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METÁFORAS => BLOG del FORO METÁFORAS => Mensaje iniciado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 08, 2018, 11:16:15



Título: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 08, 2018, 11:16:15

Rosa

   
Esperanza


El Unicornio fenece                 
en medio de la estulticia;   
ya el arpa  no tañe
su divino son.   

Entre arúspices contiendas
rinde priápicos pendones;   
confronta la Nada,               
el espurioTul.                 


Mas… no; no existe vacío;   
un trazo sutil asoma
allende el silencio:           
la flor ya madura.

(17/11/2011)


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 08, 2018, 11:17:22

Diana Gioia

    VERSOS BLANCOS
 
Aterido, el crepúsculo fabula
poemas en la escarcha.
Cansado de su vuelo por la bóveda
versátil y celeste,
se posa en la fugaz estrella de tus manos.
Su esplendor me descubre
blancos versos sin mácula de rima.


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 08, 2018, 11:18:24
A Gisela

Ríe el sol en la mañana
cuando el jilguero gorjea;
luce Venus en el orto,
la brisa en el mar corea.

Vuelo hacia ti, llama virgen,
para engarzar en los hilos
de mis tristuras roídas
tus perfumados pistilos.

Briznas de una rosa azul,
reina ilustre en mi parterre.
Grito de alarma en la noche,
puerta sin pernios ni cierre.

Cruzo solo mis Antillas
al resplandor del desierto,
y con delirios lacustres
clavo en tu sombra un injerto.

Si tú quisieras, lozana
avecilla de las nieves,
hervir tu sangre y la mía
en un matraz sin relieves...

Cuánta alquimia en el silencio,
junto a los tilos en flor.
¡Qué derroche de quilates
al soñar con el amor!

Augustus


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 08, 2018, 11:19:24
Galatea sin beso

Soy de la noche el suburbio
y su remolino acérrimo,
concubina de las sierpes,
fontana sin un zarcero.
Lar de lumbre lastimera
con plenilunios decrépitos,
cadáver enajenado
por los pinceles del tiempo,
éxtasis sin esperanza,
metamorfosis de un sueño.
Un cascabel de delitos
con mimbres de verdes céfiros
golpeando, indecoroso,
el pudor de mi intelecto
y no guardé las sonrisas
para prepararme ungüentos.
Voy por techumbres sinuosas
con argucias y silencios,
amante de lo versátil
y con cadenas al cuello.
Sigo cual estatua rubra
sin el hálito soberbio
de una boca con estanques
para mi mundo desértico.
Eres Pigmalión apático,
Soy Galatea sin beso.

Albadiosa


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 08, 2018, 11:20:58
SIRENA

Busco entre caracolas y en la espuma,
por cristales de cielo,
el dorado relumbre de tu pelo
y tu alentar que a las aguas perfuma.

Tus canciones sostienen a mi pluma
en notas de salado terciopelo.
El húmedo sostén de mi desvelo
a mis delirios suma.

Te espero en mi soñar de cada noche,
desnuda de castigos;
entierras entre conchas mis pesares.

Diluyes el acíbar del reproche
con algas por testigos.
Fervoroso ritual el de los mares.

María Bote
12 – 6 - 2014


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 09, 2018, 02:12:00
La Reina de los Octos
(Para mi admirado profe Riky)

Mi estilo libre y sincero
se llena de melodía
cuando pronuncio un te quiero
al escribir poesía.

Quizás no encuente palabras
de un elegante lirismo
y se le obstruyan las abras
al fecundo virtuosismo.

La guarida de mi musa
es un mundo de esplendor
donde no embiste la intrusa
presencia de un impostor.

Por eso un amigo fiel
de gran pluma entre los doctos
propuso con voz de miel
“Eres reina de los octos.”

Gisela Cueto Lacomba
14 de marzo del 2015


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 09, 2018, 02:13:02
Eres gloria, fuego eterno y brujería.

Acaricias mi espalda, acción candente;
y provocas murmullos en tu oído,
espasmo de una imagen sugerente
en ritual inconfeso y atrevido.
 
Conoces mi más cara fantasía
y ronda mi figura en tus antojos.
Hoguera de pasión y brujería,
pecados de matices infrarrojos.
 
Exploras cada parte de mi piel
y, astuto, en el camino enciendes fuego;
pudores en cenizas de papel
escondo en el cajón cuando me entrego.
 
La gloria se disfruta en un instante,
semeja la salud del moribundo;
reside en una cúspide distante
y escapa del esplín en este mundo.

Blanca Amelia Santos
(Wella)
23/Sep/06


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 09, 2018, 02:14:03
NAUTA PERDIDA
(Cobla Catalana)


Senderos de sibilas amapolas
aturden sin respiro mi cordura.
Su mayo, mes de génesis, de amores;
mi otoño convertido en primavera.
Encadenada al mástil de la nave,
me envuelve de las sílfides el canto.
Es el momento de soltar los nudos,
voy dispuesta al desastre por el gozo.

Al fin, acaricié las amapolas
soñadas en mis tramos de cordura.
No sufro por exánimes amores,
mas me rindo a su altiva primavera.
Mi tozudez encallará la nave
en el bronco arrecife de su canto.
Medrosa, desasiendo voy los nudos
para llegar al vórtice del gozo.
     
Rocío tan acerbo de amapolas,   
Vergüenza por la apática cordura,
a sus pies arrojasteis mis amores,
hipérbaton de otoño y primavera.
Rendida, mi respiro está en la nave,   
junto al embaucador runrún del canto.
¡Inútil artimaña de los nudos!
Patética estulticia por el gozo.

Persiste en tu linaje de amapolas.
Déjame con mi resto de cordura.
Construyo un cenotafio a mis amores,
allí sepultaré mi primavera.
Las otras quedarán, como mi nave,
presas del laberinto de tu canto;
hendiste sueños, vil desatanudos.
Vomito la memoria de aquel gozo.   

mariaValente


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 09, 2018, 02:15:26

Irene

   
INOCENCIA

INOCENCIA: FLASH BACK

“ Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla”
Antonio Machado                   





RETORNO

Después de varios lustros inmerso en la marabunta de la vida, regresé. La brisa invernal besaba mi cara al penetrar en la casa. El crujido de mis pasos contrastaba con su silencio. Hueca, tras la muerte de mi madre, aún creía percibir avalanchas de risas y sollozos. Arrugué mi nariz ante el inconfundible olor de aspidistras y aureolas que, todavía, adornaban un pasillo abierto a gélidos dormitorios. Al apoyarme contra las desconchadas paredes, casi me confundí con los olores de la  cocina de otros tiempos. Allí se entremezclaban cuentos, sabores y el chispear  de una hoguera casi dormida. De  golpe, acaricié el mundo del corral, donde violines de antiguas aves amortiguaron mi tristeza. Luego, mi olfato me lanzó hacia lejanas rosas, y en ese momento sentí el corazón de mi infancia perdida .

AÑORANZAS

 No podía concebirlo. Aquello supuso el final de un sueño: el de mi infancia.
  Era muy niña cuando vi cómo el sol de una baranda se deshacía en mi retina, mientras mi boca saboreaba el queso duro del terrazo. Todo era inmenso, hasta la música de los periquitos del patio. Un palacio encantado me acunaba a través de peldaños hacia una estancia sobria. En ella, el crujido de las sillas se mezclaba con el calor del picón junto a unas retahílas de ríos y tablas de multiplicar. Se punteaban letras y números en una sábana negra llamada pizarra. El suplicio comenzaba por la tarde: tela, aguja e hilo enredaban mis dedos. Entonces me acoplaba en la ventana para observar la destartalada casa de enfrente. Allí, fantasmas y monstruos intentaban asaltar el palacio de nuestras ninfas. Un día consiguieron extender su manto putrefacto. El brillo de nuestra mansión fue sustituido por inverosímiles cotilleos que condujeron a nuestras dos hadas a perder la vara mágica de la enseñanza, y a nosotros a embutirnos en el laberinto frío y oscuro de nuestra nueva escuela.


ANGÉLICA

   El acento del arroyo trae murmullos; el de los rostros, el significado de un nombre o su antídoto. Angélica era el único caso donde convivían ambas opciones.
  Sus ojos de amaneceres, unidos a la blancura de su piel y al sol de los rizos de su cabello, la convertían en una visión dulce. Tales atributos se oscurecían al moverse por nuestra isla sin asfalto.
  Era nuestra infancia un soplo de sombras deshilachadas cuando ella, como un regalo del cielo, apareció. Cubrió la tristeza con la magia de los sueños, al paliar los fríos de nuestras vidas.
 Su madre, una viuda aún bonita, perdonaba sus travesuras diciendo: “Vuela, pajarillo, mientras puedas”.
 Al calor de estas palabras deambulábamos sin sobresaltos por nuestro reino. Por la tarde, tras salir del colegio, comenzaba el recorrido. Primero visitábamos el taller de Arácnida, cuya mirada se desvanecía entre nuestras idas y su costura. De allí hurtábamos alfileres y retales para construir un mundo donde poder escucharnos.
    Luego, traspasábamos los gemidos del aire en el refugio del  hada madrina, donde ella nos conseguía con su varita mágica tablas y puntas. Últimamente, sufría un maligno conjuro que la obligaba a zarandearnos con su escoba. El cambio se produjo cuando Angélica grabó en la frente de su nieto una brecha.
   Más tarde nos dirigíamos a la cueva de nuestra esfinge. Allí, a escondidas,  observábamos cómo una hembra dominaba a toda clase de hombres con su libertad.
   El tiempo transcurría entre andanzas y juegos, lejos del triste hábito de las calles.
  Un día, Angélica agudizó sus sentidos hacia la casona, lugar tenebroso y cerrado, razón por la cual siempre pasábamos de largo. Era tarde, una ventana abierta nos ofrecía objetos maravillosos. Angélica, al contemplarlos. murmuró:
   “Las cosas están enojadas, algo malo debe de ocurrir. Los cuentos hablan de princesas cautivas por dragones. Nosotros, valientes soldados, las rescataremos”.
   El sonido de su voz nos descolocó, el olor de aventura nos puso a sus órdenes. Desde entonces, acechábamos cualquier descuido de sus habitantes para introducirnos en el palacete. Un domingo, al dirigirnos a misa, descubrimos una abertura. Olvidamos nuestros deberes y comenzamos a cavilar sobre la forma de penetrar en sus fauces. Angélica cogió a su paje y lo introdujo en un patíbulo de hierros. El cuerpo pasó, la cabeza se quedó enganchada. La niña lloraba, un cancerbero nos lanzó sus gruñidos:
   “Angélica, eres un demonio, de ésta no te libras. Verás cuando se entere tu tío, el capitán falangista. Don José, el cura, lo tiene al tanto de todas tus fechorías. Esta vez te has pasado al ultrajar los aposentos de Doña Ana, santa mujer, cuya morada será el cetro de Dios”.
   Corrimos al escuchar el colérico canto. Al advertir la pérdida de la pequeña Julia, Angélica decidió volver, yo también.
  Al llegar, nos hundimos en el silencio de un portón entreabierto. Entramos, el invierno se introdujo en nuestras entrañas. La madre de Angélica, de rodillas, le lloraba a Doña Ana con una súplica:
 “¡No!, ¡a ella no!, ¡ya me dejasteis sin marido!, ¡no os llevéis también a Angélica!”.
  “Lo sacrificamos por el bien de todos: era rojo. Debes ser valiente como el capitán lo fue al eliminar a su hermano. Angélica lleva sus genes, se perderá, con mi ayuda apagaré las alas de un corazón tan abrasador”.
 Por primera vez vimos el hilo del humo picotear la lluvia.
 Angélica se fue hacia su madre, la levantó con cariño y susurró:
  “Vamos, mamá, ya es hora de volver a casa”.
  Un movimiento de Doña Ana interrumpió la escena. Don José y el capitán aferraron a Angélica y la transportaron al interior. La bruja nos expulsó de la siniestra mansión, y nos dejó a la viuda,  su hija pequeña y a mí aporreando una puerta cerrada. Agotadas, regresamos. Yo seguí con la fuga de nuestro Peter Pan, mas los sustantivos perdían sus arrebatos ante nuevas nubes. Poco a poco dejé de contar estrellas; sin embargo, las praderas reflejaban a nuestra heroína con nuevos vocablos. Éstos se fijaron hasta abrir las brechas de un nuevo futuro.
     
   


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Marzo 09, 2018, 02:16:54
Calendo Griego
Metafóric@



Las mariposas azules

Las mariposas cubren el camino,
tapan atroces púas en las piedras,
revisten viejos muros del destino     
donde se aturden áfonas las hiedras.

Apaciguan el frío de la muerte,
mantón suave de flores y esperanzas,
acróbatas bailando a nuestra suerte
consuelo existencial, desnudas danzas.

No las espantes. Su canción, El día,     
es cascada perpetua, azul, sonora,
vertiendo sobre mármol su sangría.

Nutren la eternidad devoradora
royendo odio, amor, melancolía,
en incesante ritmo, cada hora.


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 11, 2018, 01:38:00
ojaldeb

   
   
atardecer bonito



sueños de golondrinas estampándose
contra los soles
de las ventanas
                        —el sólido asfalto—

una insiste en su vuelo


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 11, 2018, 01:44:31
carende

   
   
SIGO A LA ESPERA


LARGA ESPERA

El  espumillón se destiñe  cuando las horas y los días van deslizándose a un compás  lento y vacio, sin nuevas.
No quedarán regazadas las ausencias en el  año que termina; por el contrario, seguirá vagando la languidez silenciosa  que hostiga la armonía  y encona el alma.
Continúan los regalos bajo el árbol de navidad con sus  nombres escritos con ilusión y mimo. Permanece iluminado muchos días después de pasar las  fiestas; muestra de un  hálito de esperanza, o quizás, de querer forzar a que se cumplan los deseos. Sin embargo, se filtra por las rendijas la visión del encuentro con el hijo esperado. El  desánimo arrogante se hace eco por todo el hogar.
Voy empacando los besos con toda tristeza al igual que los adornos, y, con cada uno que descuelgo, se produce en mi pecho un desgarro.
Ni la distancia  ni el transcurrir taciturno de los días merma las ansias  de tenerlo conmigo; ni el miedo enquistado en el momento de su marcha a ese país  ignoto y lejano.
En el mismo instante que  el avión despegaba, sentí que se apresaban mis manos y su arrullo se deshacía hilo a hilo ante la sangre de mis pies helados porque pensaba, ¿y si me necesitara?
A veces,  sonrío con los ojos cerrados  e imagino  un susurro  en forma de canto que dice: madre, tu hijo por el camino viene con el suspiro apretado, con el corazón de semillas florecido y dulces brotes que  entregar a sus padres. Inhala un puñado de su tierra  como si de una rosa se tratara. Y su aliento  acelerado va abrazando a sus gentes, cual destellos de ensoñaciones. Ya brilla mi sol sobre los cerros;  los patos en el agua mansa se refrescan, vienen  contentos de llevar al río abierto, para siempre,  mi pena.

 


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 11, 2018, 01:52:01
Verde perdido
 
Verdor de primavera ya perdido,
aquel que fuese verde lujurioso
se vuelve sucio ocre desvaído.
 
Días ardientes del amor gozoso,
las rosas concertaban primavera,
cual Vivaldi en sonido primoroso.
 
El frío llega con la ventolera,
la hoja se abandona ya a su suerte
y en su inútil agarre desespera.
 
Hojas caídas que en su breve muerte
se llevan otro año en su extravío,
juegos del viento son, un sueño inerte.
 
                                            Nardy
14-10-05


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 11, 2018, 01:57:33
   
La tentación muere en el estanque vestida de morado

Cuenta la leyenda que en un lugar de Inglaterra, en su vasta historia de latidos ancestrales, los lotos son sabios, y muy blancos, de lino venturoso, cambian a color morado, al intuir traiciones cerca del estanque donde posan sus espíritus. Tanto es así que lady Camille, mujer de clara conciencia y alta condición social, vivía en la Inglaterra victoriana en una mansión donde Flora caprichosa dió forma a la belleza en su pasión aquiesciente con las rosas. Aún se percibe su brisa en el corredor acristalado que da a las escaleras de un mármol altivo y distante, escalinata donde los retratos de sus antepasados nos miran con ilustre lentitud.  Esta dama sólo se conmovía por las risas bulliciosas de las mujeres que habitan la casona, su perfume iba a enredarse a los serenos tilos, donde cada día, a su rubia sombra, disfrutaban del té en un ritual casi sagrado.
 Lady Camille era una mujer de hondos secretos, poco tiempo atrás, la presentaron en sociedad, en uno de los salones átavicos de la casa; no mostró jamás el menor rasgo de frivolidad,  su brillantez, la hacía merecedora de todas las miradas de la corte.Y, sin embargo su carácter se volvía meditabundo y huidizo y era poseída por una extraña maldición.
Este hecho, que no pasó desapercibido a sus hermanas,  acrecentaba su fuerza en noches de luna llena, cuando el sudor de los narcisos se hace irrespirable en aquel largo y cálido verano.
Un antiguo misterio se preñó en sus entrañas, envuelto en la placenta del pesar, convirtiéndola en un ser frío y oscuro.En un resplandor fijo, interminable, deja caer su melancolía en el estanque de los lotos, donde se iba a refugiar cada vez que le era imposible conciliar el sueño. Una de esas noches, cuando las luces van a dormir al  collar violeta del último crepúsculo, y reinaban las tinieblas, el tiempo se arruga sobre su rostro, pálido y trémulo, en el azul de sus pupilas, y se pudo ver la silueta de un caballero vestido de terciopelo y capa negra azabache que brillaba en la oscuridad.
No había salido  de sus sueños, era Lord Chartell, descendiente del rey Arturo y su prometido, el cual, sintiendo la tristeza de su amada, fue en su busqueda atravesando los muros del jardín. La deseó con una violenta insolencia, los dos amantes se fundieron en un abrazo ancho, como los acrecentados ríos de Babilonia. El gorjeo de la alondra les envió una mirada suplicante y Lady Camille fue recorrida por un intenso escalofrío, trayéndole a la mente el pacto de la vieja profecía. Su abrazo era un enigma que no sabía descifrar, no contaba con el oráculo que la salvase. Su padre, el día de su bautizo en el patio de los olivos, los que elevan sus plegarias a los dioses, con sus ramas extendidas hacia el cielo,  la encomendó a las esferas celestes como tributo, no había de quebrantar tal alianza.
Era necesario que ingresara en la solitaria celda de un convento, situado en la cima de la colina, donde los dioses van a jugar con sus doncellas, a sembrar lilas en las tumbas de sus madres, entre las perfumadas hierbas, allí salvaría el honor que las altas estrellas quisieron arrebatar a su anciano padre, de largas barbas muy blancas y ojos rojizos, espejo del llanto incendiado por sus lágrimas al comprometer la felicidad de su hija.
Este pacto equilibraba el orden.
Hubo de renunciar a su amor, en esta víspera que no será la última de todas las batallas de los dioses, donde expían las tentaciones y pecados de los mortales en un fragor idéntico al del trueno.
Desde entonces, se dice que en el estanque de La Mansión de los Tilos, los lotos cambian el color de sus pétalos a morado cuando, en el otear del horizonte, hace su presencia vestida de terciopelo negro, la traición.
 
Mª  Antonia



Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 11, 2018, 02:10:23
CIELO IGNOTO


Cuánta tristura me impondrá la vida.
Cuántos envites sufriré en silencio.
Mófase el sino con flagrante inri.
Llora mi pecho.
 
Lastra mis hombros la espernible cruz:
cuitas, dolores de un ayer sangrante.
Sufre mi espíritu al quererte tanto.
Dagas mordaces
 
Vuelan fragmentos de utopías tontas,
nimios despojos que reclama el norte.
Plúmbeas nubes me dejó tu ausencia.
Cantos sin voces.
 
Vuelas, alondra, por un cielo ignoto,
 huyes del campo donde fuimos juntos,
almas amantes en entrega ardiente.
Sigue tu rumbo.


Raúl Valdez

06/12/2010


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 11, 2018, 02:21:36
Alpha_Centaury

VIAJE, CON PARADAS, A UN FUGAZ DESENLACE:

PAPÁ. Fue muy linda mi despedida de papá. Él piensa que soy un imbécil, que esa chica no merece la pena, que ninguna mujer merece la pena. Yo sólo sé que estoy enamorado. Sin embargo, siento que mi padre y yo tenemos mucho en común.

HUMILDAD. Sé que soy de origen humilde, que la sociedad piensa que no valgo nada, pero ¡juro que me respetarán!

NAVAJAS. Antes de salir, tomé prestadas dos navajas. A ver si tienen huevos de atracarme.

AMOR. Mil veces amé antes y mil veces amaré después, pero nunca tanto como ahora… ella también me querría, sí, ¡me querría! si no hubiera tantos kilómetros por medio…

DINERO. Este verano gané un dinerillo recogiendo la mierda de otros. Ahora que otros recojan la mía.

MAMÁ. No quiere a papá ni a mí tampoco. Nos abandonó. Es la típica mujer que no vale la pena. Una mujer como Dios manda siempre debe permanecer leal a su esposo y a sus hijos.

AMISTAD. También estoy muy decepcionado de mis amigos. Los amigos deben ser de fiar. Deben estar ahí cuando uno los necesita. Si un amigo no está cuando lo necesito, no es amigo mío. Y tal y como están las cosas, he llegado a la conclusión de que no tengo amigos.

COBARDE. No saber luchar por lo que se quiere es de cobardes. Por eso siempre he luchado y la mayor parte de las veces me he salido con la mía. Y cuando sufro, no permito que nadie vea mi dolor. Y nadie me verá llorar en la estación.

VIAJE. No llevo maletas. Tampoco importa. Sólo un bocadillo y un par de latas de refresco para el camino. Procuraré dormir durante el trayecto en autocar. Luego me meteré en cualquier hostal, no me voy a poner exquisito. El dinero está para cosas más importantes. Sonrío, no vendrán a recibirme. Eso es justamente lo que quiero.

FUTURO. Antes soñaba con un título en informática, una bella mujer a mi lado y la compañía de mis amigos. Se acabó el momento de soñar.


DESENLACE:

Una semana después, consiguió degollar al muchacho con quien la que fuera su chica se había enrollado, aunque se quedó con las ganas de darle un escarmiento a esa zorra que le recomendó que no viniera a pelear por ella;  pero la Guardia Civil fue más rápida. Sus antecentes de consumidor de drogas, pandillero agresivo y maltratador de su propia madre jugaron en su contra.  


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 11, 2018, 02:32:06
Erial

   
La espera

No siempre, al mirar por la ventana, pretendo abarcarte,   
en ocasiones busco tu pupila en mí.                                   
Difundo  un  goteo de cuentas  a tus pasos.                   

Aciagas  señales,  no desvíes mi antojo       
y, sin armadura, decidas  obtener  tu destino.
Acudes, ciego, al  sepulcro donde moras.

De las meigas que te prenden, una aguarda a  tu puerta,   
yo, para  ti, continúo remozando la piel. 


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 11, 2018, 02:46:18
Estoy, siempre

Escucho el fuego
de su mirada
distante. Duele.
El desconsuelo
suelta sus alas.
Asoma el puente,

es espejismo.
Nuestras raíces
en el abismo,

solo silencio;
roba mis lágrimas
de madre. Emergen
huellas, recuerdos;
sangre del alma.
Contigo siempre.


Liliana Valido


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 11, 2018, 02:54:05
Dage

   
   


        A BORGES


   Vivo en una vorágine fantástica
   rica en rosas, en tigres y en espejos.
   Adoro tus escritos, algo viejos,
   de verdad y ficción en mezcla plástica.
   
   Te dedico tu forma predilecta
   a falta de mejores homenajes,
   Pues no sé de los vikings sus lenguajes,
   utilizo tu habla circunspecta.

   Al poco de cumplidos diecinueve
   me fascinó "El Aleph", ese relato
   donde advertí, confuso,mi retrato
   inmerso entre lo místico y lo aleve.

   Hoy, tu último antojo está incumplido,
   te guarda la memoria, no el olvido.


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 11, 2018, 04:17:51
Mac de la Torre

   
El No Poeta

Pertinaz e infame hado
yo resisto tu señuelo,
¡arruina ya  mi desvelo!
Ojos en surco tostado.

Sintiéndome ruin bagazo
confina mi juicio al diestro,
si no conozco maestro,
de sabias letras ni trazo.

Como navío varado
soles conté con recelo,
cogí la pluma del suelo
en tregua con el tarado.

Arrogante, afloja el mazo,
raspa mi rostro siniestro,
tan rico convite vuestro
naciente de un novel lazo.

El guardián sutil y osado
me mostró radiante al cielo,
mira al frente con anhelo,
concluirás  roto y cansado.

Frunció la tinta un abrazo
esclava de lo que muestro,
terminé con mi secuestro;
oda libre en mi regazo.


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 11, 2018, 04:46:22
altabix
   
Monologos del vino




 
—¿Vives aquí?—. Le pregunté,  pensé que sería familiar del propietario.
Se limitó a mirarme, sin sonreír siquiera. Entendí que mi pregunta le molestaba y callé.
Siempre callo y guardo silencio, hay quienes no se amedrentan e insisten hasta alcanzar lo que ansían; siempre envidié a los de esa clase.
Pensé.
—Qué demonios, no me matará si me hago el pesado,  a lo sumo no me contestará, de modo que insistiré—.  Mi curiosidad es un vicio que me come la carne.
—¿Eres familia del propietario?.
Ella secaba unos platos con un paño,  levantó la mirada, hizo un gesto, encogiéndose de hombros,  el gesto que  normalmente,  usamos para dar a entender que  desconocemos algo.
Me quedé observándola, su estatura no superaba el metro  medio, gordita, sus pechos eran carnosos, tersos y se asomaban por el escote de la camiseta de tirantes.
Debí de ser demasiado descarado, ella se puso frente a mí y me preguntó.
—¿Así mejor?.
—¿Como?.  No entendí así de pronto, pero me di cuenta a los pocos segundos.
Ella rió y se fue.
—Perdona si te he molestado—. Una disculpa era lo más adecuado.
—No tiene importancia—.
—¿Cómo te llamas?—. Intentaba que de algún modo, se pudiera abrir un hueco, por donde pasara algo de conexión entre ambos.
Pero ella se mantenía distante, en silencio, sin querer tomar ese contacto.
Desistí y me limité a disfrutar del café.
Al poco tiempo entró La Señora,  se apoyaba en un bastón negro de madera.  Lentamente, se desplazaba por el local, hasta que ese acercó a una mesa;  la muchacha,  al verla entrar,  salió de detrás de la barra y  fue a su encuentro  ayudándola a sentarse, entonces la vi sonreír,  había mucha familiaridad entre ellas.
Durante unos segundos se quedaron mirándome, no sé de qué hablaban, pero  me molestó que quizá estuvieran hablando de mí.
Regresó sonriendo a su labor tras la barra y  me miró.
—Me puedes llamar Ashar.
—Qué exótico—dije sonriéndole.—.Es un nombre extranjero, ¿verdad?
—Sí.
Había cambiado de actitud,  tras haber hablado con La Señora.
Ahora me miraba y parecía querer estudiarme, me observaba con amabilidad y yo miré a La Señora,  que estaba ausente de la situación;  pero algo le dijo en relación a mí, estoy seguro.
Se acercó hasta donde yo estaba y me dijo.
—Ya me han contado alguna cosa de ti, pero poco, eres más bien reservado.
—No soy muy hablador.
—Ya veo,  has cerrado con cuatro palabras  una conversación.
—No sabría qué contarte—  le dije—.No hago nada que tenga el suficiente interés como para ser contado.
—Para ser contado quizá no—  sus ojos, vivos y penetrantes, me preguntaban —.¿Y no sientes nada?.
Hubo unos segundos silenciosos en que nos mirábamos,  ella sopesaba si continuar o no; ,Hubo unos segundos silenciosos en que nos mirábamos,  ella sopesaba si continuar o no; yo temí que que mi torpeza,  hubiera estropeado el momento de conocerla más.
—¿Te puedo preguntar algo?—. Le dije.
—Claro.
—¿Quién es?— me giré para mirar a La Señora.
—Es una clienta de siempre,  desde que abrió este local.
—¿Y tú llevas mucho tiempo trabajando en este bar?
—Llevo toda mi vida aquí.
—¿Eres hija del propietario?
—No, pero llevo tiempo, mucho tiempo.
Dejó lo que tenía entre las manos, cogió las mías;  no sin sorpresa por mi parte.
—Para ser un hombre callado...haces muchas preguntas.
Pensé que ya lo había estropeado, que mi curiosidad había traspasado algún misterioso límite.
—Espero no haberte molestado.
—No, no te apures.
Quitó mi taza de café y la cambió por una copa.
—Voy a ponerte otra cosa.
Sacó de debajo del mostrador una botella de vino, vertió en la copa una pequeña cantidad.
—Me gusta hablar con hombres, a los que les gusta el vino, pruébalo.
—No tengo costumbre de tomar alcohol.
— Pruébalo, está muy sabroso.
Insistió amablemente y me fue imposible rechazar su invitación, tomé un sorbo pequeño, ciertamente era sabroso, algo áspero al principio, pero se transformaba en una combinación de sabores muy agradable.
—¿Te ha gustado?
—Está muy rico, sí.
Ella sonrió.
—Si se te sube a la cabeza... no hagas locuras.
¿El efecto del vino?, no lo sé,  pero le sonreí feliz y relajado,  al ver que ella sonreía;   amistosa y receptiva,   pensé que las puertas del paraíso  se abrían para mí.
Sólo la llegada de Dos Batallas, provocó un momento de distracción.
Dos Batallas nos miró ausente,  pero no indiferente, ...no sabría decir de qué manera.
—Llegarás tarde a casa — me dijo.
—No hay cuidado, está vacía.
Terminé la copa de vino y ella volvió a llenarlo
—¿Nunca has amado?
—¿Amar a alguien?.
—Sí.
—Por supuesto, pero ya hace mucho tiempo y  desde entonces,  no he sentido la necesidad de la cercanía de nadie.
—Me cuesta creerlo.
Ashar  aterciopelaba su voz,  a medida que la conversación se alargaba;  de pronto  sentí  rechazo hacia ella,  era evidente que quería penetrar en mis sentimientos y conocer incluso, lo que yo a mí mismo me vetaba.
—¿Qué te ocurre?—dijo —. Relájate.
Su mano derecha sobre mi mejilla y la calidez de su voz,  me deslizaron a la profundidad de sus ojos.
Ansiaba besarla,  sentí en  un apasionado deseo de invadir su cuerpo, de abrazarla y pegarme a su piel.
Nunca había sentido una obsesión tan febril y desequilibrada.
Ella salió de detrás de la barra, a atender a otros clientes.
Allí sentado en aquel taburete alto, estaba yo, nervioso y desorientado .  ¿Qué se  supone que ha de hacer uno  en estas circunstancias?
¿Y qué era de aquella muchacha hostil y estúpida de la última vez,  cuando le pregunté alguna cosa?
No era una novedad en mí el deseo, hace muchos años esa ansiedad inundó mi mente durante mucho tiempo,  pero fui capaz de soportarla sin atenderla, no deseaba vivir ligado a nadie ni a nada,  aprendí a despegarme del deseo, a desentenderme de las pasiones humanas más comunes.
Mi casa hoy está vacía, mi vida igual que mi casa;  es un espacio sin contenido,  existencia tan sólo sin pasión ni deseos, sin lugar concreto a donde ir.
El desapego me privó de la voluntad, mi existencia minimalista no precisaba otra cosa.
Pero en ese momento, sentado en aquella barra de bar,  me sentía roto.
Aquel maldito vino, aquellos ojos de Ashar,  que con seguridad jugaban y se divertían a mi costa.
Odiosa muchacha. ¿Qué pretendía con ese juego?.
Al regresar Ashar a la barra, se detuvo detrás de mí.
—¿Estás bien?
—Si— respondí con tono malhumorado.
—No, no lo estás — ella seguía mostrándose amable, puso sus manos en mi espalda.
—No te muevas —me dijo —, estas muy tenso—.
—Será el vino.
—No, no lo es — sus manos tocaron mi espalda y paseaban por ella, —no quiero que te muevas.
—He de irme.
Pero ella completó sus caricias con un abrazo, podía sentir su cuerpo pegado a mi espalda y sus manos aferrándose a mi pecho.
Me sentí sofocado y dubitativo, en lugar de girarme y optar por irme o abrazarla, estaba quieto y desconcertado.
—Te daré lo que deseas —me dijo.
Ni siquiera pensaba  en el resto de clientes, que estarían observando aquello;  pero con seguridad,  estarían indiferentes a lo que allí ocurría.
—Tú no sabes lo que yo deseo —le dije mientras tomaba un nuevo sorbo de aquel vino.
—Sí que lo sé.
—No, he de irme —contesté tajante.
Ella me soltó y se apartó, dejándome el espacio necesario, para poder ponerme en pie y salir tambaleandome del local.
Al salir miré a La Señora,  ella me miró apenas un segundo, luego desvió su mirada hacia Ashar.
Pero no me fijé en más detalles, necesitaba salir de allí.
Estaba equivocado,  porque ella si sabía lo que yo deseaba.
Vivir el arrebato del deseo, dejarme poseer por el goce de perseguir un anhelo...
Ella, como si de un ejército que poderoso,  hubiera asaltado  mis lineas defensivas  dejándolas  destrozadas  y exiguas,  me dejó huir, sabedora de que su presa iba  herida sin remedio y que buscaría la cura,  precisamente,  en sus propios brazos.
Durante las semanas siguientes,  viví recordando aquel día y tocando mi herida siempre abierta, sin ser capaz de cicatrizarla, porque mi atención y mi voluntad eran para ella. Ashar.
El trabajo se me hizo imposible,  eché en falta tener vida social, amigos  con quien poder compartir momentos de pequeños e inocentes placeres  que desviaran mi atención de aquella obsesiva presencia, deseé haber cultivado alguna actividad de ocio personal.
El vacío del que yo mismo me rodeé, cultivado voluntariamente y con esmero, era ahora un aliado del monstruo que Ashar había despertado en mí.
Mi casa perdió el orden acostumbrado,  salía ansiosamente a las calles a buscar otros brazos, aunque fuera pagándolos.
Pero otros ojos mercenarios no saciaban mi deseo y me consumía   inútilmente;  el tacto de Ashar no era imitable,  no se trataba de roce de cuerpos,  era algo más profundo e intenso,  necesitaba que hubiera algo más y yo no sabía identificarlo.
Dejé el trabajo,  incapaz de someterme al rigor del esfuerzo y la concentración,   levantarme de la cama por las mañanas,  empezó a requerir un esfuerzo titánico.
Y una  mañana me miré en el espejo y vi a un espectro;  admití mi derrota y decidí regresar a la taberna.
Me sentía aliviado durante el trayecto, al llegar aparqué mi vehículo y miré el edificio.
Yo ahora no era aquel que lo visitó la última vez,  ahora buscaba su amparo;  en aquel lugar buscaría sanación a mi dolor.
 Recordé las palabras que me dijo aquel otro cliente, al inicio de frecuentar este bar.
—Aquí todos nos detenemos porque ya algo nos trae, o nosotros mismos  hemos decidido detenernos.
Ahora era yo  quien se entregaba el amparo de aquella vieja casona,  como si en lugar de ladrillos y piedra, fuera la cabeza disimulada de una bestia depredadora.
Al acercarme a la fachada del edificio, casi podía escuchar la respiración de las paredes.
Ashar no estaba, pregunté por ella al tabernero, pero no me dio respuesta.
Quedé esperándola y no tengo ni idea del tiempo que pasó.
Una de las puertas que comunicaba el bar con el edificio se abrió y  vi salir a Dos Batallas, haciendo señas a otro para que le siguiera.
El tabernero me avisó de que ya era la hora de cerrar,  entró también por aquella puerta y me quedé sólo en el interior,  me sorprendió que el propietario,  tras avisarme del cierre,  no esperara a que yo abandonara el local, quedándome a solas en su interior.
Mi curiosidad me levantó de la silla,  sentía interés por saber adónde habían ido todos.
La puerta estaba abierta, sujeta por un mecanismo  anclado en su parte alta.
Escuchaba las voces,  pero no veía a nadie, porque aparte de la penumbra, la puerta daba a unas escaleras,  por las que habrían descendido todos.
Quise acercarme aún más, pero en  mi deseo de curiosear,  no me di cuenta de que rocé la puerta;  lo suficiente  como para desbloquear el mecanismo que la mantenía abierta, cerrándose tras de mí.
Volví para abrirla pero era imposible,  no había manivela; en su lugar,  una cerradura.
De modo que solo podía esperar allí en la oscuridad o bajar las escaleras e improvisar alguna excusa, en el caso más que probable  de que me preguntaran la razón de mi presencia allí.
Las escaleras conducían a un pasillo alargado y estrecho,  iluminado con dos velas tan solo,  de modo que más que iluminación, había dos referencias luminosas.
Yo avanzaba a través de la oscuridad,  tanteando con las manos las paredes del pasillo, había algunas puertas pero el rumor procedía del fondo.
No sabía qué podría decirles, mi intromisión era imperdonable, esperaba que el pasillo pudiera conducir a otras escaleras a través de las cuales pudiera salir al exterior, pero el pasillo se cerraba al llegar al fondo,  allí mismo,  en donde terminaba el oscuro túnel, estaba la puerta a través de la cual se podían escuchar las voces mezcladas de todos ellos.
Me detuve al llegar, pero la presión de una mano en mi espalda me empujó hacia adelante.
—Abrid —dijo quien estaba tras de mí.
La puerta se abrió y quienquiera que fuese,  me empujó sin violencia hacia adentro.
Temí reproches y enfados por mi presencia en aquel lugar, pero nada de eso ocurrió.
  Se trataba de una cueva cuadrada excavada en la tierra y sin apenas iluminación, tan sólo unas velas;  una en cada pared de la pequeña gruta y dos velas más, una negra y otra blanca, juntas y encima de una gran piedra, junto a la pared del fondo de la estancia.
Entre aquella gran piedra y el resto de personas presentes, había alguien de pequeña estatura, cubierto con una túnica con capucha, dándonos la espalda.
Era una mujer y cuando escuché su voz, la identifiqué inmediatamente.
Era Ashar. Portaba en su mano derecha un bastón con el que golpeaba el suelo, mientras que con una espada en su mano izquierda, apuntaba a cada  vela colocada en las paredes.
Iba girando en el sentido opuesto al de  las agujas del reloj, pronunciando palabras ininteligibles,  cuando su vuelta  alcanzó  los ciento ochenta grados,   vi sus ojos y estaba hermosa;  extraordinariamente hermosa,  dotada de una belleza inefable.
Su cuerpo estaba desnudo,  tan solo  cubierta por la capa de la túnica y la capucha.
No sé si se percató de mi presencia, no sé si en ese momento se dio cuenta de que yo estaba allí. Ella continuó hasta completar una vuelta sobre sí misma con pequeños intervalos de 90 grados,  en los cuales golpeaba el suelo pronunciando palabras que yo no sabría repetir.
Sin habérmelo propuesto,  me había colado en una extraña ceremonia,  hubría querido abandonarla, pero no podía,  no quería llamar más la atención y provocar alguna reacción negativa por parte de alguien, de modo que me quedé allí, esperando a ver cómo se desarrollaba todo.
Pero mi desazón  se vio alterada aún más.
Ashar sacó una paloma de debajo de un paño negro,  la mostró a todos y tras unas frases, puso el ave encima de la piedra y  apuñaló al animal, los plumones de la paloma se tiñeron de rojo, sangre que ella recogió vertiéndola en una copa.

Ashar  mostró a todos la copa con el contenido sangriento y  acercándosela a los labios sorbió de ella.
Luego  se fue acercando a cada uno de los presentes,  dándoles a beber el contenido.
Supe que no podría librarme, que llegaría a mí y que extendería sus brazos,  para ofrecerme  aquel Cáliz de muerte. ¿Podría negarme?  La nausea y el temor, el asco y el miedo me estaban desconcertando demasiado.
Pero también supe  que la tendría a unos pocos centímetros de mí, que me reconocería y me miraría; me miraría, para mayor felicidad mía,  ella me miraría.
Así fue como  llegó a donde yo estaba y ciertamente me reconoció, lo supe inmediatamente, extendió sus brazos y sólo me dijo:
—Bebe.
Tardé algo de tiempo en reaccionar,  porque el asco me impedía coger la copa.
—Bebe— repitió.
No podía defraudarla, bebiendo podría expresarle como de ninguna otra manera,  mi devoción hacia ella.
Saqué  valor  y tomé la copa, ella no la soltaba, de modo que mis manos acercaron a mis labios el borde del recipiente,  cogiendo a la vez las manos de Ashar.
Al soltar la copa,  supe que ya nada sería como antes.
Acabada la ceremonia,  nadie me hizo comentario alguno  acerca de mi presencia allí.
Ya más tranquilo  me disponía a salir junto al resto de asistentes;  pero entonces, una mano por detrás de mí sujetó mi hombro.
El oscuro pasillo se vaciaba, me giré y era ella. Ashar.
No podría narrar la emoción, felicidad y delirio que aquello me produjo, ella era quien me retenía,  sin embargo no supe reacionar, paralizado, solo supe sonreír.
—Ven.
Cogió mi mano y me dejé llevar,  igual que un niño sigue a un adulto que le guía.
—Te dije que te daría lo que buscas,  ¿recuerdas?
—Lo recuerdo.
—Me dijiste que yo no sabía lo que querías, pero estabas equivocado; al final te diste cuenta.
No había reproche en su voz ni altivez alguna, era toda dulzura y comprensión, me guiaba y me miraba, avanzábamos por oscuros pasillos, que de no ser porque ella los conocía, habría sido muy difícil caminar por allí, el suelo no era liso y las paredes  parecían haber sido horadadas a golpe de pico, o bien se trataba de cuevas,  pero eran pasillos estrechos; en cualquier caso  no podía soltarme ni lo deseaba, de las manos de Ashar.
Así que me dejé conducir,  temeroso y entusiasmado a la vez,  sin entender nada pero  dispuesto a aceptarlo todo.
—Ahora no temas-, me dijo.
—Contigo no tengo miedo—, le respondí..
De pronto,  comenzaron a escucharse gemidos penosos y gritos y sentí que como unas manos tocaban mis piernas.
—Si ahora decidieras volver atrás, o sintieras arrepentimiento —me dijo—, quedarías en este túnel para siempre.
—¿Qué es esto?—, le pregunté nervioso.
—Aquellos que sintieron miedo o sentimiento de culpa  al avanzar por estos mismos pasillos—dijo—, sigue avanzando o quedate aquí.
—Quiero seguirte.
Se detuvo, abrió una puerta y me introdujo en una sala  iluminada por cientos de velas.
—¿Te gusta?
—Ni siquiera se dónde estoy ni qué es todo esto—  le dije yo, -pero si tú me has traído hasta aquí, eso es lo único que me importa.
—¿Porque regresaste?
—Tú lo sabes mejor que yo—, contesté.
— Pobrecillo, lo has pasado mal, pero ahora tendrás tu recompensa.
Se puso frente a mí, dejando caer al suelo la túnica que llevaba.
Sus brazos rodearon mi cuello.
No me importaba nada, ni el lugar aquel, ni las cosas que sucedieron, ni quién sería ella y los demás, tan sólo me importaba que ella  rodeaba mi cuello con sus brazos.  Y había sido tan fácil lograrlo. No podría explicar...  la  revolución de emociones, de deseo enloquecido.
—No te muevas— me dijo.
¿Cómo no moverme?,  estaba deseando abrazarla,  abarcarla con mis manos y  perderme en ella para siempre.
Pero ella me quería inmóvil,  desnudó mi cuerpo y arrojó la ropa sobre un grupo de velas, que devoraron el tejido como bocas hambrientas.
—No las necesitarás más—me dijo—, estarás siempre conmigo, ¿no es lo que deseas?
—Solo tengo ese deseo—, contesté.
Ashar se transformó en una bestia lasciva y durante mucho tiempo; una y otra vez,   ella gozó de mí y yo con ella.
Mis músculos se fortalecían con cada beso que me daba,  mi piel se erizaba con el contacto de su piel y cada vez que entraba en ella, me sentía desfallecer, para resucitar con un nuevo beso.
Así pasó mucho tiempo, no sé cuánto, pero cuanto más tiempo pasaba más la deseaba.
—He de irme ahora— dijo.
Así puso el punto final a aquello, me acarició el pelo y se levantó del suelo.
—Volveré,  no temas,   espérame aquí hasta que regrese,  no salgas de aquí por nada y esperame.
 Me dio un beso y la vi marcharse, quedé aquí como ella me dijo y aquí la estoy esperando
Me revuelco por el suelo desesperado, pero espero; gritando su nombre, pero la espero, porque ella volverá y me encontrará entregado y dispuesto para ella.
Aunque cada segundo es un grito de desesperación, cada minuto es una nueva laceración, pero no renunciaré a esperarla el tiempo que ella considere; pero tarda demasiado, demasiado, sí.
—¡Ashar!




 




















Altabix


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 11, 2018, 04:51:28
Busqué el amor.

Busqué el amor. Feliz, pasaba alado,
juguete de la mar, y sobre el río
peinándose con gotas de rocío.
Teñía el rostro en pétalo dorado.
 
Llamé al amor. Gentil, encubre, hallado
inmóvil,torpe, al amante vacío.
Terrible, despreciaba el verso mío,
inútil y cruelmente amedrentado.

Cupido vadeó la primavera
dejando lastres hondos de esperanzas
sentir profundo en seres que libera.
 
Quería darte, Amor, mis alabanzas
viviendo con ternura mi quimera.
Sufrí trenzando, con la Muerte, danzas.

Corregido en el foro Metáforas de Diana Gioia y Ricard Monforte.
(c) María Teresa Aláez García. Mayte Aláez. Mtiag.Pernelle.


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 12, 2018, 02:59:46
SUSPIROS Y LÁGRIMAS


Un suspiro sutil,
cual lágrima de aire,
es perfume aromado de dolor.
Es sollozo y caricia sublimada.
Es murmullo que surge por amor.


Si en su trayecto alado
roza a otro suspiro
con delicada esencia en su cendal,
tal vez brote el milagro de la vida
y formen en sus vuelos un panal.


La música que inicia
con ansia los sentires
es la chispa de un fuego de emoción,
en la hoguera que enciende la nostalgia
por amantes tocados de pasión.


Un suspiro sutil,
cual lágrima de aire,
navega por mi piel hacia tu mar,
deseando que intuyas mis anhelos
y afanoso me vengas a colmar.


Candela Martí


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 12, 2018, 03:29:47

   
PALABRAS DE SILENCIOS

Allí en la oblicuidad de nuestra luna,
te dejaré mi amor en cada noche;
los mimos que te debo, las caricias
de mi hondo sentir, las ocurrencias
prendidas en palabras del silencio,
en sutiles encajes de su luz.

El pardo de tus ojos, piel morena,
circula junto a mí con el recuerdo.
Tu mano se entrelaza con la mía
bajo el encanecido parronal
de mis nostalgias.

Al caminar festiva hacia tu encuentro
me vestiré con galas de verano
y fúlgidos colores del estío,
como fuera en mi vida junto a ti.



 (Freya)
Marzo, 10, 2014.


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 12, 2018, 03:37:56
   
Cotidianidades

Cada mañana, la Tristeza camina hacia la tienda, tal y como lo marca la monotonía de su quehacer diario. Llega, se detiene en el mostrador unos segundos, elige con la mirada el mismo producto del día anterior ― ¿o el producto la elige a ella?―, pero antes de completar sus cavilaciones, el encargado de la tienda la interrumpe:
     -¿Lo de siempre?
     -Sí, por favor.
     -Aquí tiene, 2 kilos de Orlando. Que tenga buen día.

     Recibida la mercancía, sale de la tienda y marcha rumbo a su casa. Mientras tanto, va consumiendo el contenido de su paquete con deleite y lentitud.
   
Orlando


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 14, 2018, 01:41:08
Lady Ágata
   
¿O será sólo el calor?

En las últimas horas, un viento gélido del norte nos ha traído el otoño. Los pájaros, atónitos, han cesado de trinar, callan mientras deciden si ha llegado el momento de migrar, posados sobre las ramas del cerezo rosa de mi jardín que aún conserva el verdor de unas hojas que se resisten a morir.

Apenas hace unos días, sofocada por el calor y la pasión desbordada tras una velada de desenfreno en la distancia, me avergonzaba por mi aspecto descompuesto: cubierta de sudor, lágrimas derramadas durante los instantes de éxtasis y fluidos vertidos por mi cuerpo enajenado por el deseo… ¿O era sólo el calor?

A veces pienso que si no encuentro la forma de sofocarlo, de extinguir este fuego viviéndolo junto al hombre que amo, el volcán me consumirá, anihilándome, reduciéndome a cenizas sin esperanza. ¿O será sólo el calor? El calor del verano teórico de los calendarios ingleses que ya abandonó el país sin apenas haber llegado.


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 14, 2018, 01:42:45
Infiel

Encubierto en la cruz de mis pesares
agoniza un rosario por tu ausencia;         
cruel blasón en tu crápula indecencia
al mudar certidumbre por azares.

Buscando conocer todos los mares,
te enrolas en bajeles de insolencia
sucumbiendo, en tu afán e inexperiencia,
ante hoscos bajíos insulares.             

Sojuzgas la virtud de las mujeres
basándote en tu sórdida ignominia,
barniz de tus impúdicos placeres.

Baldón de estupidez y misoginia,
confundes la moral  de Baco y Ceres
cubriendo tu taimada poliginia.

Rosa (20/10/2011)


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 14, 2018, 01:51:13
https://www.metaforas.com.es/diana-gioia/en-minusculas/viajes/

Viajar
Hay quien tiene la maleta abierta y va llenándola poco a poco, yo, como soy de letras, me la hago por escrito días antes de salir de viaje.
Es genial viajar. Me lo enseñó mi madre cuando era muy pequeña, con ella viajaba por Europa, lo de los otros continentes vino después. Sí, he viajado muchísimo y ahora, si no fuera por salir con mi hijo, no se me ocurriría meterme en estos berenjenales. Es que viajar se ha vuelto difícil y mucho más cansado que antes. Sobre todo si no se vive en una ciudad con aeropuerto muy internacional porque previamente hay que coger otro avión o un tren. Cuando te subes al avión de tu destino llevas al coleto un buen montón de horas. El primer taxi, el tren (con su primera cola), el segundo taxi y la segunda cola para las maletas – que puede ser la tercera si tienes que pasar a recoger visado por la oficina del mayorista en el aeropuerto -. Llega la siguiente cola, colísima, para entrar en la zona de embarque, todos rebuscando a ver qué cuerpo del delito se ha quedado olvidado en el fondo del equipaje de mano para echarlo en el depósito dispuesto a tal efecto. Y últimamente un segundo chequeo aleatorio si viajas a Estados Unidos: si tienes la suerte de que te cante la tarjeta de embarque, viene a por ti un policía y se te lleva con tu equipaje de mano para abrirlo todo y registrarte toda todita. Y a esperar hasta la otra cola para subir al avión, donde intentaremos acoplarnos para pasar las ocho o diez horas de vuelo. Ahorro al lector dichas horas, repletas de dolor de piernas, de comida con sabor a plástico y de tedio. Y llegamos. Otra cola para salir del avión, otra para pasar el control y dirigirnos a recoger las maletas, si llegan. Todos mirando el agujero por donde se supone que tienen que salir, ansiosos, preocupados, caray, cuánto tardan. A algunos suertudos les llegan en seguida. Otros esperamos. Y empiezan las cavilaciones, lo que anima es que todavía hay gente esperando: todas no las pueden haber perdido. Pero cuando vamos quedando menos, es cuando llega el miedo, a veces, misterio, quedan solamente varias personas cuyas maletas no llenarían una de las camionetas de reparto. Cuando finalmente se asoman por el agujero, la sensación de placer es indescriptible, qué suerte, no se han perdido. Se cargan en el carrito y se sale al país de vacaciones. Ahora solamente falta encontrar a la persona que lleva el cartel del mayorista, esperar a más turistas del mismo autobús, hacer la cola para subir y mirar por la ventanilla hasta que se llega al hotel de destino. Una vez allí, se hace la última cola del día para registrarse y coger la llave de la habitación, esperar a que suban las maletas e intentar aclararse con los trastos, ya que quienes tienen una larga experiencia de pérdida de maletas, se reparten las cosas con la persona con quien viajan para tener algo que ponerse si se pierde una de las dos. Al final, renuncias a ponerte la crema de las arrugas – a pesar de que tienes una pinta horrible – pasas de lavarte los dientes y, como no encuentras el pijama, y tienes que prepararte la ropa del día siguiente, te dejas caer en la cama después de la ducha como Dios te trajo al mundo. Tienes que dormir, ¿dónde he puesto el diazepan?, porque al día siguiente empiezan las vacaciones.

Diana Gioia

 


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 14, 2018, 02:05:43
Manos ágiles, mentes ponzoñosas,
sepulcros indultados por el miedo,
señaláis al demonio con el dedo
mientras prendéis a Dios cortando rosas.

Lejos de retahílas bondadosas,
prefieren mis palabras el denuedo,
  la teúrgia motriz del desenredo
 al liquidar con lazo a las raposas.

Niebla y luz secretean los delirios
infames de falsarios exegetas,
a la sombra del hambre, Biblia ausente.

Alfa y omega trucan en los cirios
las luces donde vibran los profetas,
aprendices sagaces, soplo ardiente.

augustus


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 14, 2018, 02:21:14
Escala


Colúmpiate en mi aroma,
humedece tu piel en mi sudor,
sentirás la demencia blandiendo tus sentidos.
Escala mi cornisa
escala mis trincheras
escala la aventura.

Colúmpiate en la poma
del árbol que deslumbra en el alcor,
el fruto de los dioses, los placeres prohibidos.
Escala por la brisa
escala mis caderas
escala mi dulzura.

Colúmpiate en la loma
de mis labios absortos de fervor,
desdibuja el pasado, siénteme los latidos.
Escala mi sonrisa
escala las quimeras
escala en mi locura.
   
Albadiosa


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 14, 2018, 02:26:55
NIÑO DE MIEL
(VILLANCICO)

Dulce niño de miel,
bella flor de vergel.

Niño adorado,
mi corazón prendado
de tu hermosura.
Luz de la noche,
sobre paja un derroche
de la ternura.
Blanco y tierno clavel.

Dulce niño de miel,
bella flor de vergel.

La madrugada
fue día en la majada
de los pastores.
Vieron al sol
en tu piel de arrebol,
jardín de amores,
aromado laurel.

Dulce niño de miel,
bella flor de vergel.

Tu madre vela
y el cielo con su estela
cubre tu cuna
de Dios chiquito,
ya te cantan bajito
lucero y luna,
con sones de rabel.

Dulce niño de miel,
bella flor de vergel.

Rey de los cielos,
las aves con sus vuelos
te llevan cantos
de serafines
y nanas de jazmines.
Para tus llantos,
risas de cascabel.

Dulce niño de miel,
bella flor de vergel.

María Bote
Navidad de 2014


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 14, 2018, 02:46:08
Gitano Corazón

Recorro un largo camino
con luz de bosque otoñal,
es un oasis genuino,
refugio sentimental.

Las hojas de mil colores
con la locura  del viento
incitan a los amores,
del  espíritu el sustento.

Pulcra estampa matutina
destructora de fronteras,
la bendición que germina
con las pasiones más fieras.

El otoño siente el brío
del gitano corazón,
con frescura de rocío
siente una nueva emoción.

Gisela Cueto Lacomba
8 de noviembre del 2016


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 14, 2018, 03:14:14
Wella
   
Penitentes


En plenilunio eterno de ensoñación y encanto,
al despertar, de pronto, desmoroné la calma.
Desde la insomne alcoba, nido de pena y llanto,
una inquietud sombría sobrecogió mi alma.

En el momento infame de discernir la ausencia,
por el motivo absurdo de su inmoral fortuna,
entumecida, inerme sacrifiqué mi esencia
y reflejó la noche con plenitud la luna.

¿Existirá en los altos y bendecidos cielos
aquel perdón sublime, la gratitud del justo?
¿Se aplica penitencia a quien destruye anhelos,
si el responsable ahora es el destino adusto?

Bajo las nubes grises, mi soledad es roble,
la magnitud de un rayo difuminó el escombro;
en la ceniza, sombras. De la mirada noble,
desaparecen restos de frenesí y asombro.

Mayo de 2009


Título: Re: Marzo 2018
Publicado por: María Teresa Inés Aláez García en Abril 14, 2018, 04:06:40
   
INSISTENCIA

Me cortaron las venas con caricias
tus dedos de cristal,
mi piel exudó sangre
al roce de tu boca condenada.

Aún resistirás en mi obsesión,
misterios de una entrega.
Abrazada a mis culpas
como silentes y agostados lirios.

Tu magistral promesa de partir,
un lúgubre propósito
de intelecto borgiano.
Si me matas, igual te esperaré.   

MariaValente