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METÁFORAS => BLOG del FORO METÁFORAS => Mensaje iniciado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 10, 2019, 11:16:25



Título: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 10, 2019, 11:16:25
NAUTA PERDIDA
(Cobla Catalana)


Senderos de sibilas amapolas
aturden sin respiro mi cordura.
Su mayo, mes de génesis, de amores;
mi otoño convertido en primavera.
Encadenada al mástil de la nave,
me envuelve de las sílfides el canto.
Es el momento de soltar los nudos,
voy dispuesta al desastre por el gozo.

Al fin, acaricié las amapolas
soñadas en mis tramos de cordura.
No sufro por exánimes amores,
mas me rindo a su altiva primavera.
Mi tozudez encallará la nave
en el bronco arrecife de su canto.
Medrosa, desasiendo voy los nudos
para llegar al vórtice del gozo.
     
Rocío tan acerbo de amapolas,   
Vergüenza por la apática cordura,
a sus pies arrojasteis mis amores,
hipérbaton de otoño y primavera.
Rendida, mi respiro está en la nave,   
junto al embaucador runrún del canto.
¡Inútil artimaña de los nudos!
Patética estulticia por el gozo.

Persiste en tu linaje de amapolas.
Déjame con mi resto de cordura.
Construyo un cenotafio a mis amores,
allí sepultaré mi primavera.
Las otras quedarán, como mi nave,
presas del laberinto de tu canto;
hendiste sueños, vil desatanudos.
Vomito la memoria de aquel gozo.   

mariaValente


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 10, 2019, 11:18:26

Irene

EL EXTRAÑO CASO DE LA GOTERA OXIDANTE

   La mancha de óxido sobre el gris descolorido del terrazo podría abrir la puerta de la verdad. Inerte, aún me dolía el pensamiento, a pesar de haber transcurrido cinco jornadas. No podía descansar, continuamente forzaba a las estrellas vespertinas para que silenciaran los llantos. Las cabezas deberían permanecer frías, alejadas de cualquier emoción. El sereno retorno al pasado lo aclararía todo, y más en una tierra donde la palabra “homicidio“ había sido arrancada del diccionario por historias y sucesos trágicos; lo normal era silenciarlo con el termino “suicidio“. Todo perfilaba esta posibilidad: la jeringuilla, restos de coca, el cerco morado de sus ojos … Era la escena ideal, excepto por el oxido reciente que impedía cerrar el caso.
  Todo comenzó cuando las letras empezaron a impregnarme de un maravilloso olor hasta ahora desconocido. Ellas me llevaron a una habitación moderna, donde se batían frases hasta elevarlas a cuentos y poemas. Era un mundo mágico, lleno de belleza y arte. Tanto era el deseo de perfección que, cansada de buscar la inspiración, decidí acabar con mi protagonista; y lo habría conseguido de no ser por el óxido que mi bolígrafo dorado dejó al caerse sobre la primera gotera del edificio.


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 10, 2019, 11:53:50
Calendo Griego



La noche

Tuyos son su sombra y eterno cobijo,
procura llamarla soledad intensa,
nutrirte en su ubre,
sufrir en su abrazo
el ardor oscuro de su fiel caricia.

Alma codiciosa, lánzate a su abismo,
busca sus arcanos,
oye las cadenas
de métricos gnomos, redondas palabras,
pulsos de su enigma.

En su pozo antiguo,
inflamando estrellas,
húrtale a la luna su sangre de verbos
—húmeros del canto—
y calma el temblor de tu vena íntima.

De pasión mudable, su rostro infinito,
ama su desánimo
perdiéndose, rosa
galáctica, etérea,
en el hipogeo de la luz del día.


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 11, 2019, 12:14:55
ojaldeb

*****

El azul se esconde tras las nubes

de una boca ensangrentada.

¿Quién sabe más del silencio?



Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 11, 2019, 12:18:12
El tsunami del 26 de diciembre de 2004
en el océano Índico.
Olas asociadas al maremoto devastaron
las líneas de la costa alrededor del Océano Índico,
matando a más de 70.000 vidas...
 
 


ME CUESTA MIRARTE


Mar en otros lares
ocupas tus costas,
feroz y salvaje,
dejas cataclismos
en súbito avance,
mezclando a sus gentes,
en légamo y sangre
y aclaran el barro
sollozos de madre.
¡Dolores eternos
de almas errantes!

Siendo tú mi amigo,
mi paz y templanza,
mi  corazón  tiñes
de negra mirada
y azota  tu envés
mi torso y espalda;
ahora  te juzgo,
siendo mi amalgama.
¡Ay,  mar qué me hiciste,
por ti,  suspiraba!

Entregué  en tu orilla
murmullos de tactos,
 y embebió  tu arena
nutridos  quebrantos,;
de mi cuerpo y mente
libraste  desgarros.
¡Tú,  cómplice fiel,     
de lutos  callados!

Sobre tu oleaje
tejí fantasías;
siendo eterna musa 
de versadas rimas.
Creé en tu infinito
un rincón de dicha,
en el que fui parte
del vergel de euritmia
y ensoñé un final
libre, sin espinas.

Ay, mar traicionero.
En tu orilla incrédula,
se ciñen celajes,
olas plañideras;
recuerdos sombríos
de avalancha ciega.
Mas en la corona
de tu espuma inquieta
anhelo rizarme;
¡por Dios que me cuesta!
Me seducen  cantos,
me arrollan tus fuerzas.
Majestuoso mar,
vuelvo a tu ribera.

Carende
20/04/10


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 11, 2019, 12:30:43
SONETO DEL OLVIDO

Ciego voy por un mar sin esperanza,
la muerte llevo fiel como ayudante,
sangre volcada en manantial amante,
en garra fiera el corazón me alcanza.
 
Las huellas del reguero que hoy avanza,
muestran mi amor sin fe que ya anhelante,
lleva mi pecho herido, lacerante,
escondido entre brumas de templanza.
 
Mi vuelta hasta la senda del olvido
a la deriva lleva mi velero,
brunas aguas sin norte y sin oriente.
 
Sitian mi navegar de amor perdido,
nada culpo a tu luz ya sin esmero.
Acuso a tu mirada indiferente.

Nardy
23-5-05


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 11, 2019, 12:34:26
RACIMO FECUNDO.
 
¡Que te festejen los dioses con liras!
¡Que las arpas se pulsen en tu honor!
¡Derrame la azucena su rubor
a los rezos rojizos de las piras!
 
Cabriolas de unicornios y sus iras
transmiten a  los ángeles tu ardor,
resplandeciente Uno y Trino, Amor.
Ya en sus moradas con Jesús suspiras.
 
Corona de laurel en tu cabeza
pues supiste adorarme hasta el extremo,
sutil, ágil autor de tu proeza.
 
Mi nave condujiste con tu remo,
salmos por tus vigilias y pureza.
¡OH, Racimo Fecundo, nada temo!


Mª Antonia


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 11, 2019, 12:48:08
ARMONÍA


equilibrio
malabares
estrategia
ajedrez

teoría
religión
mandamientos
actitudes

inquietud
aventura
decisiones

saturado
maremágnum
existir


Raúl Valdez

08/12/2011


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 11, 2019, 01:00:12

Alpha_Centaury

Napoleón

Aquel temprano día de octubre, mi ánimo emulaba las oscilaciones del  tiempo. Nada me provocaba una sonrisa. Nada despertaba mi llanto. Nada era capaz de arrancarme a escribir y yo, sin mi arte, no soy yo. Decidí llamar a un amigo con quien comparto esta extraña afición; era el único en mi entorno que podría comprenderla. Su veredicto fue implacable: “Enamórate. Ya. De quien sea”. Hallé sentido a su consejo, aunque jamás me había propuesto enamorarme a voluntad para dar fuego a mis letras. Siempre ha de haber una primera vez para todo, dicen.

Me acicalé, tal y como lo haría si me aguardara una cita importante con la vida. Dediqué horas de esfuerzo a estar perfecta; tenacidad indicativa de mi desesperación.

Cuando el espejo me concedió su bendición, salí a la calle… sin rumbo.

Las calles aquel día parecían estar en especial habitadas por hombres. Hombres que trabajan, corren en chándal – como si huyeran de su sombra-, sacan el perro a pasear, compran… e insultan, resguardados en la intimidad del habitáculo de sus vehículos. Pero ¿quién nació para ser el muso de mis poemas? Todos se me antojaban tan cotidianos, tan vulgares, tan… en fin, tan poco inspiradores, que no merecían mi atención.

La situación dio un giro de 180º cuando le vi. Era un chico de aspecto quijotesco, joven, algo más alto de lo deseable, flaco, de ojeras profundas y aspecto descuidado. Su mirada indicaba que su alma escondía un tesoro de rebeldía; sus manos hablaban de conspiraciones y sus cejas de terribles tormentas. Estaba en el parque, haciendo aspavientos, rodeado por niños que le contemplaban embobados.

Era un cuenta- cuentos contratado por el Ayuntamiento en pleno intento oficial de fomentar la imaginación y el arte en las nuevas generaciones.

Cuando acabó de contar la historia a los chiquillos, me permití acercarme a él para felicitarle por su expresividad, buen hacer y por la valentía que DEMOSTRABA al intentar subsistir con un trabajo así…

- El secreto es muy sencillo- confesó- se trata de convencerte de la existencia de algo maravilloso en ti. Yo, por ejemplo (y no te rías, por favor) he decidido convencerme de que soy Napoleón-.

Y, al pronunciar el nombre de Napoleón, quiso sorprenderme con el típico gesto napoleónico de ocultación de mancha en la chaqueta, acompasándolo con un rictus tenso en el rostro y un envaramiento generalizado de su espalda.

No pude evitar reírme. Él sonrió.

- Te falla la ornamentación – le chinché. También HABRÍA podido decirle que le faltaba ser gordito, bajo y cabezón, pero sentí piedad hacia su desgraciado ídolo.

- No me has entendido. Yo no he dicho que quiera parecerme a Napoleón. He dicho que voy a ser Napoleón, que ya lo era, que lo soy.

No quise profundizar más en el asunto, señal clara de que había logrado mi objetivo: enamorarme. Ya se sabe que el amor es ciego. Deliberadamente se niega a detener su atención en cualquier aspecto de la realidad que entre en discusión con sus deseos.

El noviazgo no se hizo esperar demasiado. Quitando esa pequeña excentricidad, era un muchacho normal, aficionado al cine español, al rock y a salir de farra con los amigos. No caía en hábitos excesivamente insanos, cumplía con responsabilidad las exigencias de su oficio y toleraba con paciencia las malas rachas económicas.

No era una excentricidad que se notara demasiado. Sólo se revelaba en cosas puntuales. Lucía en su dormitorio un póster de la isla de Córcega; tenía instalados en su ordenador varios juegos referentes a estrategia militar; en sus salidas ineludiblemente degustaba brandy Napoleón; se burlaba de su hermano, más aficionado al alcohol que él, apodándole “Pepe Botella”; y, cuando se le cruzaban más los cables, me escribía alguna carta de amor llamándome “Josefina”.

Yo me decía que hay un sinfín de cosas peores que hubiera podido ser y no era: político, ex presidiario, drogadicto, sádico, legionario, aficionado a las revistas pornográficas, opusdeísta, policía, enfermo, hijo único, pendón… y que el afán por manifestar una identidad que no era la suya también se da en esas ingentes cantidades de personas que usan día a día Internet para comunicarse entre ellos. Parecía, más que un mal personal, una enfermedad social. Al fin y al cabo, él no usaba su identidad “napoleónica” para engañar a nadie o para seducir, sino para infundirse fuerzas e inspirarse, para superar con valentía las dificultades. Claro, llegada a este punto, acababa aplaudiéndole y enamorándome más de él todavía por sus defectos. Típico en hembras.

Normal que acabáramos casados dos años después, el 9 de marzo del 2008. La luna de miel fue, como suponéis, en París.

Ese mismo año se matriculó en la Escuela de Idiomas para aprender francés. Mostró tal interés que en año y medio podía desenvolverse en Francia sin grandes problemas. Los viajes a Francia se multiplicaron.

Yo no me quejaba, ya que el país de la Torre Eiffel y el Sena es muy digno de recibir visitas, pero comenzaba a fastidiarme su obsesión. Una tenía ganas de conocer otros lugares y, francamente, si tanto viajábamos era porque yo aportaba mi sueldo y nos apretábamos durante meses el cinturón con idea de ahorrar… pero cedía porque ¿es ese motivo de iniciar una pelea? En lo demás me tenía contenta, muy contenta… y en todos los manuales de autoayuda sentimental, los expertos afirman que no se puede pedir a la pareja que cambie; si no se la acepta como es, es preferible cambiar de pareja, lo que quedaba a años luz de mis planes de futuro.

Hubo una ocasión en la que, algo hastiada, comenté: “Cariño, deja ya a Napoleón, él en el fondo sólo deseaba ser Julio César y éste sólo quería ser Alejandro Magno, que, a su vez, sólo quería haber figurado en La Ilíada. Dedícate a ser tú mismo”.

Él me dirigió una mirada glacial. Yo temblé. Desde aquel momento algo quedó dañado entre nosotros.

Un día llegó a casa con una sorpresa. Traía dos documentos nacionales de identidad, uno con su foto y otro con la mía. En el suyo se leía “Napoleón Bonaparte” y en el mío “Josefina Bonaparte”. Al principio creí que sería algún artículo de broma que habría encargado por ahí, mas no tardé en averiguar que había acudido primero al Registro y luego a Comisaría para “actualizar” de esa forma nuestros datos.

Como no soy tonta (o eso creo) y a duras penas asimilaba lo que estaba viendo, me presenté en ambas entidades a pedir explicaciones. En el Registro supe que nuestros apellidos seguían siendo los mismos de siempre, sólo habían cambiado nuestros nombres. Me dijeron que dudaron seriamente de la salud mental de mi marido pero, armado con su propia libertad legal y un poder notarial que le firmé, obedecieron a su insólita petición. “Hay gente para todo, ya lo sabe”- se excusaron- “acuérdese de que la religión jedi consta como religión desde el momento en que estadísticamente tiene adeptos, y los tiene. Con tanto "excéntrico" que hay suelto no mosquea que alguien quiera ser Napoleón y llamar a su señora Josefina”. Refrené las ganas de propinarle una colleja, pero fui incapaz de reprimirlas en Comisaría cuando supe que los policías, divertidísimos, llegaron a entregarle dos DNI de “mentirijilla” para que “Napoleón” fuera haciendo gala de ellos por toda España y el extranjero. Abofeteé al que me lo dijo y cabe señalar que el muy estúpido no se atrevió a quejarse.

Cuando llegué a casa, lloré, desesperada. Mi pobre y adorado marido necesitaba urgentemente tratamiento psiquiátrico. ¿Cómo iba a convencerle? Y si la cosa seguía igual o empeoraba ¿Cómo dejarle? ¿Con qué conciencia se abandona a la persona que quieres si ésta es azotada por el cruel látigo de la enfermedad mental?

Mi mente, incapaz de solucionar el dilema, hizo “crack”. Decidí ayudarle a dejar el mundo tal y como él, en el fondo, deseaba. Cuando, cansado, se tumbó en la cama y me pidió un vaso de agua, se lo llevé y me encerré con él, diciéndole “Bebe, Napoleón, ya estás en Santa Elena”. Él me miró sonriendo y bebió, convencido, como yo esperaba, de que venía a vengarme de parte de la coalición antimonárquica y que aquel vaso contenía arsénico. Falleció en el acto.

Lo siguiente que recuerdo son las blancas paredes de la clínica y los fragmentos de la noticia de la hoja de periódico que encontré, casualmente, en el suelo… “la asesina, J.B.H, considerada por sus vecinos como una mujer sensata y aficionada desde su juventud a la escritura, envenenó a su marido N.B.G, conocido cuenta- cuentos de nuestra localidad, a raíz de que una broma de su marido despertara un duro trastorno de la personalidad que ella, sin saberlo, sufría desde su nacimiento”.

Espero que escribir mi versión de los hechos me sirva de terapia.


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 11, 2019, 01:07:31
Tres vueltas de llave

De ella apenas conocía su silueta, lo poco que dejaban traspasar los visillos de su ventana. Siempre la imaginé triste, deambulando, sumida en sus pensamientos; tal vez la música que día tras día junto con alguna trasnochada tarde llegaba desde su apartamento, me hacia percibirla así.

Un eterno Sabina cantaba desgarrado.  Creía poder reconocerla en cualquier parte. En numerosas ocasiones había fantaseado con un encuentro casual con ella.  Ya saben, un cruce de miradas, un imprevisto roce en el ascensor. Cuarto C,  A. García, esto era lo único que se leía en su buzón, Amalia, Alicia, Alma, Aurora, Arabela...  yo seguía especulando con su nombre; Alma; para mí sería Alma.

Me acostumbré a llegar pronto a casa, intentando no hacer ruido, todos mis sentidos permanecían alerta a cualquier sonido que procediera de su estancia. Escuchaba cómo Alma abría la cerradura, tres vueltas de llave, y un sigiloso cerrar,  dos pasos y el bolso aterrizaba en el sofá; casi al mismo tiempo Sabina cantaba “ llegas demasiado tarde, princesa”  y  así era: tarde a mi vida.
Alma y yo teníamos un horario  parecido. Si hasta ese momento no habíamos coincidido al salir por las mañanas,  era sobretodo porque yo retrasaba mi salida hasta que ella cerraba su puerta, tres vueltas de llave, y  yo  exhalaba un  suspiro detrás de la  mía, preparado para salir.

Pasaría todo el día esperando llegar a casa. Aguantando la murga de unos y  otros,  los cuchicheos a mi espalda, para ellos yo era el raro, el que no hablaba, no contaba nada sobre su  vida anterior. No  tenía ninguna intención de trabar algún tipo de relación con ellos, aparte de la necesaria para desempeñar el trabajo. Solamente  con el de contabilidad parecía estar más en sintonía. Como un acuerdo tácito, compartíamos mesa durante el almuerzo, él se enfrascaba en su periódico y yo en el mío.  Bastaba con unos buenos días, y media sonrisa.

Abstraído como andaba, no me di cuenta de que el contable realizaba el camino de vuelta a casa unos metros detrás de mí. Tampoco sé qué lo alentó aquel día a alcanzarme, a seguir caminando a mi lado sonriente y dicharachero; durante dos años  sólo  habíamos cruzado los buenos días y poco más. Persistía en su camino a mi lado, yo, enojado, apretaba el paso, y él seguía, bla..bla..bla. Bruscamente, me detuve delante del portal, a la vez que, atónito, veía cómo el contable, sonriente, sacaba un llavero del bolsillo, y dirigiéndose a mí decía;  Cuarto C , ya sabes dónde tienes tu casa.
 Erial


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 11, 2019, 01:13:12
El juego

A veces,
la tempestad me aleja
de las cumbres serenas.
Invade y estremece.

El mañana declina,
se refugia en las sombras
vacilantes, muy mías.

A veces,
la luz se filtra en grietas
profundas de la esencia.
El equilibrio emerge.

El devenir crepita
en cristales de auroras.
El juego de la vida.

Liliana Valido


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 11, 2019, 01:22:41
Dage


        A BORGES


   Vivo en una vorágine fantástica
   rica en rosas, en tigres y en espejos.
   Adoro tus escritos, algo viejos,
   de verdad y ficción en mezcla plástica.
   
   Te dedico tu forma predilecta
   a falta de mejores homenajes,
   Pues no sé de los vikings sus lenguajes,
   utilizo tu habla circunspecta.

   Al poco de cumplidos diecinueve
   me fascinó "El Aleph", ese relato
   donde advertí, confuso,mi retrato
   inmerso entre lo místico y lo aleve.

   Hoy, tu último antojo está incumplido,
   te guarda la memoria, no el olvido.


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Julio 20, 2019, 11:33:51

Mac de la Torre

El no Poeta

Pertinaz e infame hado
yo resisto tu señuelo,
¡arruina ya  mi desvelo!
Ojos en surco tostado.

Sintiéndome ruin bagazo
confina mi juicio al diestro,
si no conozco maestro,
de sabias letras ni trazo.

Como navío varado
soles conté con recelo,
cogí la pluma del suelo
en tregua con el tarado.

Arrogante, afloja el mazo,
raspa mi rostro siniestro,
tan rico convite vuestro
naciente de un novel lazo.

El guardián sutil y osado
me mostró radiante al cielo,
mira al frente con anhelo,
concluirás  roto y cansado.

Frunció la tinta un abrazo
esclava de lo que muestro,
terminé con mi secuestro;
oda libre en mi regazo.
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Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Julio 20, 2019, 12:13:15
   
Monologos del vino

Debido a un error con los archivos, he quitado la mitad del cuento, para poder revisar y corregir algunas cosas



 
—¿Vives aquí?—. Le pregunté,  pensé que sería familiar del propietario.
Se limitó a mirarme, sin sonreír siquiera. Entendí que mi pregunta le molestaba y callé.
Siempre callo y guardo silencio, hay quienes no se amedrentan e insisten hasta alcanzar lo que ansían; siempre envidié a los de esa clase.
Pensé.
—Qué demonios, no me matará si me hago el pesado,  a lo sumo no me contestará, de modo que insistiré—.  Mi curiosidad es un vicio que me come la carne.
—¿Eres familia del propietario?.
Ella secaba unos platos con un paño,  levantó la mirada, hizo un gesto, encogiéndose de hombros,  el gesto que  normalmente,  usamos para dar a entender que  desconocemos algo.
Me quedé observándola, su estatura no superaba el metro  medio, gordita, sus pechos eran carnosos, tersos y se asomaban por el escote de la camiseta de tirantes.
Debí de ser demasiado descarado, ella se puso frente a mí y me preguntó.
—¿Así mejor?.
—¿Como?.  No entendí así de pronto, pero me di cuenta a los pocos segundos.
Ella rió y se fue.
—Perdona si te he molestado—. Una disculpa era lo más adecuado.
—No tiene importancia—.
—¿Cómo te llamas?—. Intentaba que de algún modo, se pudiera abrir un hueco, por donde pasara algo de conexión entre ambos.
Pero ella se mantenía distante, en silencio, sin querer tomar ese contacto.
Desistí y me limité a disfrutar del café.
Al poco tiempo entró La Señora,  se apoyaba en un bastón negro de madera.  Lentamente, se desplazaba por el local, hasta que ese acercó a una mesa;  la muchacha,  al verla entrar,  salió de detrás de la barra y  fue a su encuentro  ayudándola a sentarse, entonces la vi sonreír,  había mucha familiaridad entre ellas.
Durante unos segundos se quedaron mirándome, no sé de qué hablaban, pero  me molestó que quizá estuvieran hablando de mí.
Regresó sonriendo a su labor tras la barra y  me miró.
—Me puedes llamar Ashar.
—Qué exótico—dije sonriéndole.—.Es un nombre extranjero, ¿verdad?
—Sí.
Había cambiado de actitud,  tras haber hablado con La Señora.
Ahora me miraba y parecía querer estudiarme, me observaba con amabilidad y yo miré a La Señora,  que estaba ausente de la situación;  pero algo le dijo en relación a mí, estoy seguro.
Se acercó hasta donde yo estaba y me dijo.
—Ya me han contado alguna cosa de ti, pero poco, eres más bien reservado.
—No soy muy hablador.
—Ya veo,  has cerrado con cuatro palabras  una conversación.
—No sabría qué contarte—  le dije—.No hago nada que tenga el suficiente interés como para ser contado.
—Para ser contado quizá no—  sus ojos, vivos y penetrantes, me preguntaban —.¿Y no sientes nada?.
Hubo unos segundos silenciosos en que nos mirábamos,  ella sopesaba si continuar o no; ,Hubo unos segundos silenciosos en que nos mirábamos,  ella sopesaba si continuar o no; yo temí que que mi torpeza,  hubiera estropeado el momento de conocerla más.
—¿Te puedo preguntar algo?—. Le dije.
—Claro.
—¿Quién es?— me giré para mirar a La Señora.
—Es una clienta de siempre,  desde que abrió este local.
—¿Y tú llevas mucho tiempo trabajando en este bar?
—Llevo toda mi vida aquí.
—¿Eres hija del propietario?
—No, pero llevo tiempo, mucho tiempo.
Dejó lo que tenía entre las manos, cogió las mías;  no sin sorpresa por mi parte.
—Para ser un hombre callado...haces muchas preguntas.
Pensé que ya lo había estropeado, que mi curiosidad había traspasado algún misterioso límite.
—Espero no haberte molestado.
—No, no te apures.
Quitó mi taza de café y la cambió por una copa.
—Voy a ponerte otra cosa.
Sacó de debajo del mostrador una botella de vino, vertió en la copa una pequeña cantidad.
—Me gusta hablar con hombres, a los que les gusta el vino, pruébalo.
—No tengo costumbre de tomar alcohol.
— Pruébalo, está muy sabroso.
Insistió amablemente y me fue imposible rechazar su invitación, tomé un sorbo pequeño, ciertamente era sabroso, algo áspero al principio, pero se transformaba en una combinación de sabores muy agradable.
—¿Te ha gustado?
—Está muy rico, sí.
Ella sonrió.
—Si se te sube a la cabeza... no hagas locuras.
¿El efecto del vino?, no lo sé,  pero le sonreí feliz y relajado,  al ver que ella sonreía;   amistosa y receptiva,   pensé que las puertas del paraíso  se abrían para mí.
Sólo la llegada de Dos Batallas, provocó un momento de distracción.
Dos Batallas nos miró ausente,  pero no indiferente, ...no sabría decir de qué manera.
—Llegarás tarde a casa — me dijo.
—No hay cuidado, está vacía.
Terminé la copa de vino y ella volvió a llenarlo
—¿Nunca has amado?
—¿Amar a alguien?.
—Sí.
—Por supuesto, pero ya hace mucho tiempo y  desde entonces,  no he sentido la necesidad de la cercanía de nadie.
—Me cuesta creerlo.
Ashar  aterciopelaba su voz,  a medida que la conversación se alargaba;  de pronto  sentí  rechazo hacia ella,  era evidente que quería penetrar en mis sentimientos y conocer incluso, lo que yo a mí mismo me vetaba.
—¿Qué te ocurre?—dijo —. Relájate.
Su mano derecha sobre mi mejilla y la calidez de su voz,  me deslizaron a la profundidad de sus ojos.
Ansiaba besarla,  sentí en  un apasionado deseo de invadir su cuerpo, de abrazarla y pegarme a su piel.
Nunca había sentido una obsesión tan febril y desequilibrada.
Ella salió de detrás de la barra, a atender a otros clientes.
Allí sentado en aquel taburete alto, estaba yo, nervioso y desorientado .  ¿Qué se  supone que ha de hacer uno  en estas circunstancias?
¿Y qué era de aquella muchacha hostil y estúpida de la última vez,  cuando le pregunté alguna cosa?
No era una novedad en mí el deseo, hace muchos años esa ansiedad inundó mi mente durante mucho tiempo,  pero fui capaz de soportarla sin atenderla, no deseaba vivir ligado a nadie ni a nada,  aprendí a despegarme del deseo, a desentenderme de las pasiones humanas más comunes.
Mi casa hoy está vacía, mi vida igual que mi casa;  es un espacio sin contenido,  existencia tan sólo sin pasión ni deseos, sin lugar concreto a donde ir.
El desapego me privó de la voluntad, mi existencia minimalista no precisaba otra cosa.
Pero en ese momento, sentado en aquella barra de bar,  me sentía roto.
Aquel maldito vino, aquellos ojos de Ashar,  que con seguridad jugaban y se divertían a mi costa.
Odiosa muchacha. ¿Qué pretendía con ese juego?.
Al regresar Ashar a la barra, se detuvo detrás de mí.
—¿Estás bien?
—Si— respondí con tono malhumorado.
—No, no lo estás — ella seguía mostrándose amable, puso sus manos en mi espalda.
—No te muevas —me dijo —, estas muy tenso—.
—Será el vino.
—No, no lo es — sus manos tocaron mi espalda y paseaban por ella, —no quiero que te muevas.
—He de irme.
Pero ella completó sus caricias con un abrazo, podía sentir su cuerpo pegado a mi espalda y sus manos aferrándose a mi pecho.
Me sentí sofocado y dubitativo, en lugar de girarme y optar por irme o abrazarla, estaba quieto y desconcertado.
—Te daré lo que deseas —me dijo.
Ni siquiera pensaba  en el resto de clientes, que estarían observando aquello;  pero con seguridad,  estarían indiferentes a lo que allí ocurría.
—Tú no sabes lo que yo deseo —le dije mientras tomaba un nuevo sorbo de aquel vino.
—Sí que lo sé.
—No, he de irme —contesté tajante.
Ella me soltó y se apartó, dejándome el espacio necesario, para poder ponerme en pie y salir tambaleandome del local.
Al salir miré a La Señora,  ella me miró apenas un segundo, luego desvió su mirada hacia Ashar.
Pero no me fijé en más detalles, necesitaba salir de allí.
Estaba equivocado,  porque ella si sabía lo que yo deseaba.
Vivir el arrebato del deseo, dejarme poseer por el goce de perseguir un anhelo...
Ella, como si de un ejército que poderoso,  hubiera asaltado  mis lineas defensivas  dejándolas  destrozadas  y exiguas,  me dejó huir, sabedora de que su presa iba  herida sin remedio y que buscaría la cura,  precisamente,  en sus propios brazos.
Durante las semanas siguientes,  viví recordando aquel día y tocando mi herida siempre abierta, sin ser capaz de cicatrizarla, porque mi atención y mi voluntad eran para ella. Ashar.
El trabajo se me hizo imposible,  eché en falta tener vida social, amigos  con quien poder compartir momentos de pequeños e inocentes placeres  que desviaran mi atención de aquella obsesiva presencia, deseé haber cultivado alguna actividad de ocio personal.
El vacío del que yo mismo me rodeé, cultivado voluntariamente y con esmero, era ahora un aliado del monstruo que Ashar había despertado en mí.
Mi casa perdió el orden acostumbrado,  salía ansiosamente a las calles a buscar otros brazos, aunque fuera pagándolos.
Pero otros ojos mercenarios no saciaban mi deseo y me consumía   inútilmente;  el tacto de Ashar no era imitable,  no se trataba de roce de cuerpos,  era algo más profundo e intenso,  necesitaba que hubiera algo más y yo no sabía identificarlo.
Dejé el trabajo,  incapaz de someterme al rigor del esfuerzo y la concentración,   levantarme de la cama por las mañanas,  empezó a requerir un esfuerzo titánico.
Y una  mañana me miré en el espejo y vi a un espectro;  admití mi derrota y decidí regresar a la taberna.
Me sentía aliviado durante el trayecto, al llegar aparqué mi vehículo y miré el edificio.
Yo ahora no era aquel que lo visitó la última vez,  ahora buscaba su amparo;  en aquel lugar buscaría sanación a mi dolor.
 Recordé las palabras que me dijo aquel otro cliente, al inicio de frecuentar este bar.
—Aquí todos nos detenemos porque ya algo nos trae, o nosotros mismos  hemos decidido detenernos.
Ahora era yo  quien se entregaba el amparo de aquella vieja casona,  como si en lugar de ladrillos y piedra, fuera la cabeza disimulada de una bestia depredadora.
Al acercarme a la fachada del edificio, casi podía escuchar la respiración de las paredes.
Ashar no estaba, pregunté por ella al tabernero, pero no me dio respuesta.
Quedé esperándola y no tengo ni idea del tiempo que pasó.
Una de las puertas que comunicaba el bar con el edificio se abrió y  vi salir a Dos Batallas, haciendo señas a otro para que le siguiera.
El tabernero me avisó de que ya era la hora de cerrar,  entró también por aquella puerta y me quedé sólo en el interior,  me sorprendió que el propietario,  tras avisarme del cierre,  no esperara a que yo abandonara el local, quedándome a solas en su interior.
Mi curiosidad me levantó de la silla,  sentía interés por saber adónde habían ido todos.
La puerta estaba abierta, sujeta por un mecanismo  anclado en su parte alta.
Escuchaba las voces,  pero no veía a nadie, porque aparte de la penumbra, la puerta daba a unas escaleras,  por las que habrían descendido todos.
Quise acercarme aún más, pero en  mi deseo de curiosear,  no me di cuenta de que rocé la puerta;  lo suficiente  como para desbloquear el mecanismo que la mantenía abierta, cerrándose tras de mí.
Volví para abrirla pero era imposible,  no había manivela; en su lugar,  una cerradura.
De modo que solo podía esperar allí en la oscuridad o bajar las escaleras e improvisar alguna excusa, en el caso más que probable  de que me preguntaran la razón de mi presencia allí.
Las escaleras conducían a un pasillo alargado y estrecho,  iluminado con dos velas tan solo,  de modo que más que iluminación, había dos referencias luminosas.
Yo avanzaba a través de la oscuridad,  tanteando con las manos las paredes del pasillo, había algunas puertas pero el rumor procedía del fondo.
No sabía qué podría decirles, mi intromisión era imperdonable, esperaba que el pasillo pudiera conducir a otras escaleras a través de las cuales pudiera salir al exterior, pero el pasillo se cerraba al llegar al fondo,  allí mismo,  en donde terminaba el oscuro túnel, estaba la puerta a través de la cual se podían escuchar las voces mezcladas de todos ellos.
Me detuve al llegar, pero la presión de una mano en mi espalda me empujó hacia adelante.
—Abrid —dijo quien estaba tras de mí.
La puerta se abrió y quienquiera que fuese,  me empujó sin violencia hacia adentro.
Temí reproches y enfados por mi presencia en aquel lugar, pero nada de eso ocurrió.
  Se trataba de una cueva cuadrada excavada en la tierra y sin apenas iluminación, tan sólo unas velas;  una en cada pared de la pequeña gruta y dos velas más, una negra y otra blanca, juntas y encima de una gran piedra, junto a la pared del fondo de la estancia.
Entre aquella gran piedra y el resto de personas presentes, había alguien de pequeña estatura, cubierto con una túnica con capucha, dándonos la espalda.
Era una mujer y cuando escuché su voz, la identifiqué inmediatamente.
Era Ashar. Portaba en su mano derecha un bastón con el que golpeaba el suelo, mientras que con una espada en su mano izquierda, apuntaba a cada  vela colocada en las paredes.
Iba girando en el sentido opuesto al de  las agujas del reloj, pronunciando palabras ininteligibles,  cuando su vuelta  alcanzó  los ciento ochenta grados,   vi sus ojos y estaba hermosa;  extraordinariamente hermosa,  dotada de una belleza inefable.
Su cuerpo estaba desnudo,  tan solo  cubierta por la capa de la túnica y la capucha.
No sé si se percató de mi presencia, no sé si en ese momento se dio cuenta de que yo estaba allí. Ella continuó hasta completar una vuelta sobre sí misma con pequeños intervalos de 90 grados,  en los cuales golpeaba el suelo pronunciando palabras que yo no sabría repetir.
Sin habérmelo propuesto,  me había colado en una extraña ceremonia,  hubría querido abandonarla, pero no podía,  no quería llamar más la atención y provocar alguna reacción negativa por parte de alguien, de modo que me quedé allí, esperando a ver cómo se desarrollaba todo.
Pero mi desazón  se vio alterada aún más.
Ashar sacó una paloma de debajo de un paño negro,  la mostró a todos y tras unas frases, puso el ave encima de la piedra y  apuñaló al animal, los plumones de la paloma se tiñeron de rojo, sangre que ella recogió vertiéndola en una copa.

Ashar  mostró a todos la copa con el contenido sangriento y  acercándosela a los labios sorbió de ella.
Luego  se fue acercando a cada uno de los presentes,  dándoles a beber el contenido.
Supe que no podría librarme, que llegaría a mí y que extendería sus brazos,  para ofrecerme  aquel Cáliz de muerte. ¿Podría negarme?  La nausea y el temor, el asco y el miedo me estaban desconcertando demasiado.
Pero también supe  que la tendría a unos pocos centímetros de mí, que me reconocería y me miraría; me miraría, para mayor felicidad mía,  ella me miraría.
Así fue como  llegó a donde yo estaba y ciertamente me reconoció, lo supe inmediatamente, extendió sus brazos y sólo me dijo:
—Bebe.
Tardé algo de tiempo en reaccionar,  porque el asco me impedía coger la copa.
—Bebe— repitió.
No podía defraudarla, bebiendo podría expresarle como de ninguna otra manera,  mi devoción hacia ella.
Saqué  valor  y tomé la copa, ella no la soltaba, de modo que mis manos acercaron a mis labios el borde del recipiente,  cogiendo a la vez las manos de Ashar.
Al soltar la copa,  supe que ya nada sería como antes.
Acabada la ceremonia,  nadie me hizo comentario alguno  acerca de mi presencia allí.
Ya más tranquilo  me disponía a salir junto al resto de asistentes;  pero entonces, una mano por detrás de mí sujetó mi hombro.
El oscuro pasillo se vaciaba, me giré y era ella. Ashar.
No podría narrar la emoción, felicidad y delirio que aquello me produjo, ella era quien me retenía,  sin embargo no supe reacionar, paralizado, solo supe sonreír.
—Ven.
Cogió mi mano y me dejé llevar,  igual que un niño sigue a un adulto que le guía.
—Te dije que te daría lo que buscas,  ¿recuerdas?
—Lo recuerdo.
—Me dijiste que yo no sabía lo que querías, pero estabas equivocado; al final te diste cuenta.
No había reproche en su voz ni altivez alguna, era toda dulzura y comprensión, me guiaba y me miraba, avanzábamos por oscuros pasillos, que de no ser porque ella los conocía, habría sido muy difícil caminar por allí, el suelo no era liso y las paredes  parecían haber sido horadadas a golpe de pico, o bien se trataba de cuevas,  pero eran pasillos estrechos; en cualquier caso  no podía soltarme ni lo deseaba, de las manos de Ashar.
Así que me dejé conducir,  temeroso y entusiasmado a la vez,  sin entender nada pero  dispuesto a aceptarlo todo.
—Ahora no temas-, me dijo.
—Contigo no tengo miedo—, le respondí..
De pronto,  comenzaron a escucharse gemidos penosos y gritos y sentí que como unas manos tocaban mis piernas.
—Si ahora decidieras volver atrás, o sintieras arrepentimiento —me dijo—, quedarías en este túnel para siempre.
—¿Qué es esto?—, le pregunté nervioso.
—Aquellos que sintieron miedo o sentimiento de culpa  al avanzar por estos mismos pasillos—dijo—, sigue avanzando o quedate aquí.
—Quiero seguirte.
Se detuvo, abrió una puerta y me introdujo en una sala  iluminada por cientos de velas.
—¿Te gusta?
—Ni siquiera se dónde estoy ni qué es todo esto—  le dije yo, -pero si tú me has traído hasta aquí, eso es lo único que me importa.
—¿Porque regresaste?
—Tú lo sabes mejor que yo—, contesté.
— Pobrecillo, lo has pasado mal, pero ahora tendrás tu recompensa.
Se puso frente a mí, dejando caer al suelo la túnica que llevaba.
Sus brazos rodearon mi cuello.
No me importaba nada, ni el lugar aquel, ni las cosas que sucedieron, ni quién sería ella y los demás, tan sólo me importaba que ella  rodeaba mi cuello con sus brazos.  Y había sido tan fácil lograrlo. No podría explicar...  la  revolución de emociones, de deseo enloquecido.
—No te muevas— me dijo.
¿Cómo no moverme?,  estaba deseando abrazarla,  abarcarla con mis manos y  perderme en ella para siempre.
Pero ella me quería inmóvil,  desnudó mi cuerpo y arrojó la ropa sobre un grupo de velas, que devoraron el tejido como bocas hambrientas.
—No las necesitarás más—me dijo—, estarás siempre conmigo, ¿no es lo que deseas?
—Solo tengo ese deseo—, contesté.
Ashar se transformó en una bestia lasciva y durante mucho tiempo; una y otra vez,   ella gozó de mí y yo con ella.
Mis músculos se fortalecían con cada beso que me daba,  mi piel se erizaba con el contacto de su piel y cada vez que entraba en ella, me sentía desfallecer, para resucitar con un nuevo beso.
Así pasó mucho tiempo, no sé cuánto, pero cuanto más tiempo pasaba más la deseaba.
—He de irme ahora— dijo.
Así puso el punto final a aquello, me acarició el pelo y se levantó del suelo.
—Volveré,  no temas,   espérame aquí hasta que regrese,  no salgas de aquí por nada y esperame.
 Me dio un beso y la vi marcharse, quedé aquí como ella me dijo y aquí la estoy esperando
Me revuelco por el suelo desesperado, pero espero; gritando su nombre, pero la espero, porque ella volverá y me encontrará entregado y dispuesto para ella.
Aunque cada segundo es un grito de desesperación, cada minuto es una nueva laceración, pero no renunciaré a esperarla el tiempo que ella considere; pero tarda demasiado, demasiado, sí.
—¡Ashar!




altabix


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Julio 20, 2019, 12:15:05
Corregido en el foro Metáforas de Diana Gioia.


http://www.youtube.com/watch?v=kb0vK8tZq4k

Esconde su identidad entre las hojas ajadas, agostadas por tenues hilos solares que tejen sobre la mesa el desgaste del tiempo. Hunde en cobrizos sentimientos de la tarde la impotencia.

No, no es nada.

Todo pasa.

No, no todo. La materia cambia. Se transformará en tiempo, en espacio, en dimensiones.  En recuerdos.

La luz es mutable y se torna vejez y madera quemada, oscurecida. El sonido se vuelve sentimiento. Todo es materia, es forma. Lo tangible y lo intangible, porque existe. Aunque el pensamiento lo transforme. Mis ideas existen en forma de electricidad, de impulsos.

Las nubes pasean un cuarto de hora en el reloj del movimiento terrestre.

Ver cómo los minutos discurren sin tocarlos, sin sentirlos y estar al margen del discernimiento temporal. En su cauce etéreo absorben vacíos de actividad, de desplazamientos y obnubilación.

El papel cuarteado, aja su figura y pretende erigirse con la finura de su piel. Entre aquellas capas de celulosa y lejía, está su nombre.

Y no quiere encontrarlo.

 


(c)María Teresa Inés Aláez García. Mtiag. Mayte Aláez. Pernelle.


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Julio 20, 2019, 01:22:27

Candela Martí
   


SUAVE BRISA


Te fuiste, lentamente, una mañana
envuelta en suave brisa de verano
y sajé los ensueños de mi mano
pues sentí tu presencia muy liviana.
Deploramos tu vuelo, flor temprana,
al irte con un nimbo de armonías
y rogué porque fueras en mis días
ese ángel guardián omnipresente.
Hoy, ando este mundo penitente
pero nunca mis huellas van vacías.



Pero nunca mis huellas van vacías
si te llamo a través de mis sentires,
pues noto que me mandas elixires
de tu amor, otorgándome energías.
Mi norte se asemeja al que querrías:
silencioso, apacible y trascendente,
pues soy agua emergida de tu fuente
en un símil de arroyo cristalino;
sabiendo que en el fin de mi camino
me estarás aguardando, dulcemente.


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Julio 20, 2019, 01:24:27

cielo claro

   
PUNTO INMORTAL

Desde un punto inmortal,
me lapida la terca incertidumbre
como el fulgor de una onda sutil
fundiendo al rojo, esencia y corolario.

¿Por qué las ilusiones se evaporan?
Porque mi crédula pupila
captura las señales
de mis ejes lindados de ilusiones,
en busca de una perfección
inexistente.

Los juegos del destino en mi baúl se cargan
como un pesado error sin avenencia.
Al viento las semillas  se arrebujan
y el surco perforado descubre su abandono.


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Julio 20, 2019, 01:28:04

Orlando
   
Conformismo



Hoy sigo el trazo del tiempo
en esta negrura amarga.
Ignoro si él conduce
los pensamientos que andan
buscando asir tu memoria.
Tu ausencia se vuelve llaga.
Me siento oscuro, distante
de tus manos nacaradas,
de los ríos de tu pelo,
de los sotos de tu alma;
separados por la noche
que nos mira, llora y calla.
El consuelo lo descubro
en la frágil luna blanca,
al mirar en su interior,
aunque sea en su luz pálida,
aunque sea un espejismo,
aunque sea ilusión vaga,
el reflejo inconfundible
de tu cara.


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Julio 20, 2019, 01:29:17
Lady Ágata
   
Bajo la mirada de Cupido

Hoy hace una noche cálida, la temperatura inusitadamente elevada para estas latitudes, incluso durante la época estival, parece haber impregnado las paredes de la habitación diminuta que me rodea, saturando las cortinas de un aire espeso y recargado. Apenas una suave brisa se filtra por la ventana permitiéndome respirar efluvios de nocturnidad.
El anacrónico edredón nórdico de vivos colores terracota y crema de mi cama, pequeño cómplice de mis noches de soledad que se convierte en tus brazos arropándome durante el sueño, reposa con dejadez en un costado desposeyéndome del tacto, del sentir sobre mi piel la ternura inmensa que atesoran tus abrazos, de esa sensación de estar a salvo, protegida del mundo y sus tristezas al margen de todo y de todos en un universo sólo nuestro.

En algún lugar lejano te imagino a estas horas dormido profundamente. Aprovecho la ocasión para rememorar cada uno de los minutos de nuestra segunda noche de amor. ¡Bendito insomnio! me permitió aprenderme tu respiración y su ritmo, la fragancia de tu aroma y tus agitados movimientos, en el lecho enorme donde tuvo lugar la unión sublime de nuestros cuerpos bajo la misteriosa mirada, entre suspicaz e ingenua, de aquel ángel Cupido testigo mudo de un instante de nuestras vidas sin parangón donde alcancé la gloria y me sentí en la antesala de la dicha eterna.
Allí, despojados de prejuicios, piel con piel, dejándonos consumir por el ardor de la pasión, te percibí con los ojos del alma mucho más allá de lo superficial como a un ser al que adoro en su totalidad sin que exista ningún rincón oculto de tu anatomía que no evoque la palabra placer con el mero conjuro de su recuerdo.


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Julio 20, 2019, 01:30:39
El Aliento de las Hadas

Abstraída en ignotas dimensiones   
rozo el místico efluvio de las hadas,   
suave céfiro, estela de ilusiones,     
oscilando en la luz de sus miradas.
En tenue crepitar, sus corazones 
entonan, hechiceros, mil baladas;       
disfrute de armonía, prez al viento,         
un tañido en la flor del sentimiento.


Rosa (2/9/2011)


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Julio 20, 2019, 01:36:28

ENLAZADAS

Madrid: Bohodón Ediciones, 2019, 381 p.

18 euros (precio lanzamiento 12 euros)

Se puede adquirir clicando en

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Tres relatos que revelan los estragos que la subordinación sentimental puede provocar cuando una persona queda presa por emociones caóticas. El corazón se descontrola, el deseo de vínculo no conoce límites y surge un ansia de intensidad desconocida hasta entonces.
Nueva York, París, Barcelona, ciudades asaltadas por el terrorismo internacional, que asola los cimientos de nuestra civilización. Y tramas en las redes sociales que arrasan la estabilidad de los sentimientos.
Adéntrate en las vidas de Estrella, Margot, Mar y Marie-France. Mujeres inteligentes, con autonomía profesional que, sin embargo, se sintieron indefensas en la mayor parte de su existencia. Todo vale con tal de no perder lo que de antemano está perdido.



Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Julio 20, 2019, 01:39:03
HACIA EL INFINITO

¿Quién rige la mirada triangular,
la flecha agonizante de la Historia?
Me aúpo al esplendor de un beso triste,
sentencia rubricando mi derrota.

Mas nunca los celestes resplandores
(destellos de infelices tiranías)
insuflan libertad a mis poemas
ni copian el color de una sonrisa.

 Ansío ser crepúsculo y retoño,
esquema en el coral, luna creciente;
errante mariposa del silencio,
perfume embalsamado, soplo verde.

Sin rumbo ni arcabuz, sin alidada
marcándome la ruta del martirio.
Caricia de mi piel, la flor de lis;
por meta vertical, amable sino.

Sendero contraluz donde confluyen
bengalas y burbujas del ocaso.
Retreta del ayer, sonidos grises,
conquista de bemoles incendiarios.

No busco sederías matinales
ni amor en los confines del recuerdo.
Si acaso una terneza de la noche
para olvidar el flujo de sus ecos.

Sin luz, cuando el dolor se desvanezca
en el discurso loco de mi nada,
perfilaré de nuevo otra aventura:
mudarme a una caverna solitaria.

Será, por fin, el último refugio
de un ser desconsolado entre las rejas
de sueños pervertidos, sin caricias
ni cantos de abedul a su conciencia.

Así quiero finar, como las flores:
secas ramas, memoria del estambre;
ocultos los pistilos en el cáliz,
sedientas de color mis pleamares.


augustus


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Julio 20, 2019, 02:26:39
Albadiosa

Aléjate


Repercute la savia
del dolor sempiterno,
con aureolas, cosmos de distancia,
la siniestra verdad acoge el cuerpo.

El atisbo de duda
se sumerge en espinas y acritud
me rondan las vorágines hirsutas
escarchando el verdor del altramuz.

Aléjate de mí.
No pases por la acera.
El vaho de mi esplín
podría conmover a Anaxareta.

¿Comprendes que prefiero tus desaires
a sentirte en la voz misericordia?
y cubrir tus halagos lancinantes,
para odiar tu memoria.


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Julio 20, 2019, 02:29:32
EN CARNE VIVA
(ELHISIANA)

En el sutil espacio de la hoja
descansa por las noches el rocío,
con un leve destello de congoja.

En tibias madrugadas del estío
dibujaré mi anhelo transparente
y al secarse la planta del desvío,
será mi sueño luna incandescente.

Expongo el corazón en carne viva
en la espuma del mar y de sus calmas,
escapando de fútiles consuelos.

Rotundo el sinsabor de mi saliva,
delirantes mecidos de las palmas
sobre el arco triunfal de sus pañuelos.

Enterraré los desvelos
en el caudal de mis venas
y en el dorado pensil de la vida,
donde cosecho la miel florecida
cuando sepulto mis penas.

María Bote
5 – 5 - 2014


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Julio 20, 2019, 02:30:41
Certidumbre

El Sol me da luz y vida,
desterrando a la tristeza.
Viene y sutura mi herida
la madre naturaleza.

Vuelvo a ser flor y prestancia,
la esencia del humedal,
armonía, concordancia,
perfume del rosedal.

Me rodean mariposas,
en vergeles siderales,
cientos de lunas curiosas
visten mantos ancestrales.

La lluvia cubre los montes,
trinan las aves felices
y en lejanos horizontes
gorjean las codornices.

Mi acicate, el verde campo,
principio y fin de mi mundo.
Es la vida fugaz lampo,
la muerte, un sueño profundo.

Gisela Cueto Lacomba.
16 de mayo del 2010.


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Julio 20, 2019, 02:33:45
Mi nombre: ¡Tempestad!
 
Alerta y ágil mide lo que su amor provoca,
se fuga al fin del mundo, rebate el compromiso;
sugiere esclavitud... ¡manía avara y loca!
no impongo itinerarios ni él es tan sumiso.
 
El hombre y la mujer ¡Invierno y primavera!,
disímil y distante la luna está del sol.
Embrujo azul del éxtasis resurge de la hoguera,
temprano se divorcian en cenit tornasol.
 
De aquel que se maldice: "no sacrifica el alma";
debate inverosímil, herido tiene el pecho.
Con su actitud e incordio le destrozó la calma
y zurce en sus estrofas jirones de despecho.
 
Inculpo a la ternura, me define indefensa;
difícil convertir mito en realidad.
Es inocente el énfasis; la tozudez, intensa
pasión indisoluble; mi nombre: ¡Tempestad!
 
 Sinónimo de furia, catástrofe suicida
le interrumpo su reino de ideas soberanas.
Él es un ermitaño y  yo una entrometida,
¡gran crisis de costumbres  y emociones aciagas!
 
El ímpetu ascendente, suspiro insostenible,
alcoba de promesas, penumbra carmesí;
la piel en plenitud, la noche inextinguible,
banal alegoría, volátil frenesí.
 
Un iris de esperanza despierta a paso lento;
la lluvia substituyo por gotas de rocío.
Desde mi nube azul deshice un juramento,
mas como brisa frágil, guardé mi desafío.
 
Blanca Amelia Santos
(Wella)
 
12/Sep/06


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Julio 20, 2019, 02:38:21
VERSOS SIN DUEÑO.
 

Son mis versos insistentes,
muestra infausta de locura
do perdí toda mesura,
en torbellinos furentes.
 
Con la vida en mil pedazos
cada noche sueño, fiel,
las caricias de tu piel
sin temor a los zarpazos.
 
El averno tu presencia,
a la luz del abandono
-hoy no sé si te perdono-
es mi sepulcro tu ausencia.
 
La mentira de tus labios,
cruel engaño repugnante,
fue perjurio lacerante
y me quedan los resabios.
 
¡Este amor es un misterio!
No me aflige tu puñal.
hecho infiel, casi brutal.
Tu palabra mi cauterio.
 
Triste noche del espanto,
la trivial codicia infame,
de tu piel puso un reclame
y causó mi desencanto.
 
Sólo pido que destruyas
tantas letras sin sentido
a un amor envejecido,
porque nunca fueron tuyas.

mariaValente


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Julio 20, 2019, 02:40:02
Irene

INOCENCIA: FLASH BACK

“ Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla”
Antonio Machado                   





RETORNO

Después de varios lustros inmerso en la marabunta de la vida, regresé. La brisa invernal besaba mi cara al penetrar en la casa. El crujido de mis pasos contrastaba con su silencio. Hueca, tras la muerte de mi madre, aún creía percibir avalanchas de risas y sollozos. Arrugué mi nariz ante el inconfundible olor de aspidistras y aureolas que, todavía, adornaban un pasillo abierto a gélidos dormitorios. Al apoyarme contra las desconchadas paredes, casi me confundí con los olores de la  cocina de otros tiempos. Allí se entremezclaban cuentos, sabores y el chispear  de una hoguera casi dormida. De  golpe, acaricié el mundo del corral, donde violines de antiguas aves amortiguaron mi tristeza. Luego, mi olfato me lanzó hacia lejanas rosas, y en ese momento sentí el corazón de mi infancia perdida .

AÑORANZAS

 No podía concebirlo. Aquello supuso el final de un sueño: el de mi infancia.
  Era muy niña cuando vi cómo el sol de una baranda se deshacía en mi retina, mientras mi boca saboreaba el queso duro del terrazo. Todo era inmenso, hasta la música de los periquitos del patio. Un palacio encantado me acunaba a través de peldaños hacia una estancia sobria. En ella, el crujido de las sillas se mezclaba con el calor del picón junto a unas retahílas de ríos y tablas de multiplicar. Se punteaban letras y números en una sábana negra llamada pizarra. El suplicio comenzaba por la tarde: tela, aguja e hilo enredaban mis dedos. Entonces me acoplaba en la ventana para observar la destartalada casa de enfrente. Allí, fantasmas y monstruos intentaban asaltar el palacio de nuestras ninfas. Un día consiguieron extender su manto putrefacto. El brillo de nuestra mansión fue sustituido por inverosímiles cotilleos que condujeron a nuestras dos hadas a perder la vara mágica de la enseñanza, y a nosotros a embutirnos en el laberinto frío y oscuro de nuestra nueva escuela.


ANGÉLICA

   El acento del arroyo trae murmullos; el de los rostros, el significado de un nombre o su antídoto. Angélica era el único caso donde convivían ambas opciones.
  Sus ojos de amaneceres, unidos a la blancura de su piel y al sol de los rizos de su cabello, la convertían en una visión dulce. Tales atributos se oscurecían al moverse por nuestra isla sin asfalto.
  Era nuestra infancia un soplo de sombras deshilachadas cuando ella, como un regalo del cielo, apareció. Cubrió la tristeza con la magia de los sueños, al paliar los fríos de nuestras vidas.
 Su madre, una viuda aún bonita, perdonaba sus travesuras diciendo: “Vuela, pajarillo, mientras puedas”.
 Al calor de estas palabras deambulábamos sin sobresaltos por nuestro reino. Por la tarde, tras salir del colegio, comenzaba el recorrido. Primero visitábamos el taller de Arácnida, cuya mirada se desvanecía entre nuestras idas y su costura. De allí hurtábamos alfileres y retales para construir un mundo donde poder escucharnos.
    Luego, traspasábamos los gemidos del aire en el refugio del  hada madrina, donde ella nos conseguía con su varita mágica tablas y puntas. Últimamente, sufría un maligno conjuro que la obligaba a zarandearnos con su escoba. El cambio se produjo cuando Angélica grabó en la frente de su nieto una brecha.
   Más tarde nos dirigíamos a la cueva de nuestra esfinge. Allí, a escondidas,  observábamos cómo una hembra dominaba a toda clase de hombres con su libertad.
   El tiempo transcurría entre andanzas y juegos, lejos del triste hábito de las calles.
  Un día, Angélica agudizó sus sentidos hacia la casona, lugar tenebroso y cerrado, razón por la cual siempre pasábamos de largo. Era tarde, una ventana abierta nos ofrecía objetos maravillosos. Angélica, al contemplarlos. murmuró:
   “Las cosas están enojadas, algo malo debe de ocurrir. Los cuentos hablan de princesas cautivas por dragones. Nosotros, valientes soldados, las rescataremos”.
   El sonido de su voz nos descolocó, el olor de aventura nos puso a sus órdenes. Desde entonces, acechábamos cualquier descuido de sus habitantes para introducirnos en el palacete. Un domingo, al dirigirnos a misa, descubrimos una abertura. Olvidamos nuestros deberes y comenzamos a cavilar sobre la forma de penetrar en sus fauces. Angélica cogió a su paje y lo introdujo en un patíbulo de hierros. El cuerpo pasó, la cabeza se quedó enganchada. La niña lloraba, un cancerbero nos lanzó sus gruñidos:
   “Angélica, eres un demonio, de ésta no te libras. Verás cuando se entere tu tío, el capitán falangista. Don José, el cura, lo tiene al tanto de todas tus fechorías. Esta vez te has pasado al ultrajar los aposentos de Doña Ana, santa mujer, cuya morada será el cetro de Dios”.
   Corrimos al escuchar el colérico canto. Al advertir la pérdida de la pequeña Julia, Angélica decidió volver, yo también.
  Al llegar, nos hundimos en el silencio de un portón entreabierto. Entramos, el invierno se introdujo en nuestras entrañas. La madre de Angélica, de rodillas, le lloraba a Doña Ana con una súplica:
 “¡No!, ¡a ella no!, ¡ya me dejasteis sin marido!, ¡no os llevéis también a Angélica!”.
  “Lo sacrificamos por el bien de todos: era rojo. Debes ser valiente como el capitán lo fue al eliminar a su hermano. Angélica lleva sus genes, se perderá, con mi ayuda apagaré las alas de un corazón tan abrasador”.
 Por primera vez vimos el hilo del humo picotear la lluvia.
 Angélica se fue hacia su madre, la levantó con cariño y susurró:
  “Vamos, mamá, ya es hora de volver a casa”.
  Un movimiento de Doña Ana interrumpió la escena. Don José y el capitán aferraron a Angélica y la transportaron al interior. La bruja nos expulsó de la siniestra mansión, y nos dejó a la viuda,  su hija pequeña y a mí aporreando una puerta cerrada. Agotadas, regresamos. Yo seguí con la fuga de nuestro Peter Pan, mas los sustantivos perdían sus arrebatos ante nuevas nubes. Poco a poco dejé de contar estrellas; sin embargo, las praderas reflejaban a nuestra heroína con nuevos vocablos. Éstos se fijaron hasta abrir las brechas de un nuevo futuro.


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Julio 20, 2019, 02:41:24

Calendo Griego
   

Al conocerla

Una noche de invierno, y por azar,
emanaba su gruta carmesí
esmaltados sonidos, era un mar
de irrefrenables olas, frenesí.

Del ensueño caía un chorro ardiente,
la coruscante lluvia de su charla.
Una idea febril surcó mi mente:
“¿algún mortal querría silenciarla?”

Desnuda en el delirio de mis ojos,
la media luz de un tálamo futuro
acogió mis eléctricos antojos.

Su risa me sustrajo el paraíso,
volví a la realidad de aquel oscuro
embeleso, mirándola indeciso.


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Julio 20, 2019, 02:43:09
Tres de la madrugada


Los recuerdos 
se han instalado en las ventanas.

Llueve

tras de los ojos, las voces
gotean en los cristales.

Colmillos de plata, la luna sonríe,
me mira cruel.

El silencio escurre
entre pétalos
                    y púas.

Un mundo ilusorio: el corazón.

ojaldeb


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Julio 20, 2019, 02:44:55

carende


LOS PAJARILLOS CUCÚS

Vivía una familia de pajarillos CUCÚS dentro de un viejo árbol, era  tan viejo que se caían a trocitos sus paredes.
Un día,  el papá pajarillo le dijo a la pajarilla y a sus hijitos  que debía ir  a buscar un nuevo nido ya que el tenían se iba caer  pronto.
El pajarillo Cucú tenía que picar con su pico el nuevo tronco del árbol para hacer una casita nueva,  hasta hacer una puertecita redonda, muy redonda y pequeña para que no pasara el frío ni tampoco el calor; también para que no pasaran animales grandotes  que les pudieran pisar.
Un día, otro pajarillo que vivía  en el árbol de al lado  le dijo que conocía  un bosque muy bonito donde la luna por las noches cantaba canciones y regalaba estrellitas de color azul y muy brillantes.
Así que el papá pajarillo tuvo que hablar con la pajarilla Cucú y sus hijitos para contarles que debía volar muchas horas y construir una nueva casita en el bosque lejano . Esto les puso tristes a todos y la mami le dijo que no , no y  no.
-Nos iremos todos juntos para que no estés solo   y para que yo trabaje junto a ti y acabar más prontito la casita.
-Mira, cuquita mía, no podéis venir conmigo pues los niños no pueden todavía dormir en las ramas porque son pequeñines.
-Entonces, iré yo  y tú te quedas con ellos -dijo la mami.
-Yo  tengo el pico más fuerte y podré terminar antes la casa y volver antes a estar juntos.
La pajarilla  se quedó un rato pensativa y un poco enfadada, ella quería ayudar, ella no quería separase. pero al final le dijo que sí pues necesitaban de una nueva casita y ese lugar era muy bonito.
A la mañana siguiente se despidieron y el pajarillo  papá comenzó a volar y volar muy veloz. Saludaba a las nubes y a otros pajarillos que iban  y venían por el cielo.
Al llegar al bosque nuevo  le pareció muy,   muy bonito, estaba  lleno de árbolesÁR grandes  muy grandes que tenían las flores de muchos colores.
El CUCÚ papá se fijó  en uno que tenía las florecillas  como gotitas de agua y  pensó que sería en  ése  donde haría la casita.
Así que se puso a picar con el pico una y mil veces.
Al llegar la noche estaba muy cansado y la luna bajó para que durmiera dentro de ella. ¡Qué  bien  durmió , qué lugar más  bonito!
Pasaron varios días hasta que tuvo el nido acabado y pudo ir a buscar a su familia. Al verlo, la mami y los pajarillos daban saltos de felicidad,  todos reían y reían .  Cuántos besitos se dieron con su piquito. Cuántos, cuántos, cuántos...Los cuatro  CUCÚS, se dirigieron  al bosque mágico y fueron muy felices en su nuevo hogar. Conocieron muchos más animalitos  y juntos  vivieron muy felices y les encantaba que llegara la noche para que la luna les cantara  y les bajara una estrellita azul, brillante.

Carende
27/4/2010


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Julio 20, 2019, 02:46:05
Al despertar
 
Al despertar no encuentro tu mañana,
te vas igual que se escurrió la arena
dejando tu reloj de amor de escena
vacío en tu pensar de casquivana.
 
En mi vago soñar estás cercana
como dueña arrogante de mi pena,
pero noto tu olor de hierbabuena,
cada día en distancia más lejana.
 
La tarde del ocaso desasida,
deja un cielo encarnado y malherido,
donde se vierte mi sangre diluida.
 
Presiento mi vivir sin colorido
en cada noche ya malavenida,
daltónico mirar incomprendido.
 
Me siento protegido,
he dejado cuidándome la aurora
y me hace olvidarte en cada hora.

                                        Nαrdy     
21-12-05


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Julio 20, 2019, 02:47:00
AL ÁNGELUS.
 
Al ángelus te elevas, madre mía,
al misterio te fundes con ardor,
ya tu copa consagras al amor,
virtud que tu universo conseguía.
 
Majestuoso equilibrio fue tu guía
a regiones solemnes, diosa y flor
engarzada en los iris de esplendor
al Santo Celo viertes tu alegría.
 
Persigo tu perfil, mujer amante,
te anuncia con amor la gloria pura
escanciada con luz y sal triunfante.
 
 El Edén se recobra en tu hermosura
tus entrañas gestaron ese instante,
mi orgullo, de tu vientre ser criatura.

Rosas.


Título: Re: Marzo 2019
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Julio 20, 2019, 02:48:31
Felicidades a todos los poetas y poetisas que, durante este mes, celebraran algún aniversario.
Igualmente a aquellos que vean el éxito reflejado de sus letras en los libros o hayan ganado algún concurso.
Enhorabuena.