocerla ya se perdía prados arriba de la mano de cualquier muchacha con pantalones. La muerte de Franco le cogió con veinte años, bajando al pueblo para comprar caramelos. No le afectó, ya que en su casa no tenían televisión, y se mofaba de las historias contadas por su madre acerca de unos hombres que se echaban a los montes en espera de tiempos mejores.
   No se sabe con seguridad cuándo escribió su primer poema, puede que a los doce o a los catorce. Aquél que le dio la fama, plagado de errores acentuales e incoherencias sintácticas, fue parcialmente publicado el 28 de julio de 1973 en una esquina del Alerta. Por razones desconocidas, dejó la pluma nada más se conoció su nombre.
   Poco más puedo referir que no se haya contado. La Gran Enciclopedia de Cantabria le dedica una página entera alabando sus versos y destacando los más escabrosos detalles de su vida. Sólo una cosa se le escapa. El día en que lo mataron –yo, que estaba a unos pasos, lo vi todo- no exclamó: «¡Te despido con honores, Cantabria!». Sus palabras, más mundanas y menos dignas de figurar en una obra científica, fueron éstas: «¡Ay, amigo,  los cabrones me aguardan!»


Dage
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #25 : Agosto 25, 2016, 03:18:33 »

https://www.metaforas.com.es/diana-gioia/versos-blancos/5perfume/

(9-10)Prodigio/Madrugada

© 2015 A.Emma Sopeña Balordi

Esplendor ISBN: 978-15-0888-438-5



 

PRODIGIO
Olvida la mañana,
es pérfida y derrumba el rascacielos
donde habito elevada a tus abrazos.
 

Dilátame la noche,
intérname el secreto de la dicha
y no amanecerá mientras sepamos
definir el prodigio.
 



 

 

MADRUGADA
 

Se desliza la tarde entre las hojas,
discurre lentamente como entonces
malograba la euritmia de los besos.
El cotidiano eclipse me convence:
la noche sembrará la madrugada.
 

 Diana Gioia
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« Respuesta #26 : Agosto 25, 2016, 03:21:48 »

Ángela

Ella se acercó a él, puso su mano derecha sobre la mejilla de Víctor,  le miraba feliz.
-Sin tus labios, regaliz tontorrón- dijo-no habría disfrutado este mal día-.
Ella amaba a otro, pero deseaba los brazos de Víctor.
Al atardecer, toda la esmerada educación que Angela había recibido, quedaba aletargada por los impulsos de su deseo. Todos los miércoles, buscaba cualquier excusa para salir unos minutos antes del trabajo. Sus compañeros intuían el objeto de sus escapadas, apenas algún comentario irónico al día siguiente.
-Deja de mirarme- le dijo ella -nunca me mires después;  te lo he dicho tantas veces ya...-
-...Que debería recordarlo, lo sé- le contestó él.
Le miraba conteniendo un golpe de ira, que hubiera estropeado quizá su furtiva relación.
-Así es- le recordó.
-Los dos sabemos- dijo él -lo que hacemos aquí, vienes y tomas lo que precisas y te quieres ir... como si nada hubieras hecho; no curo la mala consciencia-.
El silencio de Ángela, mientras acababa de peinarse, indiferente ante el espejo, que le mostraba su rostro en aquel cuarto de baño; un rostro satisfecho a la vez que molesto.
-No quiero discutir contigo- fue lo único que respondió,  conectó su teléfono móvil y lo introdujo en su bolso; salió a la calle sola, despacio.
Las ciudades,  son laboratorios en donde los demonios experimentan,  las calles ríos de caras que no deseas mirar.
Y él la abrazaba como ningún otro podría hacerlo; ella le deseaba y no quería perderle, no podría explicar sin embargo, la desazón  que le provocaba, entregarse así,  a la naturaleza más animal de sí misma.
Volvía a casa; como todos los miércoles, algo más tarde de lo habitual con su sonrisa y su personalidad adusta y centrada.
-¡Ricardo!- llamó nada más entrar.
-Estoy en la cocina- la voz de Ricardo guió sus pasos y fue hasta la cocina; le abrazó.
-Te quiero- le dijo.
Él se sintió feliz y amado, la abrazó y le dijo cuanto le amaba él también.
Ella le miraba; le miraba a los ojos y él no veía en los de ella  nada extraño, salvo a una mujer que decía amarle.
-Si supieras- pensaba ella,  mientras su sonrisa acariciaba la mirada de Ricardo. -si lo supieras....
Ricardo volvió al asunto que le ocupaba,  ella le observaba; desde hacía días que quería contarle lo que ocultaba, pero el miedo, la pereza, el acomodamiento y el interés lo impedían.
Al cabo de unos minutos,  Angela abandonó la habitación,  estaba ansiosa y meditabunda.  ¿Serviría de algo confesar su infidelidad, cuando jamás abandonaría a Ricardo a cambio de un semental?.
Convencida de que Ricardo no entendería nada,  que no podría entender que ella, le amara hasta sufrir. Cada noche de miércoles agonizaba bajo el techo de su casa, cubierta por las mantas y delante del espejo.
-¿Te preocupa algo?- Ricardo la observaba y se acercó a ella.
-No, el trabajo.
-Entonces déjalo para mañana.
-Sí- sonrió Angela -mañana quizá será mejor.

Altabix

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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #27 : Agosto 25, 2016, 03:23:16 »

III
Tengo envidia de él.

Absurdo y triste
temerle en tu presencia,
amarte porque me trastoca.
Odio si ansía
sitio en tu cama.


Tengo rencor.
Con el verdoso
satén que tu nuca recoge
le impido
imaginar tu viaje
o que con tus perlas fabule.


Tengo envidia de él.
Tú me susurras:
un bufón estival
desata su llanto infeliz.
Mi cólera enfervece.

Pernelle
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« Respuesta #28 : Agosto 25, 2016, 03:24:19 »

NACIMIENTO


En un ocaso suave, de risas y pastores,
la tierra se llenaba de crecientes rumores
y en un pueblito hebreo, bajo el yugo romano,
daba a luz una Virgen, en un portal cercano.

Al nacer ese niño, que salvaría el mundo,
la humanidad tomó un porvenir fecundo.
A adorarle llegaban de múltiples rincones,
le traían presentes, entonando canciones.

En esa misma fecha, de distantes regiones,
tres Magos arribaban con la piedad patente.
Ante Dios accedía toda clase de gente:
pastorcillos risueños, de cortos pantalones,
ilustres publicanos, de grandes posesiones;
plebe buena y humilde que tan sólo pedía
paz, amor y trabajo. El Niño, en su utopía,
se despertó sonriendo y, con fértil ternura,
a todos les bendijo en celestial ventura.

Era una noche clara… con brillos de armonía.


Candela Martí
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #29 : Agosto 25, 2016, 03:25:16 »

SALDO FINAL

Deshabitada, como el desliz breve
del saldo final
de una ilusión sin compromiso,
en ese recodo me siento
estando lejos de tu geografía.

 (Freya)
1º de Abril 2012.
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